Tabasco, la tierra que vio nacer al presidente de la República, el antes llamado Edén de México, es el epicentro de la pandemia. Eso me decía Guadalupe Pulido, un querido amigo que ha pasado por todos los estados de ánimo, pero que ahora su más grande miedo ya no es contagiarse de coronavirus, sino dejar de proveer alimentos a su familia porque no ha podido conseguir un trabajo. Lupe, como le dicen de cariño, aplicó para trabajar en la nueva Refinería de Dos Bocas, pero al igual que miles de tabasqueños no ha recibido respuesta alguna a su solicitud. Desafortunadamente, ésta es la realidad para la gran mayoría de mis paisanos: la crisis de salud pasó a segundo plano y la crisis económica es la de mayor relevancia.

Ya lo adelantábamos en innumerables ocasiones. Somos de los pocos países en el mundo que no ha tomado ninguna medida real para proteger nuestra economía, lo que ha ocasionado la pérdida de más de 12 millones de fuentes de ingresos y, según las últimas estimaciones del Inegi, se anticipa una caída del PIB mayor al 20% para el segundo trimestre de este año. Tan sólo en Tabasco, se han perdido más de 5,500 empleos formales en los últimos tres meses, ocupando uno de los dos primeros lugares a nivel nacional, según la Secretaria de Desarrollo Económico del Estado, Mayra Jacobo.

A esto hay que agregarle que la situación de salud es terrible. Actualmente somos el segundo lugar con la mayor tasa de contagios por cada 100,000 habitantes, la tercera con mayor número de defunciones y, permanentemente aparecemos en los primeros lugares en ocupación hospitalaria. Increíblemente estos números no parecen alarmar al Gobierno Federal, el pasado fin de semana, en un intento de comenzar su campaña política para 2021, el Subsecretario de Salud López-Gatell visitó tierras tabasqueñas y concluyó que el estado había “domado la pandemia” ¡cuando los datos oficiales evidentemente muestran todo lo contrario!

Como choca de corazón estoy convencida que lo que más necesita nuestro querido Edén en estos momentos son dos cosas: proteger nuestra salud y nuestra economía familiar. La Refinería de Dos Bocas se comenzó a construir con la promesa de que más del 95% de los trabajadores serían tabasqueños; sin embargo, éste no ha sido el caso y es algo que la gente me lo externa constantemente; incluso pese a la famosa “Ley Garrote” cuando han tenido que salir a protestar a la calle.

A pesar de los muchos exhortos y señalamientos que he hecho desde la máxima tribuna del país, a la fecha no sabemos con exactitud cuántos de nuestros paisanos se encuentran laborando en este proyecto. Es tiempo de que el Gobierno nos hable con la verdad, si el proyecto de la Refinería no está generando beneficios directos se tienen que re direccionar sus recursos para apoyar al sector salud y a las micros, pequeñas y medianas empresas, incluyendo el sector informal.

Lo he dicho y lo reitero, México vive un infierno económico. Hoy, Tabasco es el epicentro de la pandemia y nos mantenemos constantemente en el escrutinio nacional. Pero levantarnos de esta difícil situación sí es posible, ¿cómo? con la solidaridad de todos, exigiéndole resultados a nuestras autoridades y protegiendo a los más necesitados. Si desde Tabasco ha surgido la descomposición, demostremos que también desde Tabasco se puede reorientar el rumbo del país entero.

Soraya Pérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.