¡Estaba en la pantalla de la Asamblea General! ¡Era el 75 aniversario de la ONU! ¡El video se proyectó en el recinto que ha sido el foro de grandes declaraciones y debates sobre los temas más importantes de la humanidad, desde la pobreza y el desarrollo hasta la paz y la seguridad! ¡El multilateralismo era el tema central de 2020! ¡Se esperaba que los líderes mundiales hablaran sobre la respuesta global a la pandemia del coronavirus, el desarrollo sostenible, el cambio climático, la biodiversidad y el desarme nuclear!

En un mensaje de 1392 palabras, el Presidente de México presentó claramente su visión el 22 de septiembre. Dedicó 25 palabras al saludo inicial, 492 para contar la historia de México, 80 para el inicio de la cuarta transformación, 206 sobre su estrategia para hacer frente al coronavirus desde abajo, 200 para los programas sociales y las remesas, 152 para hablar de la corrupción, 86 para el avión, 49 sobre el extinto Estado Mayor Presidencial, 50 palabras para el TMEC y 52 de despedida.

¿Y el mundo? Pues no hubo ni mención. Precisamente en este momento en que la suerte de México y la del mundo están entrelazadas, Andrés Manuel López Obrador nos ha demostrado que conoce muy bien la historia de México. Pero también quedó claro que en su agenda no están los temas internacionales. Parecería que no importa mucho entender lo que pase con el mundo de hoy ni su impacto en el México de mañana. 

AMLO tiene razón. En esta crisis, haremos historia, para bien o para mal. La recuperación será azarosa. Cuando escuché su discurso me di cuenta de que el Presidente describe el presente en términos del pasado. Eso habla mucho de él y de su historia personal, en dónde ha estado y de dónde viene. Pero, desafortunadamente, aunque nos habló de fe en el futuro, felicidad, bienestar y fraternidad internacional, no nos dijo hacia dónde vamos como país.

Las relaciones internacionales de México son cada vez más importantes y se moverán sin el control gubernamental, quiéranlo o no el Presidente y sus colaboradores. La historia no se acabó con el colapso del PRI, ni el fracaso del PAN, ni la destrucción del modelo general de equilibrio político que teníamos. Todos los países requieren que sus líderes y ciudadanos estén familiarizados con el escenario internacional y puedan operar dentro y fuera de sus fronteras. El interés de cada mexicano en su propia economía, personal y familiar, la necesidad de ser competitivo, la urgencia de entender lo que está pasando dentro y fuera del país es esencial para los negocios y las decisiones de inversión.

A partir de enero, México ocupará un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Le interesa al Presidente saber más sobre los retos globales? Comercio, ciberseguridad, terrorismo, proliferación de armas de destrucción masiva, cambio climático, migración, drogas, tráfico de armas, delincuencia organizada, trata internacional de personas, pandemias, inteligencia artificial, son los temas de nuestro tiempo y exigen de los gobiernos atención, negociaciones, decisiones y manejo adecuado. Son el motivo de la estabilidad o desorden en el mundo.

¿Tendremos un nuevo orden mundial después del coronavirus? Seguramente. Y las principales palancas de estabilidad serán la noción de soberanía, el equilibrio del poder, las alianzas, el papel de las organizaciones internacionales, el comercio y el derecho internacional. ¿Le interesa todo esto al Presidente de México? Esperemos que el próximo año, cuando México ocupe su asiento en el Consejo de Seguridad, además de democracia, justicia, honestidad, austeridad y bienestar, escuchemos una visión clara sobre el nuevo papel de nuestro país en el mundo.

México tiene también otra rica experiencia histórica que el Presidente no contó en su video para la ONU. El proyecto nacional está conformado por intereses muy concretos: impulsar el crecimiento económico y el desarrollo social, generar más empleo, profundizar la vida democrática, consolidar el estado de derecho, proyectar la cultura mexicana, contribuir a la generación y el mantenimiento de un entorno internacional en el que imperen la paz, el derecho y la justicia. 

A lo largo de nuestra historia, la soberanía es lo que nos ha permitido tomar nuestras propias decisiones en el interior y promover nuestros intereses en el exterior de manera independiente. Nos ha permitido definir el estado de derecho que rige nuestra convivencia diaria. Es el fundamento sobre el que se ha construido el sistema democrático mexicano, que a su vez ha generado las condiciones para fomentar el crecimiento económico y el desarrollo social.

Fui Subsecretario de Relaciones Exteriores. Conozco bien la Cancillería, sus retos y nuestra historia diplomática. La conducción de la política exterior se ha basado en principios sólidos, que le han dado a México prestigio mundial, y en la capacidad de respuesta y adaptación a la situación internacional cambiante. Estos dos elementos no son incompatibles. Los principios constituyen la guía que da estructura y rumbo a la política exterior del país. Son la base, el origen y la razón fundamental de la política exterior. Los principios son el punto de partida. Constituyen el instrumento idóneo para promover el interés nacional.

Nuestros principios de política exterior han merecido el reconocimiento y respeto del exterior. Han sentado las bases para la defensa de nuestra independencia y soberanía. Además, existe un consenso nacional en torno a la autodeterminación de los pueblos, no intervención, solución pacífica de las controversias, proscripción de la amenaza y del uso de la fuerza en las relaciones internacionales, igualdad jurídica de los Estados, cooperación internacional para el desarrollo y lucha por la paz y la seguridad internacionales. Al haberse elevado a rango constitucional dejan de ser deseables y se vuelven obligatorios. Son ley suprema.

Los principios son una guía para la acción, pero siempre debe preservarse la capacidad de respuesta y adaptación a las circunstancias. En el caso de México, requerimos una respuesta ágil y novedosa a los retos y oportunidades que plantean las circunstancias actuales. El ejercicio de una política exterior basada en principios que respondan con flexibilidad, pragmatismo, imaginación y efectividad a los cambios acelerados del entorno internacional para cumplir cabalmente con sus objetivos fundamentales: defender con eficacia la soberanía, promover los intereses de la nación y contribuir a la solución de los retos de carácter global.

México puede lograr una actuación digna y destacada en Naciones Unidas si mantiene una política exterior de estado y de amplio consenso nacional. ¿Se puede lograr la unidad nacional cuando el liderazgo del país promueve la división? ¿Se puede proponer el respeto al derecho internacional en los foros internacionales cuando se cambian las reglas del juego para las inversiones y no se respeta el Estado de Derecho internamente?

Se requiere que lo que sea expresado por México en el Consejo de Seguridad sea siempre respaldado por todos los niveles de la diplomacia mexicana. ¿Se cuenta con el respaldo del Senado de la República? Es indispensable que sea debida y oportunamente informado de nuestras posiciones y actuación. ¿Respaldará el mundo académico lo que México proponga? Se requerirá una política de información pública permanente, que genere el apoyo de expertos, académicos y organizaciones de la sociedad civil. 

En el Consejo de Seguridad, México deberá seguir siendo un firme defensor del derecho internacional, de los derechos humanos y de los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas. Debemos continuar con nuestra larga y reconocida tradición multilateralista, defendiendo a las Naciones Unidas y a la cooperación internacional. Son muchos los retos y las preguntas. Seguramente los representantes de México tendrán que pronunciarse sobre situaciones complejas. 

Vivimos una severa crisis en nuestro país y en el mundo. Y las crisis siempre aclaran las cosas. En todo el relato histórico del Presidente de México en la ONU, valdría la pena añadir lo que dijo Abraham Lincoln: “Soy un firme creyente en la gente. Si se le dice la verdad, se puede depender de ella para enfrentar cualquier crisis nacional. El gran punto es traerle los hechos reales”. 

Javier Treviño Cantú es Director General de Políticas Públicas del Consejo Coordinador Empresarial.

Twitter: @javier_trevino

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