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El eco
Ahora resulta, gran noticia, que se descubren pobreza?y hambre extremas, pero agravadas. ¿Qué nos pasa? ¿En qué fallamos? ¿Cómo le hacemos?
Concluyo con algunos temas tratados por Eduardo Suárez, secretario de Hacienda de 1934 a 1940, en su libro Comentarios y recuerdos.
El gobierno estadounidense designó al entonces joven Nelson Rockefeller, que servía al gobierno de su país en el Departamento de Estado, recibiendo el salario nominal de 1 dólar al año (...) Nelson (...) ha sido muy importante personaje en la política de Estados Unidos (...) Gobernador del estado más importante de la Unión Americana, Nueva York, candidato a Presidente, y Vicepresidente... .
(...) El mismo señor Morrow, embajador de Estados Unidos en México y ex socio influyente de la casa Morgan, le había manifestado a él mismo (a Thomas W. Lamont, socio más conspicuo del banco Morgan & Co), cuando se hizo el convenio con el señor Montes de Oca (don Luis, a la sazón secretario de Hacienda) en el año 1932, que era absolutamente injusto y poco conveniente, tanto para el gobierno de México como para los tenedores de bonos, hacer un convenio que estuviera fuera de las posibilidades de México (...) .
Suárez defiende una política monetaria inflacionista, imprimir dinero redundante, pero con prudencia, el famoso sobregiro, indispensable, según él, para impulsar una economía estancada. Suena fácil: sacar del aire bienes, servicios, riqueza en una palabra.
Lo ataca sin piedad don Miguel Palacios Macedo en sus artículos en El Universal de hace más de 70 años: la cueva del brujo de la tribu , llama Carlos Pereyra a la Secretaría de Hacienda. Allí están las redomas y alambiques, filtros y talismanes, los búhos y ratones disecados del gran hechicero . Se refiere, obviamente, a nuestro protagonista.
¿Qué mira en su tiempo don Eduardo? Queda por resolver un cúmulo de problemas de enorme importancia, entre los que destacan una mejor distribución de la riqueza y el incremento de la productividad, tanto de los empresarios como de las clases laborales, que nos permita competir en los mercados mundiales con nuestra producción comercial. Estos son (...) problemas que el país viene presentando desde su vida independiente y no es de esperar que queden puntualmente resueltos por una generación... . Ni en dos ni en tres, don Eduardo. Sus palabras resuenan como un eco interminable, a diario, cada semana, cada mes, cada año, cada sexenio, en boca de los líderes oficiales, empresariales, intelectuales y religiosos. ¿Hasta cuándo? Ahora resulta, gran noticia, que se descubren pobreza y hambre extremas. Pero agravadas. ¿Qué nos pasa? ¿En qué fallamos? ¿Cómo le hacemos?
paveleyra@eleconomista.com.mx