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Opinión

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Dios perdone a Onésimo

Antes de entrar en materia permítanme hacer una aclaración para aquellos lectores que a estas alturas luego de un año cinco meses de publicar El Privilegio de Opinar dos veces por semana , parecen tener la percepción equivocada de que ésta es una columna de análisis político sensato, basada en información propia; y el autor de la misma un reportero especializado que investiga exhaustivamente los temas que aborda. Brincos diera yo porque así fuera.

Esta colaboración, lo he manifestado en más de una ocasión y ahora lo reitero, es una especie de caricatura escrita, basada en la información que está al alcance de cualquier ciudadano de a pie el autor no es otra cosa que eso . Los elementos de los que dispongo para su elaboración son las noticias que leemos diariamente en los periódicos, aderezadas con sentido del humor, sátira, ironía, parodia y sarcasmo, con el único afán de lograr una sonrisa a costa de aquellos que por acción u omisión o las dos cosas se mofan de la sociedad mexicana. Esta fauna, merecedora de nuestra burla, está constituida por todos aquellos que ocupan posiciones de poder no sólo en la política, sino también en la cúpulas empresariales y en las jerarquías eclesiásticas.

Lo digo porque en la colaboración del pasado jueves dedicada al narcotraficante de la sonrisa enigmática, al salvador en materia de seguridad del IV Informe del presidente Calderón, el delincuente que por su actitud da la impresión de que se dispone a tomar unas vacaciones no a purgar una condena, Edgar Valdez Villarreal apodado La Barbie, recibí críticas de algunos lectores que esperaban de mí un sesudo diagnóstico de la personalidad del delincuente, una información veraz sobre su vida y no el chacoteo biográfico que escribí.

Acepto el malestar que provoqué entre los lectores que manifestaron en su inmensa mayoría de manera anónima que lo escrito por mí era una tontería antiperiodística. Es digno de hacer notar que ninguno de los inconformes se refirió a mi escrito como una jalada demostrando con esto tener mejor lenguaje y educación que la de monseñor Onésimo Cepeda.

También recibí una que otra felicitación por el talante socarrón de mi colaboración, pero en honor a la verdad fueron más las opiniones en contra.

Reconozco que tal vez me faltó ingenio, o la mala leche que en otras ocasiones inunda la columna, esta vez, estuvo ausente. Un mensaje llamó mi atención, consistía en una sola palabra, el calificativo imbécil . He recibido mensajes sin firma, pero ésta es la primera vez que recibo una firma sin mensaje.

La jalada del Obispo

Entrevistado al concluir una misa en la Basílica de Guadalupe, Onésimo Cepeda recordó que es abogado también gourmet, golfista y apoderado de toreros y como tal explicó: Yo creo que no existe el Estado laico. El Estado está formado por pueblo, territorio y gobierno. ¿El pueblo es laico? No. ¿Los maizales, o sea el territorio es laico? No. ¿El gobierno es laico? Sí. Por tanto, somos un Estado gobernado por un gobierno laico. Por eso, perdóneme, pero eso del Estado laico es una jalada.

Debió explicar primero qué significa jalada. Según el diccionario, jalado (da) en Cuba significa embriagado por la bebida. A la luz de esa definición, ¿el Estado laico es una borrachera? El mismo mamotreto de la Real Academia de la Lengua precisa y da como segunda acepción que el adjetivo jalado (da) en Nicaragua se usa como sinónimo de pálido. ¿Es el Estado laico algo a lo que le falta colorido? En su tercera significación el lexicón dice que en México se usa el adjetivo para expresar lo que es un tirón (acción de tirar violentamente). ¿Es el Estado laico algo que tira violentamente? O más bien, el Estado laico es algo a lo que se le tira (se le derriba, se le liquida, se le derrumba) violentamente.

En lenguaje coloquial mexicano, que fue como se expresó el señor Obispo, algo jalado o una jalada es algo exagerado, tirado de los pelos. El origen de la expresión es sexual: jalársela es el acto masculino de masturbarse. ¿Es el Estado laico una masturbación, un acto de hacerse justicia por propia mano ?

A la pregunta: ¿En México hay libertad religiosa? El prelado contestó: Sí hay, aunque no tanto como la que debiera. Comprendemos que desde el punto de vista del señor obispo Cepeda y del de otros jerarcas católicos, en México habrá plena libertad religiosa el día que sea obligatorio asistir a misa y recibir los sacramentos bajo pena de ser procesado jurídicamente o, en su defecto, hacerse acreedor a una multa cuyo monto iría a parar a las arcas de la Sacra Institución. Hasta que la Suprema Corte de Justicia no reciba el nombre y atribuciones de Tribunal del Santo Oficio o Santa Inquisición la libertad religiosa, para los mencionados, será insuficiente.

Por cierto, dijo don Onésimo que de los tres componentes del Estado: pueblo, territorio y gobierno, sólo éste es laico. Sin embargo, según el significado de laico (que no tiene órdenes clericales) el pueblo aunque profese la fe católica es laico; ya no digamos el territorio que según él son los maizales plantas que producen el maíz, semilla que se le da a los magistrados de la Suprema Corte para que voten en favor de las aberraciones propuestas por Marcelo Ebrard y aprobadas por la Asamblea Legislativa del DF son laicos.

Por lo que respecta al gobierno en su opinión el único verdaderamente laico resulta que el Presidente de la República, máximo representante del gobierno y el Gobernador del Estado de México, estado al que pertenece el municipio donde está situada su diócesis, en sus respectivos informes de Gobierno omitieron, y con ello perdieron una ocasión propicia, hacer una definición clara, contundente de lo que verdaderamente significa el Estado laico que nos rige constitucionalmente y al que la jerarquía católica, de manera equivocada si no es que mal intencionada , ha satanizado en los últimos tiempos.

El laicismo

Creo ya haberlo trascrito aquí alguna vez, pero no está de más reiterar lo que afirma el filósofo Fernando Savater sobre este tema: El laicismo consiste en resguardar las instituciones civiles de la férula religiosa. Vivir en una sociedad laica significa que a nadie se le puede impedir practicar una religión ni a nadie se le puede imponer ninguna .

De lo anterior este textoservidor deduce que un Estado laico es, también, deber de éste no prohijar actitudes antirreligiosas. Vuelvo a Savater: Las autoridades religiosas no son autoridades morales ni legales: pueden establecer lo que es pecado para sus feligreses, no lo que ha de ser delito para todos los ciudadanos ni indecente para el común del público. El laicismo no es una opción institucional entre otras: es tan inseparable de la democracia como el sufragio universal .

Oí por ahí

Un amigo le platica a otro que estuvo en un Congreso donde hablaron de la deducción inductiva, ¿tú sabes lo qué es eso? No. Te voy a explicar: ¿te gustan los peces? Sí, me gustan. Si te gustan los peces, te gusta el mar. Sí, me gusta mucho el mar. Si te gusta el mar, te gustan las playas. Sí, me encantan las playas. Si te gustan las playas, te gustan las mujeres en bikini.

Me encantan las mujeres en bikini. Si te gustan las mujeres en bikini, te gusta acostarte con ellas. Por supuesto, me fascina acostarme con ellas. Bueno, pues eso es la inducción deductiva.

El amigo se va satisfecho con la explicación. Se encuentra a otro cuate y le pregunta: ¿Sabes lo qué es la deducción inductiva? Ni idea, explícame. ¿Te gustan los peces? No, no me gustan. Eres gay.

elprivilegiodeopinar@eleconomista.com.mx

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