Buscar
Opinión

Lectura 3:00 min

El debate energético y los demonios del desarrollo estabilizador

Algo peor que ver la historia en blanco y negro es mezclar los hechos y acabar contando historias fantásticas de situaciones que nunca existieron.

El relato petrolero que algunos han subido a los altares parte de la imagen de Lázaro Cárdenas expropiando la industria petrolera en 1938, pero pocos están conscientes que el credo que profesa esta mezcla histórica incluye un aderezo populista de los priístas de los años sesenta.

Al amparo de un crecimiento sostenido que presentó la economía en aquellos años se cometieron algunas de las peores aberraciones económicas que hoy seguimos pagando.

La gran virtud de aquellos años llamados del desarrollo estabilizador era precisamente la combinación entre una baja tasa de inflación y una alta tasa de crecimiento. Eso sí, tan alto era el crecimiento como escasa era la democracia.

Las malas decisiones políticas quedaban tapadas por los buenos resultados económicos. Fue por esos años cuando se cultivó la lamentable política de sustitución de importaciones, lo que incentivó el crecimiento de la industria local, pero también provocó su mediocridad ante la falta de competencia.

Para evitar las consecuencias de la democracia, el partido único controlaba las presiones políticas de sus sectores con prebendas, lo que generó entre otras cosas los abominables contratos colectivos de trabajo con prestaciones autodestructivas.

Y para reforzar ese falso espejismo de autosuficiencia y refrendar ese sentimiento de estar en la antesala del desarrollo, se tatuó un soberbio sentimiento de nacionalismo que ha cumplido su misión de ser indeleble.

Las reglas de corte socialista que rigen la industria energética hasta nuestros días son producto de esos tiempos, no son de la autoría del general Cárdenas y sus decisiones nacionalizadoras del petróleo.

Las facturas que generó este modelo autoritario y cerrado fueron pagadas en la parte financiera con las crisis recurrentes de los años setenta y ochenta. Mientras que los lastres para el crecimiento económico se siguen pagando hasta nuestros días.

Cuando el gobierno de la República tiene que usar hoy, en pleno siglo XXI, referencias como esa de palabra por palabra de lo dicho por Lázaro Cárdenas es porque siguen pesando las lozas populistas de los sesenta.

Toda la reglamentación anti empresarial que pesa en Petróleos Mexicanos y en la industria eléctrica es de esos tiempos, no del cardenismo. El absurdo de considerar la electricidad, que es un producto industrial, como un símbolo de la mexicanidad viene de ese discurso hipnotizador sesentero.

Así que cuando escuchamos el encendido discurso mesiánico de defender el petróleo y la electrcididad porque son parte de nuestro ADN nacional, lo que realmente estamos escuchando es una añoranza de los peores años de control político y económico en este país.

Al desarrollo estabilizador del México de los años sesenta del siglo pasado hay que aplaudirle sus altas tasas de crecimiento y sus elevados niveles de estabilidad, es algo que ya quisiéramos hoy.

Pero los altos costos que generó crear ese modelo se pagan hasta nuestros días, lo que deja muy claro hay que tomar en cuenta los altos costos que esto implicó. Los años nos han mostrado que es falso que el fin justifique los medios.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Noticias Recomendadas

Suscríbete