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Opinión

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El Interés Superior de la Colección

El Interés Superior, entendido como un conjunto de acciones y procesos que conforman un juicio de valor previo a cualquier beneficio que garantice un desarrollo integral que abrace condiciones materiales y afectivas, puede servirnos aquí, por extensión, para abordar el multicitado caso del Acervo Cultural Citigroup Banamex.

Mucho se ha hablado de la segunda venta de esta gran colección y su invaluable costo, que como bien señala Ximena Apisdorf, no es invaluable, sino todo lo contrario, y es precisamente ahí donde radica su importancia como colección. Por el momento, al ser información reservada no conocemos el monto del avalúo. Si de algo sirve, hace 20 años la propia institución valuó el acervo en 64.5 millones de dólares. Por ahora, lo de invaluable nos sirve para cuestionar su eventual adquisición por parte del gobierno, puesto que su administración tiene a los museos sin papel higiénico.

Hace 20 años, luego de que la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, la Comisión Federal de competencia y la Secretaría de Hacienda aprobaron aquella primera transacción, fueron modificados, por acuerdo con las autoridades culturales, los estatutos sociales del grupo financiero, para ampliar de 15 a 180 días hábiles, el derecho de preferencia para que el gobierno pudiera adquirir dicho acervo cultural. Es decir, el Estado tiene el derecho del tanto, pero no los recursos económicos para hacerse de este patrimonio. Considérense las condicioines en las que están los recintos museográficos en este momento, no tenían ni para comprar gel antibacterial en su pretendida reapertura postpandémica. El recorte presupuestal a Secretaría de Cultura y los institutos encargados de velar precisamente por la conservación de este ptrimonio en cuestión; la eliminación de Fideicomisos, la cancelación de exposiciones internacionales y la concentración de la política cultural.

¿Qué nos hace pensar que estará mejor en manos del gobierno? ¿El rancio nacionalismo cuatroteista? ¿Los arranques de idealismo de una clase gobernante, cuando no torpe, incompetente? O las palabras del Canciller Ebrard, quien hace 20 años decía que era un error de las políticas públicas permitir que prevaleciera el interés de los inversionistas sobre el patrimonio histórico y cultural del país. Pedía al Ejecutivo condicionar la venta y separar de la misma los bienes culturales: “ya que el presidente tiene los instrumentos para hacerlo”. Decía.

Partamos de esto último que decía el ahora Canciller en agosto de 2001, condicionar la venta y separar los bienes culturales. El banco ha dicho que la venta no es parcial sino total, que no separarán el acervo. Pero una cosa es lo que quiera el banco, otra lo que se puede lograr en una negociación cuando la venta pase por la aduana del Estado. Aquí, será necesario superar el discursito del Fobaproa, la minúscula visión del gobierno y hacer frente a la transacción con visión de Estado.

Después, tratar de refrendar con los nuevos dueños el acuerdo de hace 20 años, de mantener íntegra la colección y en el país. Elevar dicho acuerdo a los Estatutos Sociales del banco y establecer también el derecho de preferencia en exposiciones. Aquí viene lo más difícil. Responder a la pregunta ¿Para qué quieren un acervo de esta naturaleza? Si el gobierno ha demostrado ser un fracaso en el mantenimiento y conservación del patrimonio. Veámonos en el espejo de la embodegada Colección Pago en Especie. Así las cosas, por qué no pensar en una selección del patrimonio que podría ser estatal, con la asesoría de un comité de expertos bajo los criterios de pertinencia histórica, artística y cultural.

Explorar la viabilidad de una estrategia fiscal a largo plazo, mediante el comité antes señalado, y el apoyo de los empresarios que deseen participar en un programa institucional, a partir de los impuestos generados por la compra venta del banco, cuyo propósito sea comenzar a adquirir dichos bienes a cuenta del pago de impuestos a futuro. O bien, comenzar a comprar solo los bienes que no están protegidos por ley. Si el problema es de nacionalismo.

En 2003 el gobierno del presidente Fox, pretendía entregar en comodato el Antiguo Palacio del Arzobispado a la Arquidiócesis para crear un museo de arte sacro. El debate político llevó al gobierno a reconsiderar, y a los legisladores a realizar una profunda reforma a la Ley General de Bienes Nacionales para asegurar que ningún inmueble que hubiera sido de propiedad eclesiástica dejara de estar bajo control de la Nación. Empatando el criterio con la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, que señala que este tipo de asociaciones sólo podrán usar bienes de la Nación en forma exclusiva, para fines religiosos.

La reflexión es, el Estado mexicano, líder continental en patrimonio cultural, no puede sostener dicho patrimonio en óptimas condiciones. Es un Estado celoso de la iglesia y de la iniciativa privada. De qué nos sirve que sea de la nación si está en condiciones lamentables. Es necesario pensar en una custodia compartida, anteponiendo el interés Superior de la Colección. Difícil, lo sé. El padre es rabiosamente nacionalista y la madre felizmente neoliberal. De una sociedad de convivencia con la iglesia ya no hablamos.

 

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