El camino transitado para concretar la propuesta de formato que aplicará al primer debate presidencial no fue sencillo. Su aprobación avanzó con aproximaciones sucesivas que tomaron en cuenta preocupaciones de representantes de la candidata y los candidatos presidenciales, pero siempre teniendo por delante no descuidar a las audiencias y su derecho a informarse con un debate ágil, más abierto, no acartonado como los de años anteriores; uno en donde las y los moderadores puedan hacer preguntas y no sólo asignar turnos, para que faciliten a quienes sigan la transmisión ubicar con claridad posturas relevantes que abonen al voto razonado.

El día 22 de abril tendremos ese primero de tres debates. La duración será de una hora con 54 minutos; es decir, 114 minutos en total, de los cuales, como tiempo de referencia, proyectamos que sean 96 minutos efectivos para el conjunto de candidaturas (84.3%) y sólo 18 minutos (15.7%) para preguntas e intervenciones puntuales de moderadores, quienes facilitarán a la audiencia obtener respuestas nítidas y para eso podrán solicitar precisiones, insistir en que no se evadan temas planteados ni se ignoren cuestionamientos de una u otra candidatura, que todas las ofertas de gobierno se contrasten entre sí.

Es evidente que no hay una lógica que reste protagonismo a los presidenciables a favor de los moderadores, lo que se pretende es un ejercicio que aleje intervenciones memorizadas, discursos secuenciados o evasivas deliberadas; por eso la moderación podrá hoy hacer preguntas concretas, repreguntar e incluso interrumpir si se justifica, siempre a favor de obtener posturas claras sobre los aspectos específicos que se pongan sobre la mesa.

La discusión será en cuatro bloques temáticos, tres con temas específicos (1. Seguridad Pública y Violencia; 2. Combate a la Corrupción e Impunidad, y 3. Democracia, pluralismo y Grupos en situación de Vulnerabilidad) y uno final destinado a retomar ángulos de esos temas que no hayan sido tocados o que por razón de tiempo se quedaron sueltos en los tres primeros bloques. Habrá un segmento extra para que se expresen conclusiones, con un minuto por candidatura.

Todos los bloques temáticos tendrán 27 minutos. Están divididos en dos segmentos, el primero de 16 minutos 30 segundos que es una suerte de microentrevista en donde alguna de las moderadoras o el moderador pregunta a cada candidatura por tres minutos hasta concluir (con tiempo extra para réplicas de aludidos). El segundo segmento de cada bloque es para interacción directa entre las candidaturas con una moderación activa que facilite la discusión en 10 minutos 30 segundos, aunque aquí sólo para propiciar que haya contraste de propuestas de la y los candidatos, evitar que se ignoren o eludan referirse a lo planteado por un competidor en particular.

En el primer segmento de cada bloque (la microentrevista), la o el moderador en turno será quien lanzará la pregunta general para todos (a) y ahí tendrá oportunidad de hacer “preguntas de seguimiento” respecto de lo que contesten. Es decir, se puede repreguntar más de una vez para obtener argumentos claros.

La pregunta general será de 30 segundos y las respuestas tienen dos minutos y medio, pero en un intercambio fluido, que mezcla esos tiempos en una interacción de ida y vuelta, no en monólogo ininterrumpido por turnos con duración preetiquetada para agotarse de corrido. Hay cuatro minutos (uno por candidatura) previstos para hacer réplicas.

En el segundo segmento de cada bloque, que es la parte de interacción directa con moderación también activa, habrá una bolsa libre de discusión que permitirá unos dos minutos en total a candidaturas para contrastar directamente, cara a cara, sus diferencias o coincidencias.

Tendremos dos moderadoras y un moderador que son profesionales del periodismo, experimentados en conducción televisiva y con un prestigio que garantiza independencia e imparcialidad en la conducción: Denise Maerker, Azucena Uresti y Sergio Sarmiento, quienes podrán considerar un amplio índice de estudios y encuestas que reflejan preocupaciones generales de la población y que podrán utilizarse como referencias para retomar en alguna de sus preguntas, mismas que no serán conocidas por la candidata ni los candidatos previamente.

Los debates son ejercicios fundamentales en la contienda democrática; buscamos que el electorado pueda evaluar los conocimientos de los candidatos y candidata, que se conozcan sus propuestas específicas y su capacidad de reacción ante los cuestionamientos que les formulen. No queremos debates a modo que sólo se organicen para cumplir un requisito de ley; queremos una interacción clara entre los candidatos que sirva de referencia para que los ciudadanos y ciudadanas podamos decidir a quién apoyar para ocupar ni más ni menos que la Presidencia.

*El autor es consejero del INE.

Marco Antonio Baños

Consejero del Instituto Nacional Electoral

Columna invitada