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El daño de la inflación

En la actualidad experimentamos una desaceleración de la actividad económica con altísimos niveles de inflación. Las economías de la OCDE experimentan situaciones similares, pero todas, excepto la nuestra, han comenzado a disminuir los altos precios de los bienes y servicios. La desaceleración global rumbo a la recesión provocará que la recuperación después de la pandemia se detenga por al menos 6 meses para el caso de los países desarrollados y hasta un año para el resto. No obstante, la recesión será el menor de los problemas. Es la inflación alta la que en realidad afecta a todos los agentes económicos, pero como es costumbre, las personas de menores ingresos y la micro y pequeñas empresas a las que francamente les va muy mal. Alguien con ingresos abundantes no alcanza a detenerse en revisar el precio de la tortilla o el huevo. En cambio, quienes apenas llegan a la quincena o no les alcanza para pagar la nómina de su empresa estarán conscientes de los incrementos e incluso si compraban un kilo de aguacates ahora compran menos cantidad. El caso de quienes viven al día, en el ambulantaje o la indigencia los procesos inflacionarios simplemente son devastadores. En efecto, mientras los episodios recesivos posponen la generación de riqueza, empleos e impuestos; la inflación simplemente destruye lo que ya se había logrado. Los países con modelos económicos más flexibles son los que están dando claras señales de bajar la escalada de precios. En el caso de naciones con economías rígidas, poco abiertas a la inversión privada y competencia mantienen la inflación alta, es el caso de Argentina, Turquía y México. Vamos camino a la recesión con altos precios.
Este gobierno ha hecho un esfuerzo considerable para aumentar los salarios. La economía no ha crecido, la inversión viene cayendo, sin embargo, los salarios han crecido mediante negociaciones que la autoridad ha hecho con la planta productiva. El esfuerzo pese a ser considerable, ha sido nulificado por la inflación. Para demostrarlo podemos tomar un producto que consume la mayoría de los mexicanos: el Gansito de Marinela. En 2019 con un salario mínimo de 102.69 pesos, los mexicanos adquiríamos 9.3 gansitos a 11 pesos c/u; actualmente su precio es de 23 pesos, el salario es poco más del doble de 2019 ubicándose en 207.44 por lo que nos alcanza para 9.1 gansitos. Lo anterior quiere decir que todo el esfuerzo tanto gubernamental como del sector privado solo han servido para mantener escasamente el valor de nuestros salarios. En este sentido, no se ha mejorado el nivel de vida en cinco años. Ese es el tamaño del daño que la inflación puede causar. En caso de persistir los altos precios el daño va a ser mayor particularmente con un escenario recesivo, altas tasas de interés y con el precio del dólar tan bajo.

