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El derecho a elegir
Limitar derechos en aras de proteger a pequeñas minorías genera áreas de oportunidad para que muchos obtengan rentas ilegales.
La crisis que se vive en estos días en algunos países árabes en África y en el Medio Oriente ponen de manifiesto uno de los conflictos fundamentales de toda sociedad: el sistema de elección.
Se dice en algunos libros de texto que posiblemente lo mejor que una sociedad puede tener es un sistema liberal en el que se respeten al máximo los derechos individuales hasta el punto en que el individuo, con sus actos y decisiones, afecte los derechos de un tercero.
Existen muchos ejemplos en la actualidad que nos muestran el grado de desarrollo y de éxito que en general este tipo de sistemas pueden alcanzar y cómo, cada vez que se limitan los derechos individuales a través de actos en pro de las mayorías, la sociedad en su conjunto pierde.
En un sistema liberal, nadie puede limitar los derechos de otro y menos con el pretexto de una supuesta debilidad ante los demás o ante el sistema.
En contraste y aunque parezca contradictorio, vemos cómo en las economías que protegen los derechos de las minorías, de los pobres, de los niños, de las mujeres, de los sindicatos, de los pescadores y de quienes se le ocurra, es precisamente en esos sitios donde aquellos a los que las leyes quieren proteger viven peor.
No sólo es ese el resultado de todas esas iniciativas fallidas; hay que agregar los frenos que se le ponen con dichas leyes a la libre iniciativa y cómo se reduce el potencial de crecimiento, ya que no existe plena libertad para elegir en dónde trabajar, invertir, vivir y divertirse.
Además, dichas leyes limitantes, aparentemente protectoras, son un marco en el que se escudan múltiples individuos para hacer negocio, obteniendo rentas por ofrecer a las personas limitadas aquello que desean, abriendo así un amplio abanico de corrupción. Una vez abierta esta avenida para la corrupción, la siguiente tarea de quienes ya obtuvieron una renta es ampliarla y protegerla, involucrando a un cada vez mayor número de personas e instituciones.
Quienes ya están dentro de este submundo pueden sentir eventualmente algún remordimiento por el hecho de estar haciendo algo ilegal, pero en cuanto perciben las ventajas que tienen sobre quienes caminan por la senda que marcan las leyes, no querrán salir de eso.
Una reflexión acerca de lo que hemos hecho en nuestro país en las últimas décadas podría sugerir evaluar las ventajas de limitar derechos y compararlas con sus efectos nefastos.
mrodarte@eleconomista.com.mx