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El Cantarell de AMLO

“No es lo mismo correr que trotar. Si uno corre, se cansa, no llega muy lejos; si uno trota, puede llegar; y si va uno caminando, puede uno avanzar más.” Suena sensato. Era 23 de enero de 2023 y el presidente López Obrador estaba criticando la política de intervención de los campos que Pemex aplicó en Cantarell. Así siguió: “es lo mismo, abrieron las válvulas, ‘vamos a sacar todo el petróleo’; entonces, ya cuando no se tenía presión suficiente natural se tomó la decisión, allá en los tiempos del presidente Zedillo, de inyectar nitrógeno a los pozos para sacar el crudo”.
Después fue más claro: “Esto dio resultados unos años, llegamos a tener tres millones 400 mil barriles diarios”, advirtiendo las tentaciones del cortoplacismo petrolero. “Pero a partir de que llegamos a ese volumen de extracción, de producción, empezó a declinar la producción petrolera, sobre todo Cantarell, porque se contaminaron pozos, muchísima quema a la atmósfera de gas.” Pero quizás sea cierto que nadie aprende en cabeza ajena. Mientras el presidente López Obrador compartía esas reflexiones, la gerencia de Pemex bajo su control estaba intentando hacer algo equivalente. De hecho, en los términos en los que lo ha documentado Stefanie Eschenbacher de Reuters, peor.
Que las inyecciones propuestas por Pemex para Quesqui sean de agua y no de nitrógeno, como en Cantarell, no es ningún consuelo. Reuters de hecho cita un documento interno en el que la Comisión Nacional de Hidrocarburos concluyó inicialmente que el plan de desarrollo presentado por Pemex, de unos 3 mil millones de dólares de inversión, está “pobremente analizado”, carecía de bases y podría generar “daño irreparable” al yacimiento. De acuerdo con algunos, inyectar agua a Quesqui es simplemente incompatible con la formación geológica. Esto parece confirmarse por el hecho de que oposición inicial de la CNH a este plan era unánime.
Claro que Quesqui no se compara en tamaño al Cantarell de las buenas épocas. Pero su producción de más de 190 mil barriles de condensado al día lo hacen uno de los campos más valiosos de Pemex hoy en día. Apenas el año pasado era reconocido como “el campo prioritario que salva la producción de Pemex”, por el meteórico crecimiento de su producción. Con toda proporción guardada, es el Cantarell del momento. Si algo, entonces, en el caso de Quesqui estaríamos ante una señal de desesperación más significativa – y por lo tanto potencialmente más dañina. A Cantarell lo arruinaron cuando empezó el declive, tratando de mantener el pico de producción décadas después de su descubrimiento. A Quesqui lo están forzando desde el arranque. Esta vez, además, el uso de la fuerza bruta no se limita al despliegue de presión técnica en el campo. El mismo Reuters encontró evidencias de que los funcionarios de la Comisión Nacional de Hidrocarburos que se opusieron al plan de Pemex para Quesqui fueron presionados. En este contexto, algunos funcionarios renunciaron. Otros cambiaron su voto. Reuters cita a cinco fuentes que confirman que el plan de Quesqui que se terminó aprobando es prácticamente idéntico al original. Quesqui va.
“Es lo mismo, abrieron las válvulas, ‘vamos a sacar todo el petróleo’; entonces, ya cuando no se tenía presión suficiente natural se tomó la decisión, allá en los tiempos del presidente Zedillo, de inyectar nitrógeno a los pozos para sacar el crudo”. Sólo que ahora, en los tiempos del presidente López Obrador, se trata de inyectar agua para sacar condensados. Y, como de repente hay indicios de que siguen existiendo algunos reguladores energéticos, darle seguimiento con una buena dosis de presión política. ¿Qué nos hace pensar que esta vez no vamos a acabar con yacimientos arruinados y pozos contaminados?
@pzarater

