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Opinión

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El círculo virtuoso? de un equipo virtuoso

Dieciséis años de El Noticiero, con Joaquín López-Dóriga.

A Alberto Vega Torres

En el año 2000, la histórica vuelta de siglo -y de milenio- no transcurrió sola. La alternancia hacía su entrada triunfal en la política mexicana, tras siete décadas de dominio unipartidista, y la sociedad asumía un papel más activo, a través de organizaciones civiles y aún incipientes redes sociales. Mientras, en el terreno de los llamados medios masivos se abría también un nuevo capítulo que desde entonces anunciaba recio impacto y largo aliento. El tiempo se encargaría de demostrarlo. Hoy, la etapa de El Noticiero con Joaquín López- Dóriga, en el espacio más importante de la televisión, acaba de cumplir 16 exitosos años. Con la inteligencia de un gran timonel, la larga e invaluable escuela del pionero Jacobo Zabludovsky y el respaldo de un equipo de profesionales talentosos, comprometidos y altamente creativos, esto era de esperarse.

Pocas personas, quizá sólo aquellas directamente inmersas en la investigación, redacción, edición, producción y coordinación de un espacio noticioso de 45 minutos en televisión, conocen el trabajo imparable, la infinidad de propuestas, las lluvias de ideas -a veces convertidas en tormentas y la perfecta conjunción de capacidades requeridas para salir al aire con la frente en alto. Sólo ellos podrían contar las gotas de sudor, los ires y venires, los niveles extremos de estrés, las velocidades alcanzadas para dar la primicia y, sin embargo, no lo hacen. ¿Para qué? Es parte natural de un trabajo asumido, respetado, amado e incluso añorado, al más puro estilo masoquista, que se ha cumplido con creces durante más de 4,160 días.

Entre esos actores que han trascendido y han hecho trascender aquel 3 de abril del año 2000 destaca un guía diligente y ciertamente esencial en el equipo. Es Alberto Vega Torres, el colaborador incondicional del Teacher, quien más allá de coordinar su noticiario, comparte con él largas jornadas, buena parte de las decisiones cruciales del informativo, su entrega total y una amistad con blindaje de lealtad.

Pero no es la hermandad la que condujo ahí a Alberto sino su andar por todos los terrenos del periodismo y la huella que ha dejado durante más de 37 años en todas sus canchas: diarios, revistas, radio, televisión, Internet. En todas conoce y domina los procesos, no en vano se ha movido por lustros y décadas entre bolígrafos y libretas, micrófonos, grabadoras y cámaras, atestiguando, cubriendo, informando... Lo hizo como reportero de La Prensa, de El Heraldo de México, de Notimex, de la revista Respuesta, de Canal 13 y de Chapultepec 28 en Televisa. También dejó marca como conductor de Noticieros de Imevisión y como productor y conductor de Noticieros de Grupo Acir. A lo largo de su carrera atestiguó y divulgó hechos y eventos de gran impacto nacional y mundial, como el bombardeo de Estados Unidos a Irak, la caída de Sadam Husein, los funerales de Juan Pablo II y la elección de su sucesor Benedicto XVI y, a su renuncia, el habemus papam de Francisco.

La cobertura de visitas, cumbres e implacables fenómenos naturales habría de engrandecer esta trayectoria sin nunca hacerle perder el sentido del humor ni olvidar la misión de sus encargos, su pasión por los Pumas o el sagrado lugar de sus amigos, que son muchos. Largo fue el camino que, como se adivinaba de tiempo atrás, habría de llevarlo a las grandes ligas del periodismo, como director y conductor del noticiero de radio La Polaca, director de Información del Instituto Nacional de Bellas Artes, coordinador general de Primero Noticias y, luego, del noticiario estelar de la televisión mexicana.

Durante 16 años El Noticiero con Joaquín López-Dóriga ha hecho historia, al tiempo que la ha contado. Y en ello ha ido la labor de un hombre que ha puesto la mente y el corazón, no solamente para coordinar todos los esfuerzos, también para tejer todas las propuestas, los datos, las capacidades, los humores y los retos. Lo ha hecho sin un manual, sin un protocolo, porque las circunstancias son siempre nuevas, siempre diferentes y, con frecuencia, conjuntando la sorpresa con el altísimo impacto.

Para fortuna de muchos más, Alberto Vega Torres también se suma al equipo del talentoso hombre de negocios Jorge Nacer, dirigiendo los destinos de El Economista. La proyección que como presidente ejecutivo ha dado a este diario mucho crédito le merece, lo mismo que el esfuerzo infatigable por su crecimiento.

Enhorabuena por el gran ejemplo a tus hijos, por los motivos de orgullo que has dado a tu madre y a tu esposa, por la nobleza hacia tus amigos, por tu entrega y, especialmente, por lo que aún esperan ver millones de telespectadores, radioescuchas y lectores que anhelan tener mayor conciencia de su mundo, quizá para saber si en algo pueden contribuir para volverlo un mejor entorno y construir una sociedad más noble. Menuda labor la tuya, querido Alberto.

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