Las normas sociales varían en función de cada sociedad, de cada momento histórico, y puede haber diferentes normas confluyendo

El cuerpo, nos guste o no, es uno de los componentes de nuestra identidad; por lo tanto, es un constructo social, más allá de lo físico. Nuestro cuerpo es parte de lo que conforma quiénes somos. Es por eso que cualquier información y concepción del cuerpo nos afecta, lo queramos o no.

Las cuestiones acerca de cómo concebimos el cuerpo son un objeto de estudio de las ciencias sociales. No es estudiar el cuerpo en su composición, sino identificar los factores socioculturales que rigen y norman lo que concebimos como un cuerpo ideal, sano, incluso bello o fuera de la norma. Los estándares de belleza, de salud y de idealización del cuerpo han cambiado históricamente. Lo que se considera como normal, en cualquier ámbito de la vida, es construido socialmente. Las normas sociales son uno de los grandes objetos de estudio de la sociología. ¿Cuáles son las normas del cuerpo? ¿Qué es lo que se considera un cuerpo normal? ¿El cuerpo normal es sinónimo de común? O, por el contrario, ¿un cuerpo normal —es decir, aquel que se apega a la norma social— es un cuerpo poco común?

Las normas sociales varían en función de cada sociedad, de cada momento histórico y puede haber diferentes normas confluyendo. El cuerpo que sale de la norma es el cuerpo en desviación. Así, por ejemplo, existen normas médicas para considerar un cuerpo como obeso o con sobrepeso. Sin embargo, la norma social puede o no coincidir con esto. Existen sociedades en las que el cuerpo normal socialmente es un cuerpo con sobrepeso según la norma médica. Por ejemplo, en inmigrantes hawaianos en Estados Unidos se observa que el cuerpo en la norma social es aquel que presenta sobrepeso según la norma médica. Un cuerpo socialmente considerado como bello también cambia según diferentes segmentos de la población. Mientras que para algunos un cuerpo atlético es bello, para otros el cuerpo bello tiene que ver con curvas, para otros el cuerpo bello e ideal tiene que ver con niveles de delgadez que médicamente pondrían en peligro la vida.

El punto con las normas sociales es que como somos personas esencialmente sociales existe un costo, a veces económico, a veces social, a veces emocional, por ser considerado como fuera de esa normalidad, es decir, por estar en la desviación. Las personas de una u otra forma queremos estar en la normalidad, como sea que sea concebida. El costo social de tener sobrepeso u obesidad ha sido abordado en otras ocasiones como el estigma de la obesidad, no sólo a nivel médico, sino a nivel de discriminación social. El costo social de no tener curvas o de tener demasiadas curvas es algo que muchas personas no están dispuestas a asumir.

Lo paradójico de la situación es que normal no siempre significa común: tener un cuerpo común. Cuando las personas describen su cuerpo, sobre todo las mujeres que usan términos como “cuerpos reales” se refieren a cuerpos con imperfecciones, lejos de los ideales impuestos, “cuerpos normales”.

Cuando pensamos en normalidad, sobre todo en cuestión de la descripción y clasificación de cuerpos, debemos tomar en cuenta no sólo las normas médicas o estéticas, sino las normas socialmente construidas, que en ocasiones son más poderosas que las normas impuestas con criterios diferentes a lo que socialmente es considerado como aceptable.

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