La vida privada ha sido aniquilada por millones de usuarios de redes sociales que consideran sus interacciones privadas como de interés público; la zafiedad como producto de “lujo” estético presumible. La vida íntima es la siguiente víctima.

Ni las aventuras amorosas de Jacques Chirac con Claudia Cardinale ni la infidelidad de François Hollande con Valérie Trierweiler provocaron campañas con rasgos moralinos entre los opositores.

Tampoco las detonaron la existencia de Mazarine Pingeot, la hija que tuvo François Mitterrand fuera de matrimonio. Por muchos años Francia logró separar la vida pública de las interacciones privadas de sus políticos. El pacto no escrito sustentaba la sana visión de no armar guerras entre partidos a través de la metralla de la vida privada, siempre y cuando no se estuviera cometiendo un delito judicial.

En Estados Unidos las aventuras sexuales se llevan a escrutinio público. El candidato Donald Trump utilizó la vida privada de Bill Clinton como argumento moral para competir contra Hillary Clinton durante la campaña presidencial en el 2016. Al candidato republicano le pareció didáctico presentar a dos o tres amantes de Bill Clinton en una conferencia de prensa para que intoxicaran la imagen pública de la entonces candidata demócrata. Es decir, Trump contemporizó el caso de Mónica Lewinski.

Francia ha entrado en un proceso de la americanización de su política a través de un escándalo sexual. Benjamin Griveaux, cercano al presidente Macron, fue víctima de los bajos instintos del poder y en cuestión de minutos su imagen pública fue aniquilada a través de un video sexual que él le dedica a una mujer que no era su esposa. Ocurrió el miércoles a través de las redes sociales. Griveaux se retiró de la contienda electoral por la alcaldía de París.

Piotr Pavlenski, autor de la filtración del video justifica su decisión diciendo que Griveaux “es alguien que siempre se basa en los valores familiares, que dice que quiere ser el alcalde de las familias y siempre da el ejemplo de su esposa e hijos. Pero hace justo lo contrario”. Pavlenski interpreta el rol de árbitro moral que se dedica a desenmascarar la vida íntima de Griveaux.

En el 2018, Eric Greitens, gobernador de Misuri, renunció al cargo por haber tomado una foto a su amante, desnuda y atada, sin su permiso. Es claro que hubo coacción por parte del exmilitar de 44 años. Sin embargo, las palabras de Greitens resultaron absurdas: “No violé ninguna ley y no cometí infracción alguna que merezca un trato de este tipo”, comentó al borde de las lágrimas.

La tecnología de los celulares presenta facilidades para hackear la vida íntima de las personas, y si estas son figuras públicas, se convierten en blancos de sus enemigos.

Lo que hizo Pavlenski está tipificado como delito en Francia. Difundir videos íntimos sin el consentimiento de quienes aparecen en ellos equivale a una pena de prisión de dos años y una multa de 600,000 euros.

Ayer, la editorial de Le Monde destaca lo positivo de lo ocurrido a Griveaux. Ningún político ha usado su caso para sacar una rebanada de popularidad. Todos han rechazado la difusión del video a través de redes sociales.

Algo diferente ocurre en Estados Unidos con el caso del precandidato demócrata que, después de las primaras en Iowa y New Hampshire, se ubica en primer lugar en función del número de delegados. Pete Buttigieg, de 38 años y quien hizo pública su homosexualidad en el 2015, dijo que no aceptaría sermones de los seguidores de Trump, en referencia a Rush Limbaugh. La semana pasada, Limbaugh dijo al aire en su programa de radio que sería un deleite para Trump enfrentarse directamente a un candidato que se besa con su esposo sobre un estrado.

Limbaugh recibió este mes la Medalla Presidencial de la Libertad, la máxima condecoración civil en Estados Unidos.

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Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.