Buscar
Opinión

Lectura 4:00 min

¿Cuánto vale un voto?

La propaganda de las campañas refleja el poder del dinero y pueden mover la distribución de los votos?en línea con la distribución inicial de la riqueza.

¿Cuánto cuesta un voto? Lo que el comprador esté dispuesto a pagar, según la teoría de precios. En un mercado en el que los votos son mercancías privadas, la gente es el vendedor y los partidos políticos son los compradores, el intercambio voluntario de votos por dinero mejora el bienestar de compradores y vendedores respecto del resultado de una elección tradicional. Si los economistas están en favor del intercambio voluntario, ¿están también en favor del derecho de una persona a vender su derecho de elegir a una persona?

Gregory Mankiw, profesor de la Universidad de Harvard, está en contra. Según él, el voto no es una mercancía ordinaria, su compra y venta genera externalidades que afectan a terceros. Supongamos lo siguiente: tres individuos deben votar en favor o en contra de un candidato o proyecto que a cada uno le significa un costo de 3 pesos. Juan y Pedro rechazan al candidato que no le representa valor alguno, pero para Marco éste vale 8 pesos. En una elección en la que no se permita la compra de votos, el candidato será derrotado dos contra uno, reflejando los valores democráticos.

La situación cambia cuando se permite la compra/venta de votos. Ahora gana el candidato con el apoyo de Marco y Juan. Si el primero le compra en 4 pesos su voto a Juan, ambos obtienen un beneficio neto de 1 peso, el pobre Marco pierde 3 pesos. El resultado no corresponde a la preferencia democrática.

El argumento anterior de que la venta de votos genera una externalidad negativa parece convincente pero no está libre de problemas. Veamos por qué. Supongamos que ahora Marco, en lugar de comprar votos, hace campaña. Si, por medio de promesas electorales, convence a Juan de que el candidato realmente le significa un beneficio de 4 pesos. De nuevo, Juan cambiará su postura y ahora apoyará al candidato que le representa una ganancia de 1 peso. Las campañas logran lo mismo que la compra de votos. Así que la existencia de una externalidad en la compra de votos no es un buen argumento para prohibir su compra. En una democracia, nadie argumentará en la prohibición de las campañas.

Me gusta más el argumento de James Tobin en contra de la venta de votos, un mercado de votos concentra el poder político en los ricos. Es bien conocido que el intercambio voluntario de mercancías es eficiente para un nivel dado de riqueza. Según este argumento, el precio y la demanda de votos, como la de cualquier otro bien, reflejará la distribución dada de ingresos y riqueza, que probablemente no será equitativa, lo que resta legitimidad a la democracia.

Para Tobin el voto no es una mercancía ordinaria. De hecho, se trata de un derecho creado por el Estado. En una sociedad democrática y equitativa, es imperativo que ciertos derechos y privilegios, también obligaciones, se distribuyan igualitariamente.

Como los derechos civiles establecidos en la Constitución, en particular el voto. La distribución de estas mercancías debe ser independiente del ingreso, la riqueza y las preferencias de los individuos, y no son transferibles a otros individuos aun cuando sean del mismo o menor nivel de ingresos. En general, este tipo de asignaciones tienen un costo de eficiencia porque limitan la oferta de corto y mediano plazos de las mercancías en cuestión. Sin embargo, con los votos, no existe pérdida de eficiencia porque la oferta de esta mercancía es fija a corto y largo plazos. En este caso, como en todos los casos en que la oferta es inelástica, el mercado sólo redistribuye la mercancía entre los agentes de acuerdo con sus preferencias y riqueza, y no produce más democracia.

rfeliz@eleconomista.com.mx

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Noticias Recomendadas

Suscríbete