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Discurso del presidente López Obrador en Washington: una agradable anomalía
El entorno de la cumbre entre los presidentes Biden, López Obrador, y del primer ministro Justin Trudeau, antes de llevarse a cabo, estaba rodeado de más preguntas que de respuestas.
El discurso público del presidente López Obrador es una anomalía que no deja mal sabor de boca si tomamos en cuenta que el acuerdo comercial entre Estados Unidos, Canadá y México hace las veces de Constitución compartida.
Es anomalía debido a que el discurso de AMLO fue económico, de integración de mercados y en contra de China. Tres elementos ausentes durante sus conferencias en Palacio Nacional.
Es anomalía porque define al acuerdo comercial como “un valioso instrumento para consolidar nuestros procesos productivos”. Elemento fundamental: habla en plural escapando de la visión etnocentrista de sus discursos domésticos.
Es anomalía porque por fin reconoce la necesidad de competir como región frente al exterior: el T-MEC “permitirá desarrollarnos como ninguna otra región del mundo”.
Es anomalía porque introduce datos en su discurso: “De mantenerse la tendencia de la última década, en otros 30 años, para el 2051, China tendría el dominio del 42% del mercado mundial y nosotros, Estados Unidos, México y Canadá nos quedaríamos con el 12 por ciento”.
Es anomalía porque en su discurso introduce indicadores macroeconómicos: “El consumo per cápita de América es de 18 mil 100 dólares anuales, mientras que en Asia es de 4 mil 400 dólares”.
El discurso de AMLO deja atrás el capítulo Trump al aplaudir a Biden su intención de legalizar a migrantes: “Ningún mandatario en la historia de Estados Unidos ha manifestado, como usted, un compromiso tan claro e inequívoco para mejorar la situación de los migrantes y le expreso, por ello, mi reconocimiento”.
Los discursos no domésticos y, en particular, los viajes al exterior del presidente López Obrador son anómalos porque solo viaja fuera del país solo una vez al año en promedio. Cualquier reacción o comentario que haga sobre sucesos no mexicanos se convierte en noticia.
No hay duda que la cumbre con Canadá y Estados Unidos incentiva el pragmatismo del presidente López Obrador, y deja atrás su retórica chavista que sin duda alguna lo deja mal parado frente a demócratas o líderes de Estado acostumbrados a respetar el Estado de derecho.
El contacto con el exterior del presidente López Obrador no debería de ser una anomalía. Todas las interacciones y contactos en cumbres representan la ampliación del espectro nacional, situación que no tendría que ser materia optativa para el presidente.
Ha sido el embajador Ken Salazar el político que ha encendido las luces largas de la Casa Blanca. Con ellas ha visto el riesgo que representaría la aprobación de la reforma energética que propone el presidente AMLO.
La dependencia que tiene México sobre Estados Unidos convierte al acuerdo comercial T-MEC en el cuarto poder mexicano, un poder con el que Estados Unidos y Canadá tienen clara injerencia legal en México, todo, con el visto bueno del presidente AMLO.
El embajador Ken Salazar le ha recordado al presidente López Obrador las líneas rojas a las que se enfrentaría en el escenario de que incumpla lo establecido en el T-MEC.
Ayer, el presidente Biden firmó la ley extraterritorial con la que su Gobierno apoyará a los agentes de la DEA que realicen operaciones en el extranjero. Se trata de la respuesta a la enmienda de la ley de Seguridad que el presidente López Obrador firmó el año pasado, la ley anti DEA.
Es política.
@faustopretelin

