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El cielo puede esperar
La homosexualidad no es una bendición, pero no es nada de lo que uno tenga que avergonzarse; no es un vicio ni una degradación .
En memoria de Cecilia Loría en el primer aniversario de su ausencia siempre presente.
Excelentísimo y reverendísimo Cardenal Javier Lozano Barragán.
Monseñor:
Permítame iniciar esta comunicación -botella al mar que pido a Dios llegue a su destino- haciéndole saber que tuve una educación católica. Los hermanos de las escuelas cristianas lasallistas- me soportaron, y yo a ellos, durante siete años en los que aprendí que, según el Catecismo del Padre Ripalda, venimos al mundo para honrar a Dios y salvar nuestra alma; también para pagar la colegiatura, ya que si al llegar los exámenes trimestrales ésta se debía, sacaban del salón al insolvente hasta que su padre, madre o tutor pagara la deuda.
Y no lo digo yo, sino San Pablo
Pero nada más lejos de mi intención que aburrirlo con datos personales, si lo hice sólo fue para establecer un marco de referencia con el fin de que sea más comprensible esta misiva en la que me propongo, con todo respeto, plantearle algunas dudas y hacerle dos que tres cuestionamientos sobre sus declaraciones que el pasado jueves leí en algunos periódicos de nuestro país. Declaró usted: Los homosexuales y transexuales no entrarán jamás en el reino de los cielos .
Aquí mis primeras preguntas: ¿A partir de cuándo? ¿A partir de su declaración? ¿O, su sentencia entrará en vigor el primer día del 2010, como el 16% del IVA ? Tal vez la respuesta a estas interrogantes están implícitas en el razonamiento con el que usted apoyó su afirmación: Y no lo digo yo, sino San Pablo . Me imagino que este dictamen, el llamado apóstol de los gentiles, lo hizo por escrito en alguna de sus famosas cartas -les escribió a los romanos, a los corintios, a los colosenses y a otros cuates-.
¿Podría informarme en cuál de ellas lo dijo? Si su respuesta es que lo investigue yo por mi cuenta y lea las cartas del santo, debo advertirle que no acostumbro leer la correspondencia ajena.
A estas alturas de mi epístola dirigida a su Excelencia, un amigo que sabe de estas cuestiones me aclara que el santo de referencia, que antes de serlo se dedicara con ahínco a perseguir cristianos, hasta que Jesucristo en persona, mediante una aparición camino a Damasco, le pidió que dejara de hacerlo, en su Carta a los Romanos manifestó que no entrarían al reino de los cielos las personas impuras que se abandonan a pasiones infames , sin aclarar si es una pasión infame el amar a una persona de su mismo sexo.
En dado caso que con estas palabras, el antes llamado Saulo, hiciera alusión a los que hoy llamamos homosexuales -tal término fue acuñado a finales del siglo XIX-, le suplico me aclare si el veredicto entró en vigor al momento de su redacción o cuando el emisor de tal pronunciamiento fue declarado santo. Cualquiera que sea su respuesta, el laudo condenatorio tiene casi 2,000 años de vigencia.
Eso indica que San Agustín, uno de los grandes padres de la Iglesia católica, no debe estar en el cielo ya que según podemos enterarnos por sus Confesiones escritas entre los años 397-401- fue bisexual. Tuvo un amante hombre: Lo más dulce que experimenté en toda mi vida , según sus propias palabras.
Homosexualidad, una variación del desarrollo sexual
De una vez le aclaro a usted y a los suspicaces lectores que no soy homosexual, pero si lo fuera estaría orgulloso de serlo, ya que si no sintiera ese orgullo de todos modos lo sería. No sé si le suene el nombre de Sigmund Freud (1856-1936), padre del psicoanálisis. Seguramente no está en el cielo ya que se drogaba, se metía cocaína, y como ya lo dijo Felipe Calderón los que se drogan lo hacen porque no conocen a Dios. -Nada ha dicho de los que se empedan-. Disculpe la disgregación.
El señor Freud, el hombre que revolucionó la psiquiatría, con un poco más de conocimientos científicos que San Pablo y que usted dijo: Por supuesto que la homosexualidad no es una bendición, pero no es nada de lo que uno tenga que avergonzarse; no es un vicio ni una degradación, tampoco puede considerarse una enfermedad. Nosotros estimamos que es una variación del desarrollo sexual .
Usted manifestó en su controvertida declaración: La homosexualidad es un pecado, pero eso no justifica alguna forma de discriminación. Sólo Dios tiene derecho a juzgar . ¿No es una discriminación condenarlos a la no salvación de su alma? ¿Por qué no deja usted que sea precisamente Dios quien los juzgue? ¿No considera usted posible que éste con su misericordia e infinita bondad les haga un lugarcito en su reino? Tal vez hasta les tenga reservado una módulo exclusivo para gays, tal como ahora en los restaurantes existe la sección de fumadores.
Los lasallistas me enseñaron que según la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, manifestada por Jesucristo en su aparición a santa Margarita de Alacoque, aquel que reciba la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes de mes en forma consecutiva tiene asegurada la salvación de su alma y hace una reservación en el reino de los cielos.
Yo, reverendo monseñor, hice tal reservación al comulgar no nueve sino muchos más viernes primeros de mes. Sin embargo, su aseveración me hace pensar que no estarán ahí y muero por conocerlos- mis admirados escritores Novo, Villaurrutia, Cernuda, García Lorca, Whitman, Wilde, Barba Jacob, Truman Capote y Carlos Pellicer. No encontraré a Leonardo ni a Miguel Ángel ni a Rock Hudson ni a Tchaikovsky ni a Moliere. Tampoco estarán mis actuales amigos Baldomero, Gabo, Pablo Cheng y muchos gays más a los que quiero.
Siendo así y aunque, reitero, reservé mi lugar con anticipación, por su conducto, señor Cardenal, le hago saber a la Santa Madre Iglesia Católica que por lo que a mí respecta: El cielo puede esperar.