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Opinión

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ESSA, ¿una paraestatal fallida?

A diferencia de la cotización de los hidrocarburos y sus derivados, el precio internacional de la sal está a la alza. México tiene a la mina de sal a cielo abierto más grande del mundo -donde se produce ese mineral con un altísimo grado de pureza- pero la comercialización de ese producto no renovable genera pérdidas.

El costo de producción de una tonelada métrica es de 15.25 dólares, pero la Exportadora de Sal está obligada a entregar al menos tres cuartas partes de su producción anual a Mitsubishi Corporation, que en los últimos tres años ha gozado de un trato preferencial, con contratos que le han permitido acceder a precios inferiores a los prevalecientes en el mercado internacional, que paga más de 30 dólares por tonelada.

El manejo de la Exportadora de Sal -sui géneris dentro del organigrama gubernamental, por su carácter de empresa paraestatal, con participación minoritaria de capital extranjero- ha sido tema de discusiones y jaloneos en los últimos tres años. ESSA se constituyó con una coinversión entre el Fidecomiso de Fomento Minero y la corporación japonesa; el año pasado festejó 60 años de operaciones con más pena que gloria. Aunque los intentos para desincorporarla del esquema paraestatal datan desde el sexenio salinista y se intensificaron a la mitad del foxismo, con un proyecto que estuvo a cargo del entonces subsecretario Sergio García de Alba, que naufragó por la oposición de la directiva de Mitsubishi. En esa transacción tuvo una participación relevante el ex titular de la Secofi, Herminio Blanco Rebollo.

A finales del año pasado, la Auditoría Superior de la Federación recomendó al Consejo de Administración de ESSA fijar una política de precios de venta de sal. Se observaron ventas en las que el precio aplicado fue inferior al costo promedio de producción en el 2013, lo que propició que ESSA no recibiera 3,412 millones de dólares (43,816 millones de pesos) para cubrir al menos dicho costo . Ex administradores de la empresa calculan que a la fecha se habría acumulado un daño patrimonial por 50,000 millones de pesos, entre las pérdidas cambiarias y los reembolsos entregados por ESSA a Mitsubishi.

Tras seis meses de disputas y polémicas, el contador público mexiquense Pedro Silvino Xavier Lazcano Díaz -quien fungía como oficial mayor de la Sedatu- llegó a la dirección general de ESSA. Tras ser ratificado en el cargo por la junta directiva, mantuvo como director de Administración y Finanzas al ingeniero José Guillermo Esquivel y Esquivel.

El arribo de Esquivel y Esquivel a ESSA data de hace ocho meses, por instrucciones directas de Mario Alfonso Cantú Suárez, coordinador general de Minería de la Secretaría de Economía. Ese nombramiento objetado por el anterior titular de la Exportadora de Sal, Jorge Humberto López Portillo Bazave, produjo un cisma al interior de la paraestatal que tuvo como principal consecuencia que los contratos firmados por el director saliente con nuevo clientes, que habían aceptado pagar 25 dólares por tonelada de sal, quedaran en suspenso.

Para el 2015, Mitsubishi Corporation pactó con sus socios mexicanos un precio de 18 dólares por tonelada, menos gastos de operación. Funcionarios de la anterior administración revelan que el tipo de cambio es de 12.90 pesos por dólar. De modo que si al término del año son entregadas 9 millones de toneladas a la corporación asiática, se perderán más de 670 millones de pesos, si no se ajusta la paridad cambiaria a la cotización actual.

Además de la ralentización de los planes para elevar la productividad de ESSA, las disputas burocráticas han puesto en vilo al programa de sustentabilidad ambiental, que permitiría eficientar el manejo, la descarga y la dilución de la salmuera residual. El contrato para el manejo de los desechos químicos almacenados durante casi dos décadas de operación había sido otorgado a una empresa particular, que pagaría 1,200 millones de dólares. Esos ingresos tampoco llegarán, en el corto plazo. Tampoco la solución a la contaminación ambiental que afecta miles de hectáreas en la zona de la Biosfera del Vizcaíno.

Hay desincorporaciones fallidas, como las que acaba de ejecutar el gobierno federal con los nueve ingenios azucareros. Y hay paraestatales fallidas... como ESSA.

Efectos secundarios

¿DRACONIANOS? La implementación de las políticas públicas para combatir el sobrepeso, la obesidad y la diabetes trae consigo un intenso debate sobre el impacto de la aplicación de la regulación sanitaria y, sobre todo, de las medidas fiscales. Las ONG que promueven reducir el consumo de productos con alto contenido calórico pregonan la caída del consumo de refrescos y néctares (12% menos, en el 2014) como resultado de la nueva política impositiva. Lo cierto es que la revisión de las finanzas públicas revela que en el primer cuatrimestre del 2015, la recaudación de este impuesto fue 49% mayor que la registrada en el mismo periodo del año anterior (6,164.1 millones de pesos contra 4,023.3 millones). A lo largo del 2014, fueron recaudados 18,255 millones de pesos, 48% más que los 12,455 millones de pesos calculados por la autoridad hacendaria dentro de la planeación presupuestal. La última trinchera en esta batalla es la inclusión del etiquetado frontal, que a estas alturas debería ser obligatorio. Entre tirios y troyanos, la unanimidad radica en que para mejorar la salud de la población es necesario implementar medidas integrales de salud pública.

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