A partir del 1 de enero entró en vigencia el pago de 16% de IVA más 8% del nuevo Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) en los alimentos con alto valor calórico. Una medida gubernamental con la que, a falta de una buena campaña educativa para persuadir y crear conciencia del problema, se piensa combatir la obesidad en el país, que ha llegado a niveles de preocupación si consideramos que 71.3% de los adultos tiene sobrepeso.

Se entiende por alimentos con alto valor calórico aquéllos que contienen 275 kilocalorías o más por cada 100 gramos. (Habrá alguien que no sea alto funcionario de Hacienda que entienda el concepto kilocalorías y cómo se advierte el contenido de 275 de estas unidades en 100 gramos.

Me atrevo a apostar a que esto no lo saben la gran mayoría de los legisladores que aprobaron la reforma hacendaria)

En el rubro de comestibles pasados de kilocalorías entran los dulces, bombones, chocolates, nieves, helados, galletas, pastas alimenticias, cerveza, refrescos y los denominados alimentos chatarra que en la alimentación de las clases populares remplazan a los huevos, al pescado y a la carne. Un dato: en nuestro país se consumen anualmente 310 litros de refresco por hogar. En comparación, el consumo de leche sólo es de 39 litros anuales por familia

En la lista de tentempiés con exceso de calorías estuvieron los chicles hasta que, mediante un decreto presidencial, se les rescató de la ignominiosa lista de engordadores, en parte porque no tienen alto valor calórico ni alimenticio y en parte porque, como se pregunta la maestra Sara Sefchovich, ¿qué clase de servicio es un chicle? Al respecto, yo opino que el chicle ofrece varios servicios: ejercita los dientes y la mandíbula, provoca la ilusión de masticar algo y, cuando el chicle es bomba, divierte.

Al presidente Peña Nieto le pareció conveniente quitarle el IEPS a la goma de mascar y sólo dejarle el IVA, cosa que le van a agradecer las señoras que elaboran tortillas y las damitas que trotan por las calles con zapatos dorados y minifaldas, en cuyos clichés el chicle es imprescindible.

Desobediencia civil

El ex legislador y gran histrión Gerardo Fernández Noroña es el impulsor de una campaña de desobediencia civil en la que se invita a la población a no pagar los dos impuestos precitados.

En YouTube, usted puede encontrar al mencionado hombre de izquierda proponer: Yo lo voy a hacer a las 10 de la mañana (está hablando del 2 de enero y de un gran almacén): llego y compro, por ejemplo, un Gansito, porque ya va a tener IVA, ¿no? El Gansito vale 7 pesos con IVA, 6 pesos sin IVA (son sus cuentas). Y yo pago 6 pesos. Abro el Gansito, como los niños le doy una mordida, y digo ya es mío. No voy a pagar los 7 pesos. No voy a pagar el peso de IVA, filmado todo por compañeros para subirlo a las redes. Y les digo: llamen a la patrulla, si me quieren llevar detenido por 1 peso pedorro, llévenme detenido. Es mi acto de desobediencia civil .

Finalmente, el señor Fernández Noroña cumplió con su propósito. Acompañado de cuando menos dos camarógrafos, equipo de iluminación y algunos correligionarios, se presentó en una tienda de autoservicio. No compró un Gansito, sino un refresco Boing de medio litro, al llegar a la caja, le puso el popote a la bebida y la probó. Pagó y le dijo a la cajera: Faltan 50 centavos que es el pago del impuesto que no los voy a pagar porque es un acto de desobediencia civil. Pero yo estoy aquí haciendo frente. Si quiere llamar al gerente, si quiere llamar una patrulla ( ) Es infame que no haya educación, no haya vivienda, no haya salud, no haya mejores condiciones de vida de la gente y le carguen al pueblo más impuestos. Entonces, hoy estoy dando la cara. No estoy robando: ya pagué el producto, no estoy pagando el impuesto. Estoy esperando a que me digan qué procede. Si me puedo retirar . Aquí se escucha la voz de la cajera que le dice: Sí, adelante . (Si 1 peso es pedorro, 50 centavos son pedorrísimos)

Consumado el acto, el controversial político declaró en autoentrevista para su propia cámara: Acabo de demostrar que se puede no pagar el impuesto en alimentos ( ). Me parece que es la manera en que todos deberíamos actuar, en vez de pagar los nuevos impuestos como todo el mundo lo está haciendo ( ). Me parece que si hoy millones lo llevan a cabo (el no pago de impuestos) a lo largo y ancho del país, pues, empieza un proceso de revolución, de rebelión no violenta, un proceso de transformación que es necesario. Yo estoy apostando a que la gente actúe con este tipo de formas ( ) hasta llegar fíjense lo que voy a plantear a obligar a Peña Nieto a renunciar, hasta que paremos todo ocho días, 10 días que la gente no vaya a trabajar, no vaya a la escuela, no vaya de compras, no vea televisión... Eso no lo aguanta un gobierno . El video tiene 997 vistas.

Gerardo: no cambies. Sigue haciendo estos happenings políticos. No vas a derribar ningún gobierno pero nos vas a divertir sin que paguemos impuestos por verte.

Oí por ahí

En este mundo no se puede estar seguro de nada, salvo de la muerte y los impuestos , Benjamín Franklin (1706-1790)