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Detrás de la captura de El Barbas
La línea entre la propaganda y la incomunicación oficial es más exigua en el sexenio calderonista. Y mientras se borra, entre la ciudadanía crecen la incomprensión, el temor y la desconfianza.
En torno del acorralamiento y posterior ejecución de Arturo El Barbas Beltrán Leyva, hay pasajes oscuros, misteriosos. La historia comenzó el miércoles 9 de diciembre, después de que fuerzas policiacas locales informaran sobre el arribo de un vuelo privado al aeropuerto Hermanos Serdán, ubicado en Huejotzingo, a 25 kilómetros de la capital de Puebla y a 10 kilómetros de San Pedro Cholula.
En los predios del antiguo valle de maizales que separa a ambas ciudades se ha desarrollado, en los últimos tres lustros, una de las zonas residenciales más boyantes de todo el país. Hacia ella se dirigió un convoy de cuatro vehículos, cuyo avance fue monitoreado milimétricamente por las fuerzas locales.
Sin aval de las fuerzas federales, los judiciales poblanos decidieron interceptar al contingente, que después de pasar la noche habían parado a desayunar en el restaurante Juquilita. Allí inició una cacería que no se detuvo hasta siete días después, en Cuernavaca.
En Puebla murió un policía municipal, atrapado en uno de los tres intercambios de fuego sostenidos por sicarios y uniformados, y fue aprehendido un presunto integrante del Cártel de Sinaloa. Después de interrogarlos, las autoridades tuvieron la certeza de que los hermanos Arturo y Héctor Beltrán Leyva se dirigían a Tepoztlán, Morelos, para acudir a una fiesta.
En paralelo, oficiales de inteligencia de la Secretaría de Marina habían obtenido información sobre el ágape, convocado por Edgar La Barbie Valdés Villarreal y que iniciaría la tarde del viernes 11, en una casona ubicada en el fraccionamiento Los Limoneros. Allí detuvieron a El Rey del Acordeón, Ramón Ayala, y a Los cadetes de Linares.
Hasta ese momento, la presencia de los Beltrán Leyva se consideraba poco probable. Por eso, cuando los comandos especiales de la Armada de México irrumpieron en el lugar y se dieron cuenta de que La Barbie había huido y que los líderes del Cártel de Sinaloa habían pasado por allí, decidieron apretar más fuerte. Podían convertir esa casualidad en el golpe más contundente infligido por el Estado mexicano al crimen organizado en lo que va del sexenio.
Otro hecho tan fortuito como inexplicable estaba en desarrollo. El vocero de Los Pinos, Maximiliano Cortázar, se casaría el sábado 12 en el hotel Camino Real. Tendría como testigos de honor al presidente Felipe Calderón y a su esposa, Margarita Zavala, además de 400 invitados entre los que se contaban cinco secretarios de Estado, algunos de los empresarios periodísticos más importantes del país y los anchormen consentidos del régimen panista.
El Estado Mayor Presidencial cubrió el perímetro con cuatro retenes, desde el hotel hasta la desviación a Cuautla, sobre la autopista que va a México. Las torres Altitude del fraccionamiento Punta Vista Hermosa, donde El Barbas se había ocultado, están a menos de un kilómetro. Ésa es la distancia que lo separaba del Ejecutivo federal, mientras ocurría el enlace matrimonial de Cortázar. Cinco días después, un comando especial de la Marina tomó por asalto el conjunto habitacional.
Otras operaciones encubiertas aun tenían lugar en Puebla y Morelos, todavía la semana pasada.
Efectos secundarios
En la vorágine de estos acontecimientos, el presidente Felipe Calderón removió a Jorge Tello Peón de la Secretaría Técnica del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
Además de ocupar esa vacante con Juan Miguel Alcántara Soria, exsubprocurador, el Ejecutivo federal decidió que el SNSP quede bajo control del Secretario de Gobernación, con lo que establece una línea de mando, en los cuerpos civiles dedicados al combate al crimen organizado, en la que siguen, por orden de prelación, el procurador Arturo Chávez Chávez y el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna. Tello Peón continuará como Secretario Técnico del gabinete de seguridad y del Consejo de Seguridad Nacional. El berrinche que hizo cuando se le comunicó su cese es de antología.
INVISIBLE. Y no obstante tantos retenes militares en Puebla y Morelos, por esas entidades se ha visto recientemente a Julio César Godoy Toscano, quien además de ser hermano del gobernador de Michoacán, Leonel Godoy Rangel, es prófugo de la justicia desde que la PGR emitió una orden de presentación en su contra, hace cuatro meses.
Un día antes de la Navidad, a bordo de un helicóptero, el Diputado federal perredista arribó a la capital poblana para reunirse con su abogado, Fernando Castillo Pacheco.