No hablaré aquí del mexicano burgués de clase alta acomodada para quien el 10 de Mayo es como cualquier otro día de fiesta en el que sale a comer a un restaurante gourmet con su mamacita adorada y/o con su esposa a las que además les hace un buen regalo. Acoto aquí la creencia de algunos resentidos sociales que opinan que los extremadamente ricos no tienen a quién festejar en este día.

Tampoco hablaré del mexicano de clase media -clase pobre alta- para quien el Día de las Madres significa sumarle una cantidad extra a la de por sí saturada tarjeta de crédito, para cumplir con el expediente del regalo y la comida que ordena la sociedad consumista en la que compite.

Hablaré del mexicano típico –jodido pero contento- para quien en aras de respetar los usos y costumbres, las tradiciones y valores de nuestra nacionalidad no puede pasar desapercibido el 10 de Mayo. Ese día, la familia mexicana se congrega para festejar a la mujer que nos arrulló en la cuna.

Pero lo paradójico de tal costumbre es que en el día de su fiesta la madrecita mexicana –la que ocupa el nicho inmarcesible del amor filial- trabaja como pocas veces en el año –las otras son en Navidad y en Año Nuevo- para que sus hijos, hijas, nueras, yernos, nietas y nietos se pasen un día de agasajo familiar. Madrecita –dice Raymundo, el mayor de sus hijos que desde que los abandonó su padre, tres días después de nacer el octavo de sus hermanos, es el que representa la autoridad masculina en la casa-, ¿por qué no se hace –le habla de usted en señal de respeto- un mole poblano que tan bien le sale? Ándele, anímese, es para festejarla a usted como se merece. La mujer –que nos enseñó de niños lo que vale el cariño exquisito, profundo y verdadero- va a replicar que últimamente no se ha sentido bien cuando Griselda, la nuera, aduladora complementa: Es que de veras doña Rosa que nunca he probado un mole como el que hace usted. Oh –presume Raymundo- es que mi jefa no compra el mole en pasta, ella lo hace solita y a la manera clásica en el metate. Tome –le da 200 pesos- y ya les dije a los baquetones de mis hermanos que le entren con su cuerno pa’que le alcance y le ponga hartas piezas de pollo. Y ahí tienen ustedes a la mujer –que nos enseñó de niños lo que vale el cariño exquisito, profundo y verdadero- yendo a conseguir hasta el mercado de abastos, para gastar menos, los ingredientes necesarios que ella misma tuesta, cuece, pela y muele en el metate en una jornada agotadora de trabajo mientras con resignación piensa: Todo sea por reunir a mis hijos y que se la pasen a gusto en mi día. –Y pareció que sobre aquel ambiente flotaba inmensamente un poema de amor y de amargura-.

Madre sólo hay una (y a veces ni eso)

En su libro El mexicano, psicología de sus motivaciones, Santiago Ramírez (1921-1989) apunta que una de las cosas que más importan en la vida del mexicano es su relación con la madre; usándola como estandarte y símbolo se rebelará contra el padre y obtendrá su afirmación en la gesta de independencia; usándola como símbolo fiel que la acompaña siempre, la soldadera, gestará la revolución contra la arbitrariedad del padre cruel y distante: la dictadura. Cuando el mexicano dice: Me importa madre , está negando su realidad profunda, ésa que sí se expresa cuando afirma: Me dieron en toda la madre .

A partir de lo escrito por el eminente psicoanalista, obviamente mexicano, me propongo señalar algo que si bien no es iné­dito viene al caso en el día que hoy celebramos –aunque para el lector sea el día de ayer-, el uso contradictorio de la palabra madre en nuestro lenguaje cotidiano: Si algo está bien decimos: Está a toda madre . Si algo es feo, está malhecho o no nos gusta decimos: Es una madre . A una mujer de buen ver le decimos: Mamacita . Si alguien es buena onda decimos: Ese güey es poca madre .

Pero si por el contrario una persona es cínica o desvergonzada decimos: Tiene muy poca madre o de plano no tiene madre .

Esta última expresión también tiene su connotación positiva: El flan no tiene madre ; por el contrario si el flan no nos gusta comentamos: Sabe a madres . Si se va la luz expresamos: No se ve ni madres . Si huele mal:

Huele a madres . Cuando algo salió mal o se echó a perder usamos la expresión: Ya valió madre . Cuando algo nos importa poco, como a Emilio González, El Gober Piadoso, la opinión de la gente decimos: Me vale madre .

Si vamos rápido especificamos: Vamos hechos la madre . Yo les pido pura madre es una frase con la que proclamamos nuestra autosuficiencia. ¡En la madre! es una exclamación de sorpresa. Si una persona sufre un accidente se dice: Se dio en la madre , si el accidente no fue muy fuerte entonces decimos: Nomás se dio un madrazo . Te voy a partir la madre , indica una amenaza de agresión. Me tienes hasta la madre , puede decirle una novia a su pareja cuando ya la hartó. También decimos: Estoy hasta la madre de trabajo , o bien, en la fiesta, fulano, se puso hasta la madre para revelar que se le pasaron las copas. Recordemos un viejo chiste: ¿En dónde estudias? En el Instituto del Sagrado Corazón. Ahí enseñan puras madres. No, también enseñan Geografía y Gramática.

Fe de erratas

Cae más pronto un hablador que un cojo. El refrán viene al caso porque al comentar, el pasado jueves, la amañada encuesta realizada para que el presidente Calderón vaya con nuestra venia a la inauguración del campeonato Mundial de Futbol en Sudáfrica, el que escribe presumió ser futbolero y conocedor del tema. Y al dar mi respuesta a una de las siete preguntas que formaron la encuesta, que únicamente contestaron 2,516 suertudos que pudieron contactar el portal de Internet asignado para la misma, dije que la Selección Mexicana de Futbol jamás había llegado a la etapa de cuartos de final. De inmediato una multitud de lectores –tres pero bien peinados- me hizo saber que en los mundiales celebrados en nuestro país en 1970 y en 1986 nuestro equipo representativo sí llegó a esa instancia.

Debo reconocer que tienen razón, la Selección Nacional llegó a cuartos de final en esas dos ocasiones. Reconozco mi error que tuvo su origen al confundir los cuartos de final con el quinto partido al que jamás hemos llegado. En los dos campeonatos celebrados en México compitieron 16 equipos, con lo cual bastaba pasar a la segunda ronda –cuarto partido que perdimos contra Italia 1970 y contra Alemania 1986- para estar en cuartos de final. Con esa falla garrafal di muestras de que de futbol no sé ni madres.

Por cierto, otro lector, Federico Arroniz, opina que Felipe Calderón no debe ir a dicha inauguración, no porque tenga cosas más importantes que hacer, eso en su opinión es lo de menos. Por lo que no debe asistir es por su fama de gafe –mufa se dice en lunfardo argentino- salitre decimos en México. Su presencia puede provocar que en lugar de que el equipo mexicano juegue el quinto partido se le aparezca el quinto jinete del Apocalipsis.