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Ecuador: ¿Estado no narco?

Buenos Aires. El síntoma: la frontera entre la mafia y el gobierno se diluye.
El nombre de la enfermedad: Estado fallido.
Danilo Carrera, cuñado del entonces presidente de Ecuador Guillermo Lasso manejaba 14 mil millones de dólares anuales al frente de las empresas energéticas del estado, cifra que se aproxima al 50% del presupuesto del país.
Carrera le abrió la puerta de la abundancia a su amigo Rubén Cherres Faggioni. El 31 de marzo del año pasado, el cuerpo de Cherres apareció sin vida en su casa de playa ubicada en la localidad de Punta Blanca, provincia de Santa Elena, Ecuador, a tan solo 800 metros de la casa de descanso del presidente Guillermo Lasso.
Entre las pertenencias de Cherres analizadas por la policía, se encontraba un teléfono celular que mostraba el seguimiento detallado a los periodistas Andersson Boscán, Mónica Velásquez y Luis Eduardo Vivanco, los tres del portal La Posta.
Esta plataforma de noticias reveló la red de corrupción encabezada por el cuñado de Lasso, Rubén Cherres Faggioni con la mafia albanesa. El caso lo llamó “El Gran Padrino”.
El Gobierno de Lasso supo que la mafia albanesa perseguía en particular a Boscán y a su esposa Velásquez, pero guardó silencio “casi esperando que la mafia le hiciera el trabajo que ellos no querían hacer”, me comentó a finales del mes de julio pasado Luis Eduardo Vivanco.
Ecuador presenta una tasa de homicidio alarmante: 46.5 por cada 100,000 habitantes; supera a Honduras (35), Venezuela (26.8), México (26.1) y Colombia (25.3). En términos absolutos, entre 2021 y 2023 la cifra de crímenes saltó de 2,100 a 7,600 el año pasado.
Guayaquil tiene una ubicación privilegiada para la distribución de cocaína. El kilo se cotiza en 2,000 dólares en la región y escala a 30,000 dólares cuando viaja hacia el norte y a Brasil.
Desde el río Guayas salen 300,000 contenedores comerciales al año, cifra que supera la operación de revisión.
La violencia fue incubada durante los gobiernos del populista Rafael Correa, hoy prófugo de la justicia ecuatoriana. Había negociación y por ello no había violencia. El Estado fallido era consentido por el propio Correa.
A Lasso, la violencia se le sale de control, y la frontera entre la mafia y el gobierno se disipa por las implicaciones que tuvo el caso El Gran Padrino.
México, su gobierno, baja la mirada por pudor cuando el torrente de noticias rojas llegan desde Ecuador. No solo la mafia albanesa opera en el país, los dos brazos de los principales cárteles del narcotráfico (Sinaloa y Jalisco Nueva Generación) están activos en el país a través de Los Choneros y Los Lobos.
Ambas agrupaciones suman 22,000 sicarios distribuidos en diversas ramificaciones criminales; por ejemplo: Las Águilas, R-7 y Los Gángsters, entre otras.
Los métodos de coacción son crueles y exportados desde México: colgados, descabezados o desintegrados.
El periodista y candidato presidencial Fernando Villavicencio documentó la operación de los cárteles de la droga en Ecuador, y ubicó cárceles que son en realidad cetro de operación de las mafias que se encargan de sobornar a jueces, policías y políticos.
Villavicencio fue asesinado luego de salir de un evento electoral el pasado 9 de octubre.
Daniel Noboa ganó las elecciones luego de la convocatoria que hiciera Lasso debido a que el Congreso inició un proceso de destitución en su contra por el caso El Gran Padrino. Lasso oprimió el botón nuclear y desintegró el Congreso.
Noboa declaró la guerra al narcotráfico. El martes, recibió una respuesta en transmisión directa de un noticiero de televisión. La vimos todos en el mundo.
Los dogmáticos piensan que se trata de una batalla entre izquierda o derecha. Bueno fuera.
No, el dilema es Estado o narco.

