Yo no sé si López Obrador es un hombre de buenas intenciones, pero suponiendo que lo sea, esas buenas intenciones no son suficientes para gobernar al país y responder a las crisis que estamos enfrentando.

No coincido con aquellos que piensan que el mal manejo de la pandemia y la economía es a propósito para tener más gente dependiendo de los apoyos sociales, creo que a pesar de que en muchas ocasiones usa cualquier medio o mentira para lograr sus fines, en el fondo está convencido de que con sus programas y estrategias va a lograr que el país crezca, se reduzca la pobreza y se logre un país seguro.

La pandemia ha mostrado la cara real de López Obrador, se ha visto pequeño y temeroso ante la crisis, incapaz de tomar medidas drásticas para proteger a la gente. Esa falta de decisión nos ha llevado a ser el cuarto país con más número de muertos y el décimo tercer lugar en relación con el número de habitantes.

Probablemente tenía buenas intenciones al minimizar el riesgo por el Covid y evitar alarma entre la gente, pero su indecisión a aplicar medidas obligatorias de aislamiento y uso de cubrebocas provocó que muchas personas no tomaran en serio la pandemia. Aun en estos momentos, el mal ejemplo del presidente hace que muchas personas no se den cuenta de los riesgos que están corriendo por la pandemia.

Ojalá que la estrategia de vacunación funcione y se logre inmunizar pronto a la mayor parte de la población, de lo contrario, más allá del costo político que tendría para su gobierno, el costo de vidas sería altísimo.

Las buenas intenciones de López Obrador se están enfrentando también con la realidad en la parte económica, no es cierto que la economía se esté recuperando en forma de V y que para el mes de marzo habremos recuperado el número de empleos perdidos. La realidad es que el panorama económico para todo el sexenio es muy negativo y la recuperación no va a llegar sino hasta 2023, con la consecuente pérdida de empleos y sobre todo el aumento en los niveles de pobreza.

López Obrador está equivocado, no es repartiendo dinero entre los pobres como la economía se va a recuperar, los programas sociales son indispensables en una crisis como la que vivimos, pero si no se complementan con apoyos al gasto público, a las empresas y al empleo, la economía no se reactivará.

Sus buenas intenciones están también fracasando en la seguridad pública, el haber reducido el número de homicidios en sólo 0.4% el año pasado habla de un rotundo fracaso en la estrategia. La delincuencia organizada no lo es porque sus miembros vivan en la pobreza, para ellos los programas sociales no tienen ninguna importancia y la única forma de combatirlos es con la fuerza del Estado y con policías profesionales, y bien armados a nivel estatal y municipal.

Suponiendo que tiene buenas intenciones, de qué nos sirven esas “buenas intenciones” si la economía, el empleo, la reducción de la pobreza, la seguridad y la salud van muy mal en el país. Si realmente tuviera buenas intenciones, las tendría también para oír las voces críticas y las propuestas alternativas.

Hasta ahora sus “buenas intenciones” y sus promesas le han servido para mantener la popularidad y la esperanza entre la mayoría de la población, pero si no hay resultados, tarde o temprano la gente se dará cuenta que a pesar de sus buenas intenciones no es el presidente que necesita México para salir adelante.

Demetrio Sodi

Político mexicano

Desde la cancha

Ciudadano interesado en las soluciones para el país y la Ciudad de México. Político mexicano, ha sido diputado federal (1988-1991), senador (2000-2006) y jefe delegacional de Miguel Hidalgo (2009-2012).

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