Cada año me gusta hacer un espacio en esta columna para reflexionar sobre el famoso Buen Fin, que este año se extendió a 11 días pero que en realidad no termina de acabar. Muchas empresas han decidido extender las “ofertas” ya que esta semana coincide con el famoso Black Friday en Estados Unidos, que suele durar hasta el lunes (Cyber Monday) para compras en línea.

En general, durante El Buen Fin, evito acudir a centros comerciales y tiendas departamentales a menos que tenga algo que comprar. Este año con mucha más razón: no tengo nada que comprar que amerite arriesgar mi salud y la de los demás. Mejor me quedé en casa.

Sin embargo, por curiosidad estuve revisando las ofertas publicadas y en general ha sido lo mismo de siempre: los descuentos en general no son diferentes a los que se pueden encontrar en otras épocas del año; la mayoría de las promociones se enfocan a muchos “meses sin intereses”.

Sí se dan algunas ofertas atractivas, particularmente en electrónicos (pantallas o computadoras), pero sólo los modelos que ya han sido descontinuados o reemplazados desde hace tiempo (los fabricantes aprovechan El Buen Fin para deshacerse de los que les quedaban). De hecho, en muchos casos, los modelos recientes ni siquiera tienen descuento: sólo ofrecen la posibilidad de pagarse a meses.

Por otro lado, algunos bancos han ofrecido promociones adicionales para incentivar el uso de sus tarjetas de crédito, pero sólo con “comercios participantes” que por lo general son los grandes almacenes, pero no los comercios pequeños, que son los que más necesitan incrementar las ventas.

He leído algunos artículos de prensa que mencionan que la afluencia ha sido menor que otros años (o por lo menos, más distribuida a lo largo de los días) y que se ha concentrado en los grandes almacenes. Había líquido antibacterial disponible, la gente usaba cubrebocas (aunque algunos no de manera correcta, limitando su efectividad) y en varios departamentos la sana distancia no era respetada.

También estuve revisando distintos sitios de comercio electrónico y lo que me ha quedado claro es lo atrasado que estamos como país en ese sentido. Incluso las grandes cadenas departamentales no son todavía capaces de manejar eficientemente su inventario. Una de ellas publica en su tienda en línea sólo una pequeña fracción de los productos que vende en sus espacios físicos.

Espero que mis lectores hayan seguido los consejos que dimos en este espacio al inicio del evento para mantener su gasto bajo control. Espero que nadie haya hecho compras no planeadas simplemente porque estaban “en oferta”.

Pero sobre todo, ojalá que ningún lector haya abusado de los meses sin intereses. Porque, aunque sean sin intereses, siguen siendo una deuda que tendremos que pagar con dinero que todavía no ganamos, comprometiendo así nuestro flujo de efectivo futuro. Recordemos lo que han vivido muchas personas durante esta pandemia: tienen que seguir pagando las mensualidades de lo que compraron el año pasado, aún cuando sus ingresos han sido severamente afectados. Dejándoles aún menos dinero para poder vivir o teniendo que recurrir a otras deudas.

Si ese es tu caso, lo más importante entonces es sacar lo bueno de lo malo: aprender de la experiencia y darte cuenta de lo importante que es tomar el control de tu dinero.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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