Con el acuerdo que declara a todas las obras públicas como de seguridad nacional, el presidente López Obrador le está dando la puntilla a las instituciones y concentrando en su persona todas las decisiones del sector público. El decreto impide que los funcionarios ejerzan el control sobre las obras públicas, ya que si no las aprueban en cinco días se aplica la Afirmativa Ficta.

Esta decisión es sólo una más de otras que ha tomado para debilitar a las instituciones y manejar el gobierno a su antojo, sin importarle la ley de la administración pública.

Su forma de gobernar a través de encargos y no de cargos, está provocando un desorden al interior del gobierno y el retraso en todos los trámites gubernamentales. Dejó la organización del desfile en manos del director del IMSS; la secretaría de seguridad pública se encargó de la vacunación en la frontera norte, el secretario de relaciones maneja el control de la inmigración y lo peor, le ha dado al Ejército una serie de responsabilidades violando la ley.

Su convicción de que lo más importante a la hora de hacer un nombramiento es la honradez y la cercanía con él y no la capacidad, ha provocado que gente sin conocimientos y experiencia esté a cargo de secretarías de Estado y organismos públicos. Si a esto le sumamos la disminución de los sueldos, la gente que se ha incorporado al gobierno tiene un nivel muy bajo de preparación y nula experiencia. López Obrador fue un pésimo estudiante y como consecuencia no le da valor a la preparación universitaria, a los grados académicos y a la experiencia.

El desmantelamiento de todos los fideicomisos y el ataque a los organismos independientes, que se crearon para reducir la discrecionalidad en las decisiones del gobierno es otra acción que está concentrando el poder en su persona. Tardamos muchos años en crearlos, para que varios legisladores de Morena, que como oposición fueron promotores de ellos, ahora sin dar ninguna explicación y sólo porque lo decide su jefe, quieran desparecerlos.

La descentralización de las oficinas de gobierno se había pospuesto, pero ahora el presidente está presionando a varias secretarías para que muevan sus oficinas; hay que esperar el caos que se va a dar, no sólo durante el traslado, sino cuando el gobierno federal esté disperso por todo el país.

Si a esto le sumamos la sumisión de los funcionarios públicos a todos los niveles, pero en especial de los secretarios de Estado y directores de organismos públicos, que no tienen el valor de defender sus instituciones y cuestionar lo que dice, así como la sumisión de los legisladores y gobernadores de Morena y de los ministros nombrados por él, el control del Estado por parte del presidente es cada día mayor.

López Obrador puede ser un gran político, pero es un pésimo administrador y si a la sumisión de sus subordinados, le sumamos su autoritarismo y la concentración de poder en su persona, así como su rechazo a cualquier cuestionamiento, cada día avanza más en su objetivo de el Estado soy yo.

Demetrio Sodi

Político mexicano

Desde la cancha

Ciudadano interesado en las soluciones para el país y la Ciudad de México. Político mexicano, ha sido diputado federal (1988-1991), senador (2000-2006) y jefe delegacional de Miguel Hidalgo (2009-2012).

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