Las resoluciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación son inapelables e inatacables. No están diseñadas para gustar a todos, pero sí para ponerle punto final a conflictos que otras autoridades han dejado con aristas.

Inatacable el hecho de que la Suprema Corte avalara la violencia si se disfraza de protesta social. En fin. Pero también es el punto final en el caso de Luz y Fuerza del Centro su determinación de declarar constitucional la extinción decretada por el Presidente de la República.

El carácter de última palabra aplica para cualquier persona que respete el marco legal, pero no parece ser el caso de los que consideran que la mejor manera de defender sus ideas es con la movilización.

Así como los renovados macheteros de Atenco ya no tienen que defender su tierra, porque nadie va a tocar esos terrenos salitrosos, así el SME ya no tiene empresa que pelear, pero los dos movimientos se van a mantener por la simple rentabilidad de los movimientos ruidosos y hasta violentos.

La dirigencia del Sindicato Mexicano de Electricistas tiene un serio problema. Todo el origen del problema que derivó en la desaparición de Luz y Fuerza del Centro se dio en la elección de su dirigencia. Las impugnaciones fueron mutuas y lo único que lograron unos y otros fue que se declarara nulo el resultado de la elección interna.

El problema es que el miércoles de la próxima semana vence la toma de nota de todos y cada unos de los dirigentes de este sindicato y entonces no tendrán más representatividad para llevar a cabo su siguiente jugada, que es pedir a la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje que nombre a la Comisión Federal de Electricidad como patrón sustituto.

Y no es que quieran tabajar para CFE, porque los seguidores de Martín Esparza no han ido a pedir trabajo a esta empresa. Lo que pretenden es que se reinstale el reinado de la opacidad, el dispendio y la improductividad del SME, pero ahora en CFE.

No se ve la manera legal de que esto pudiera ocurrir. Más allá de que el sentido común marca esto como algo sin sentido. Pero con este movimiento Esparza y los suyos podrán lograr unos seis meses más de espera hasta que les digan que eso no es posible.

Y quizá otro semestre más después de que impugnen el resultado ante la Suprema Corte. Eso será tiempo suficiente para alargar un conflicto y mantener un movimiento que es evidente que ha encontrado buenos patrocinadores.

Es que con alianzas o no, siempre habrá acelerados que querrán tener a la mano electricistas o atencos para animar sus contingentes políticos.

Ojalá que no sean pocos los extrabajadores que acepten la oferta de recibir, ahora sí, su liquidación y que busquen cabida en la empresa que ahora da el servicio en el centro del país y que dejen de lado la industria de la marcha y el plantón.

La primera piedra

El plan de inversiones de Volkswagen estaba listo desde hace varios días, pero había que esperar a que los tiempos políticos permitieran al Presidente desplazarse a Puebla para congratularse en persona de tan buena noticia.

Pero, si Felipe Calderón se hubiera atrevido a atestiguar un anuncio de tal magnitud a unas horas o días de las elecciones en ese estado, seguro que los priístas seguirían reclamando el proselitismo presidencial.

Pero ahora, como se esperó a que pasara la jornada electoral, tal parece que la empresa alemana se animó a hacer tal inversión tras el resultado electoral.

Siempre tendrá una interpretación política cualquier cosa que pase en México, incluso este importante anuncio de invertir 1,000 millones de dólares en la modernización de la emblemática planta de Volkswagen en Puebla.

Son recursos que llegarán durante los próximos tres años y que permitirán la generación de miles de plazas laborales.

Y no, la inversión no tiene nada que ver con el triunfo de Moreno Valle. Vamos, ni siquiera con la feliz y próxima salida de un personaje tan reprobable como Mario Marín del gobierno estatal.

Tiene que ver con la cercanía con el mercado de Estados Unidos que ha mostrado una recuperación en el mercado automotriz. Tiene que ver con la vocación de la armadora de Puebla de hacer vehículos de bajo consumo de combustibles y tiene que ver con el aprovechamiento del inicio del ciclo positivo de la economía.

El fin de la era del Gober Precioso puede animar a cualquiera, pero ésta fue una decisión de negocios tomada con todo el pragmatismo del que son capaces los alemanes.