Es muy claro que nuestro país no ofrece las mismas oportunidades a todos. Las personas que trabajan en la economía informal no han cotizado a la seguridad social y por lo tanto sólo tienen derecho a una pensión universal que, aunque ayuda, es insuficiente.

Por otro lado, una enorme cantidad de gente cotiza a las afores de manera intermitente y con un salario mucho menor al que realmente perciben. Esto, aunado a que la densidad de cotización en de las más bajas del mundo, hará que su pensión sea muy magra en el futuro.

De esta forma tenemos en México muchas personas de la tercera edad que no son financieramente independientes y que dependen de sus hijos para vivir con dignidad. Así, los roles se revierten: los hijos se convierten en proveedores de sus padres.

Por otro lado, a medida que los padres envejecen y enferman, van necesitando cuidados más profundos. En ocasiones requieren de ayuda de otros para realizar sus necesidades diarias (es decir, alguien que los alimente, los lleve al baño y les dé sus medicinas. Esto implica gastos adicionales y una reorganización de los distintos roles en la familia, que tiene consecuencias importantes, no sólo financieras sino también en la forma de vida.

¿Qué podemos hacer si tenemos que cuidar a nuestros padres? A continuación, algunas reflexiones:

1. Involucrarnos con ellos desde antes, en el cuidado y la conservación de su salud. Esto significa estar pendientes de sus citas médicas, llevarlos a las clínicas, recordarles que tomen sus medicamentos en tiempo y forma o ayudarles en ciertos trámites. Se puede, por ejemplo, comprar un pastillero que permita organizar mejor las cosas, poner alarmas en su celular, etc.

2. Obtener ayuda en la medida de lo posible. Existen organizaciones que ofrecen información y asesoría a las familias, desde capacitación hasta apoyo emocional, de manera gratuita. Hay también empresas que se dedican a ofrecer cuidados profesionales. Por otro lado, existen residencias para adultos mayores, aunque implican un esfuerzo económico importante. Es importante echar mano de todo lo que esté a nuestro alcance para buscar la mejor solución para ellos y la familia entera. Desde luego mucho de ello dependerá de nuestra capacidad económica.

3. Aprovechar los beneficios fiscales. Si nuestros padres viven y dependen económicamente de nosotros, algunos de sus gastos pueden ser deducibles de impuestos, lo cual reduce a su vez nuestra carga fiscal. Echemos mano de cualquier cosa que pueda ayudarnos: es nuestro derecho.

4. Hablar con ellos acerca de su testamento. Este es un tema que no se habla en muchas familias o que simplemente se olvida. Así, mucha gente muere sin testamento, lo cual causa un enorme problema a la familia, que puede durar bastante tiempo. O bien, puede estar completamente desactualizado. Tener una conversación al respecto puede aclarar muchas cosas. Es un acto de amor.

5. Relajarnos y tomarnos un tiempo de descanso. Cuidar a nuestros padres causa mucho estrés, que se suma al que normalmente tenemos en nuestro trabajo y en la vida diaria de la familia. Por eso siempre que se pueda, vale la pena hacer una pausa y salir de viaje con ellos. El cambio de ambiente nos ayuda a poner la mente en orden y reforzar los vínculos familiares.

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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