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Diplomacia cultural: Cioran y Belinda, en la 4T

“¿Y las bandas de rock (...) que no hicieron estudios clásicos y no cantan en español o en inglés y sí en lenguas como el mixteco, huichol o tzotzil? ¿Serán menos cultura y menos México esas originales y muy representativas propuestas musicales que buscan vincular la tradición indígena con la modernidad?”.
Son preguntas formuladas por la Secretaría de Relaciones Exteriores a diplomáticos mexicanos durante la Reunión de Embajadores y Cónsules. Todo la familia diplomática recibió un documento llamado “La diplomacia cultural de México 2018-2014; 7 propuestas para su fortalecimiento e innovación”.
En tono amigable, el documento elabora un marco comparativo para resaltar sus novedades: “Muralismo sí, las maravillas de nuestro pasado prehispánico sí, claro, (...) Diego y Frida (...), la excelencia de Octavio Paz y Carlos Fuentes, también. Por su puesto”. Pero la nueva oferta cultural apunta a lo que hacen “las comunidades de mexicanos en Estados Unidos”.
Loable e integradora resulta la estrategia de Marcelo Ebrard al decir que cantantes o grupos mixtecos, huicholes o tzotziles podrían resultar mucho más refrescantes para la promoción de la imagen de México en el exterior que las típicas bandas norteñas o mariachis tapatíos, sin embargo, emerge un cuestionamiento. ¿El objetivo es apoyar a grupos mixtecos en Arizona o promocionar la imagen de México a los estadounidenses? Al leer el documento no queda claro quién es el segmento objetivo de las estrategias promocionales de la diplomacia cultural.
El documento es limitado en cuanto a su alcance geográfico y sorprendente por la inconsistencia de sus objetivos. Sin embargo, es muy revelador: las áreas de interés para el nuevo gobierno son Estados Unidos y Centroamérica. Tal parece que África, Asia, Europa y Oceanía no son áreas objetivo para “la promoción de la imagen de México a través de la cultura”.
Es sensato reconocer que, si 50% del presupuesto de la cancillería se destina sólo hacia Estados Unidos, las estrategias dominantes sean dirigidas hacia allá. Sin embargo, nuevamente aparece una inconsistencia: ¿La diplomacia cultural del presidente López Obrador se dirige sólo a los mexicanos que viven en Estados Unidos?
Ideas y no comida
“Emil M. Cioran, corrosivo y lapidario como era, alguna vez argumentó que cuando los franceses arribaron a su declive como pensadores decidieron abandonar las ideas por la gastronomía. El abandono de la mente por el estómago”. Se trata del primer párrafo de la séptima propuesta: “Somos también lo que pensamos”. Inmediatamente dice: “Los mexicanos hemos hecho un poco la operación inversa: concentrados demasiado, para bien, en la gastronomía (...) hemos perdido de vista que el pensamiento es hoy una parte definitiva de nuestro patrimonio cultural y de nuestro porvenir”.
Tal parece que los autores de las siete propuestas deseaban meter con calzador una reflexión de Cioran. De otra manera no se entiende qué tiene que ver el mole con las ideas. El documento revela que Relaciones Exteriores desarrollará un programa de “reflexiones y discusiones públicas sobre lo que ocurre en el mundo”.
Injerencia en Estados Unidos
Será el Instituto Cultural de México en Washington el primero en organizar la “primara reflexión pública internacional”, inclusive, ya tiene título: “Pensar el Futuro, Nuestro Futuro”.
Ojo. “Los temas centrales a proponerse para esta primera conversación serán: ¿Cómo vemos los mexicanos, de uno y otro lado de la frontera, a los Estados Unidos de hoy? ¿Cómo se ve desde fuera al México de hoy?
Aquí lo interesante será conocer el nombre de los invitados. ¿Será John Ackerman para que le miente la madre a Trump? ¿A Antonio Attolini para que analice la obra filosófica de Yeidckol Polevnsky? ¿Será utilizada la sede de la Embajada mexicana para depositar los odios nacionalistas contra Estados Unidos? ¿Será el Instituto Cultural de México sede de injerencias en la política estadounidense? (Injerencia, palabra maldita en tiempos de Maduro).
¿O simplemente se va a promocionar a la cuarta transformación?
Queda claro que Marcelo Ebrard intentará realizar estrategias de poder blando en Estados Unidos a través de la diplomacia cultural. Me parece muy bien que lance una “caravana cultural” a la que llamarán Popol Vuh para mostrar un rostro diferente al que aparece en Fox News.
En la tercera propuesta, “Red de cooperación cultural comunitaria”, el documento revela que habrá designaciones de “embajadores culturales”. Serán “figuras del espectáculo, artistas, deportistas”. ¿Quiénes serán los embajadores culturales? ¿Belinda y Natalia Lafourcade? ¿Eréndira Ibarra y Claudia Lizaldi?
Algunos embajadores me dicen que no entienden el documento. Demasiada confusión burocrática sobre las actividades que, a manera de catering o outsourcing desarrollará la Secretaría de Cultura y no Relaciones Exteriores.

