Apréndanse este nombre: Marjorie Taylor Greene. Es aspirante al congreso de Estados Unidos. Publicó en su portal de Facebook un montaje de una foto suya con una ametralladora, al lado de las tres congresistas de izquierda conocidas como “el escuadrón”: Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar y Rashida Tlaib, de quienes, dijo, “quieren destruir al país”.

Esta ferviente promotora de las armas, 100% pro Trump y que ha publicado contenido de odio también contra negros y musulmanes, no deja de hacer acusaciones de que los candidatos demócratas son una marioneta de los “comunistas”. Sus redes sociales supuran fake news, pero lo más escandaloso no es eso, sino que cree ciegamente en la teoría de conspiración de QAnon.

Así es: alguien con una mente tan brillante como para creer en esas teorías va a llegar al congreso. Es uno de los ominosos legados de un presidente como Trump, quien se refirió a ella como “la futura estrella republicana”.

El conjunto de ideas de QAnon nació hace tres años, en octubre de 2017, cuando un supuesto agente de inteligencia, conocido por el nombre de “Q” (a quien se le añade el sobrenombre de “Anon”, por “anónimo”), alertó en una red social de ultraderechistas que existía una conspiración de adoradores de satanás para apoderarse del mundo, y sobre todo de los niños, a quienes secuestran para violarlos, matarlos y beber su sangre. Como usted lo está leyendo.

Los depravados que supuestamente están al frente de esta conjura son nada menos que líderes demócratas como Hillary Clinton y Barack Obama, el actor Tom Hanks y el eternamente vilipendiado por todo aspirante a dictador: George Soros. Por supuesto están también los Rothschild (no podían faltar), y otros miembros destacados de la comunidad judía, en un movimiento que tiene claros rasgos antisemitas.

La letra Q es la que señala el mayor nivel de clasificación de inteligencia en el departamento de energía. Los conspiranoicos ven supuestas “señales” del apoyo de Trump a su movimiento en sus discursos y actitudes, como cuando se pone una corbata amarilla, que indica, según ellos, que en ese momento está rescatando a algún niño. El FBI ha manifestado que QAnon es una amenaza de terrorismo doméstico y que “es muy probable” que se cometan “crímenes violentos inspirados por sus creencias extremistas”. Pero cuando se le ha preguntado al presidente qué piensa de todo eso, ha rehusado deslindarse, fingiendo desconocimiento, lo que se desmiente con las decenas de retuits que manda sobre todo tipo de teorías retorcidas… principalmente de QAnon.

Nanotecnología para dominar al mundo

Otros miembros de la supuesta conspiración mundial son Angela Merkel, quien en realidad es “nieta de Adolf Hitler”, y el mismísimo Papa Francisco. Como prueba de que el Papa está implicado están los numerosísimos escándalos de pedofilia de la Iglesia Católica, lo que más bien demuestra que las teorías conspiranoicas se alimentan en numerosas ocasiones de pequeños fragmentos de realidad, con los que construyen sus grotescos universos discursivos.

En la psicología de mucha gente (que al menos algo podrían tener en común: no informarse de fuentes serias) esos discursos hacen “clic”, de modo que piensan: “claro, es lógico, cómo no lo vi antes”. En ese momento muchos se convierten a lo que más bien parece una religión, y salen a evangelizar a otros para que “abran los ojos”.

Esta tendencia a tomar fragmentos de realidad para elaborar teorías paranoicas está presente también en los abusos documentados de algunas empresas farmacéuticas. De ahí pasan sin escalas a acusarlas de mover los hilos del planeta, junto con otras grandes transnacionales para, por ejemplo, ocultar la cura contra el cáncer y ahora contra el Covid-19. Para muchos esta enfermedad ni siquiera existe, y si la hay es porque “la esparcieron” a propósito para acabar con los ancianos y diezmar a la población. Y las vacunas serán un instrumento para convertir a las personas en una especie de zombies manipulables, pues tendrán un chip “con nanotecnología de ADN que puede controlar tanto la actividad cerebral” como los sistemas nervioso y endócrino, para “garantizar la sumisión de todos los vacunados a un nuevo orden político y económico”.

Lo que resulta difícil de creer es que, incluso gente con estudios universitarios cae en estas teorías, en mayor o menor grado, y a cualquier correo o chat pueden llegar ligas que las “demuestran”. No es algo nuevo: está documentado que los más fanáticos negacionistas de las vacunas (los causantes de que el sarampión, que estaba prácticamente erradicado de Estados Unidos, se haya disparado otra vez, matando decenas de niños en ese país) son precisamente los neohippies altamente educados y millonarios de California. QAnon es actualmente un activo difusor de las teorías antivacunas.

Incluso los académicos difunden teorías disparatadas. José Luis Mendoza, el rector de la Universidad Católica de Murcia, se preguntaba en junio, supuestamente con una penetrante inteligencia, por qué Bill Gates y George Soros habían anunciado desde hace años que venía una pandemia. “Quieren controlarnos con un chip para dominar nuestra libertad”, decía el superdotado. Nada que, al parecer, no suscribiría alguien como Miguel Bosé en sus horas más bajas. “¿Pero qué se han creído? Esclavos y servidores de satanás”, agregaba el rector.

Por supuesto que Bill Gates tenía conocimiento de que vendría una pandemia: cualquier miembro de la comunidad científica internacional (o toda persona medianamente informada) lo sabía desde hace muchos años. Pero, para la mentalidad conspiranoica, eso es una demostración de que lo tenían todo planeado. De nuevo, una verdad sacada de contexto se toma como prueba contundente de la conspiración universal. ¿Quién más lo sabía? Claro, la Organización Mundial de la Salud, la corrupta organización que esconde la vacuna como parte de la trama macabra…

Otra narrativa común, que parte de una verdad fuera de contexto, son algunos escándalos de empresas de redes sociales como el caso de Cambridge Analytica y Facebook, con lo que se filtraran datos de usuarios. Partiendo de esto, muchos aducen el supuesto plan de las grandes corporaciones y de las empresas tecnológicas para dominar a la población.

El “estado profundo”

Según los conspiranoicos, Trump fue “reclutado” para vencer este complot y salvar a los pequeños. “QAnon ha incorporado elementos de muchas otras comunidades que creen en teorías de conspiración, como ciertas afirmaciones sobre el asesinato de John F. Kennedy y el movimiento que sostiene que hay una verdad alternativa sobre el 11-S”, escribe Kevin Roose en el New York Times. Ya cuenta con cientos de miles, si no es que millones de seguidores (los terraplanistas, que aunque nadie lo pueda concebir, creen fervientemente que la Tierra es plana, tienen también cientos de miles de seguidores y sus huestes siguen creciendo). A días de unas elecciones que el propio Trump ha dicho que serán fraudulentas y que quizá desconozca, el todavía presidente podría llegar incluso a azuzar a sus seguidores armados a que tomen las calles para “defender su victoria”.

El personaje conocido como “Q”, empezó publicando sus mensajes en 4Chan, un foro de internet de ultraderechistas que esgrimen esa otra teoría de conspiración según la cual los políticos que permiten la inmigración y la integración racial están preparando el apocalipsis de la raza blanca. Cuando 4Chan fue cerrada por las autoridades por misoginia, los ultras se pasaron a 8Chan, de donde abrevaron al menos tres asesinos múltiples. Brenton Tarrant, el neozelandés que el año pasado mató a 51 personas en Chistchurchy, publicó ahí su manifiesto antimusulmán de 74 páginas. Poco después otro supremacista mató a 22 personas, la mayoría de origen mexicano, en El Paso, Texas. ¿Dónde publicó su manifiesto contra la invasión de los inmigrantes, 27 minutos antes de disparar? En 8Chan, el lugar en donde “Q” publica sus “drops”, o entregas.

Según esta narrativa, Trump está defendiendo la democracia contra el “Deep State”, el supuesto estado profundo que domina la democracia norteamericana y a los presidentes, como si fueran marionetas. Los milicianos armados que hace unos días fueron arrestados por planear el secuestro y asesinato de la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer, se identifican con estas teorías. Se llaman a sí mismos “Los vigilantes de Wolverine” y también iban contra el gobernador de Virginia, Ralph Northam, para iniciar una guerra civil. Ambos mandatarios son demócratas y han establecido controles de movilidad para detener los contagios de Covid, lo que constituye su “crimen”.

Trump sabía de la situación incendiaria en Michigan, pues precisamente en el congreso de ese estado se habían manifestado grupos armados, lo que constituyó un momento de mucho peligro. Exigían que la gobernadora relajara las medidas de confinamiento por la pandemia. Aún así, el presidente decidió seguir incendiando el ambiente, exigiendo que “liberaran a Michigan”.

Hace unos días la periodista Savannah Guthrie le preguntó a Trump por qué retuitea los posts de QAnon:

–Apenas esta semana usted retuiteó una teoría de conspiración según la cual Joe Biden orquestó un plan para matar a miembros de las fuerzas armadas para encubrir la falsa muerte de Bin Laden; ¿por qué mandó una mentira como esta a sus seguidores?

–Eso era un retuit, una opinión de otra persona…

–Pero usted es el presidente, no el pariente loco de alguien, que puede retuitear cualquier cosa.

–Yo hago muchos retuits, y dado que los medios son tan falsos y corruptos, si no utilizara las redes sociales, nadie escucharía mi palabra…

–Pero esa palabra es falsa…

–La palabra es muy simple: estamos construyendo un país más fuerte que nunca…

–Déjeme preguntarle sobre QAnon, es esta teoría de que los demócratas son una camarilla satánica y que usted es el salvador… ¿podría usted de una vez por todas establecer que esto es completamente falso y repudiar QAnon en su totalidad?

–No sé nada de QAnon…

–Sí lo sabe.

–¡No! No lo sé.

–Ellos creen que hay una camarilla satánica dirigida por el “estado profundo”…

El presidente evadió la pregunta y volvió a hablar sobre Antifa y la izquierda radical. Pero la periodista quería obligarlo a condenar de una vez algo tan tóxico para la vida pública de su país:

–El senador republicano Ben Sasse dice que QAnon es una chifladura, y que los verdaderos líderes llaman a las teorías de conspiración así: te-o-rías de conspi-ración. ¿Por qué no simplemente dice que es una locura y que no es cierto nada de eso?

¿Qué pasó ahí? El presidente, que ha retuiteado decenas de veces los perturbados posts de QAnon, dijo que no sabía nada de eso, solo que “están en contra de la pedofilia”.

Una cuenta defensora de QAnon, con 50 mil seguidores, festejó lo que había dicho Trump, como si fuera una “plena y completa confirmación”, según reportó Los Angeles Times, basado en una investigación de la organización Media Matters for America. Ese diario, como todas las fuentes serias (que son las que nunca consultan quienes siguen las teorías de la conspiración), ha hurgado en la importancia de QAnon en las elecciones que se avecinan, de lo que hablaremos en la siguiente entrega.

José Manuel Valiñas

Analista de temas internacionales

Planetario

José Manuel Valiñas es articulista de política internacional. Dirigió la revista Inversionista y es cofundador de la revista S1ngular.

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