NUEVA YORK – El 8 de febrero, la empresa de autos eléctricos Tesla de Elon Musk anunció que había invertido 1,500 millones de dólares de sus reservas en efectivo en el Bitcoin en el mes de enero. La noticia ayudó a impulsar otro 10% el precio ya elevadísimo de la criptomoneda, alcanzando un pico récord de más de 44,000 dólares. Pero, especialmente en el caso del Bitcoin, lo que sube puede derrumbarse con la misma facilidad.

El Bitcoin fue inventado en 2008 y comenzó a comercializarse en 2009. En 2010, el valor de un solo Bitcoin subió de alrededor de ocho centésimos de centavo de dólar a ocho centavos de dólar. En abril de 2011, se comercializaba a 67 centavos de dólar, antes de trepar luego a 327 dólares en noviembre de 2015. El 20 de marzo del año pasado, el Bitcoin se comercializaba a alrededor de 6,200 dólares, pero su precio desde entonces se ha incrementado más de siete veces.

Hoy, el Bitcoin es una burbuja perfecta de 12 años. Alguna vez describí al oro como “un Bitcoin brillante”, y definí el precio del metal como una burbuja de 6,000 años. Fue un poco injusto con el oro, que solía tener un valor intrínseco como materia prima industrial (hoy esencialmente innecesario), y sigue teniéndolo como un bien de consumo duradero muy utilizado en joyería.

El Bitcoin, en cambio, no tiene un valor intrínseco; nunca lo tuvo y nunca lo tendrá. Es puramente un activo especulativo –una moneda fiduciaria privada- cuyo valor es lo que los mercados dicen que es.

Pero el Bitcoin también es un activo especulativo socialmente antieconómico, porque es caro de producir. El costo de “minar” un Bitcoin adicional –resolver enigmas informáticos utilizando equipamientos digitales con un alto consumo de energía- aumenta en tan escala que el stock total de la criptomoneda está limitada a 21 millones de unidades. 

Por supuesto, aún si el protocolo del Bitcoin no se modifica para permitir una oferta mayor, todo el ejercicio se puede repetir a través de la emisión de Bitcoin 2, Bitcoin 3 y así sucesivamente. Los costos reales de minar así también se replicarán. Es más, ya existen criptomonedas bien establecidas –por ejemplo, Ether- que operan en paralelo al Bitcoin.

Pero como demuestra el éxito de las monedas fiduciarias emitidas por los gobiernos, el universo de burbujas especulativas no se limita de ninguna manera a las criptomonedas como el Bitcoin. Después de todo, en un mundo con precios flexibles, siempre existe un equilibrio donde todos creen que la moneda fiduciaria oficial no tiene ningún valor –en cuyo caso, por consiguiente, no tiene ningún valor-. Y existen infinitamente muchos equilibrios “no fundamentales” donde el nivel general de precios –lo recíproco del precio de la moneda fiduciaria- estalla y se va al infinito o implosiona y se desmorona a cero, aun cuando el stock de dinero sigue siendo relativamente estable o no cambia en absoluto.

Finalmente, existe un equilibrio único “fundamental” en el que el nivel de precios (y el valor de la moneda) es positivo y ni estalla ni implosiona. La mayoría de las monedas fiduciarias emitidas por los gobiernos parecen haber trastabillado en este equilibrio fundamental y se mantuvieron allí. Los keynesianos ignoran estos equilibrios múltiples, y consideran que el nivel de precios (y así el precio de la moneda) están determinados exclusivamente por la historia y se actualizan gradualmente a través de un mecanismo como la Curva de Phillips, que establece una relación estable e inversa entre la inflación (inesperada) y el desempleo.

Más allá de qué perspectiva se adopte, las hiperinflaciones del mundo real –pensemos en la Alemania de Weimar o los casos recientes de Venezuela y Zimbabue- que efectivamente reducen el valor del dinero a cero no son ejemplos de equilibrios no fundamentales, sino más bien de equilibrios fundamentales que fallaron. En estos casos, los stocks de moneda estallaron y el nivel de precios respondió en consecuencia.

Las criptomonedas privadas y las monedas fiduciarias públicas tienen el mismo rango infinito de equilibrios posibles. El equilibrio de precio cero siempre es una posibilidad, ya que es el único equilibrio fundamental que se mantiene estable.

El Bitcoin claramente no está exhibiendo ninguno de estos equilibrios por el momento. Lo que tenemos, en cambio, parece ser una variante de un equilibrio de precios explosivo y no fundamental. Es una variante porque debe permitir que el Bitcoin haga un salto posible, aunque inesperado, de su trayectoria de precios explosiva actual al equilibrio fundamental agradable o al escenario de precio cero no tan agradable. Esta perspectiva de múltiples equilibrios sin duda hace que invertir en activos intrínsecamente sin valor como el Bitcoin y otras criptomonedas privadas parezca riesgoso.

El mundo real, por supuesto, no está limitado por el rango de equilibrios posibles respaldados por la teoría económica tradicional que se detalla aquí. Pero eso hace que el Bitcoin sea una inversión aún más riesgosa.

La reciente compra de Bitcoin por parte de Tesla demuestra que un comprador adicional importante que ingresa al mercado puede impulsar el precio de la criptomoneda de manera significativa, tanto directamente (cuando los mercados no tienen liquidez) como indirectamente a través de efectos de demostración y emulación. Pero la salida de un solo jugador importante probablemente tenga un impacto similar en la dirección contraria. Las opiniones positivas o negativas pronunciadas por creadores de mercado tendrán efectos significativos en el precio del Bitcoin.

La espectacular volatilidad de precios de la criptomoneda no es sorprendente. Las fluctuaciones de mercado profundamente irracionales como la que llevó el precio de la acción de GameStop a picos sin precedentes en enero (seguidos de una corrección importante) deberían servir como un recordatorio de que, a falta de algún anclaje de valor fundamental obvio, el Bitcoin probablemente siga siendo un ejemplo de manual de un exceso de volatilidad.

Esto no cambiará con el tiempo. El Bitcoin seguirá siendo un activo sin valor intrínseco cuyo valor de mercado puede ser algo o nada. Sólo quienes tienen apetitos de riesgo saludables y una capacidad robusta para absorber pérdidas deberían considerar invertir en él.

El autor

Willem H. Buiter es profesor visitante de Asuntos Públicos e Internacionales en Columbia University.

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