“La vida no es para encontrarte a ti mismo o para encontrar algo. La vida se trata de crearte a ti mismo y crear cosas”, dice Bob Dylan al inicio del Rolling Thunder Revue, un documento cinematográfico de la mente maestra de Martin Scorsese sobre la reinvención de un músico que nunca ha existido realmente. Dylan siempre ha sido una construcción mitológica, una parte construida por su público, y la otra, por la mente de Robert Zimmerman.

Rolling Thunder Revue sirve como un pretexto para que Bob Dylan, la creación, pueda reinventarse como un personaje de Scott Fitzgerald. A diferencia de No Direction Home, el primer documental que dirigió Scorsese que traza cronológicamente los primeros años de su obra y carrera, esta cinta se construye a partir del documento recogido por Stefan van Dorp. Con su lente, el cineasta se sumergió en el torrente de Dylan y capturó a una comuna de actores, músicos, poetas librepensadores que iniciaron un viaje por un lugar imaginario llamado Estados Unidos, construido bajo las contradicciones del sueño americano de Hunter Thompson.

Un año antes, Dylan había creado uno de sus discos más personales, y en ese punto de su carrera buscaba alejarse de la experiencia que experimentó durante la gira del Before the Flood con The Band de tocar en estadios repletos de fanáticos intoxicados, esperando neciamente a escuchar “Blowin’ in the wind” –por enésima vez–, o alguno de sus clásicos políticos.

La gira del Rolling Thunder Revue quería ser un circo sobre ruedas por los caminos de lo que Greil Marcus llama la “vieja y extraña América”, inventada por el blues, el folk, bluegrass, góspel, jazz y los sonidos que ayudaron a conformar la música popular del siglo pasado. Dylan reclutó a una nueva banda —que incluía a la violinista, Scarlet Rivera; Mick Ronson, guitarrista de Bowie y miembro de las Arañas de Marte; Roger McGuinn, de The Byrds–, y un grupo de trovadores itinerantes para esta caravana sobre ruedas.

En el extraño mundo de Dylan se entrelazan los caminos de Allen Ginsberg, Patti Smith, Joan Baez, Sam Shepard, Joni Mitchell, Ramblin’ Jack Elliott, quienes integraban este circo sobre ruedas que, como un relato de Hunter S. Thompson, buscaban encontrar un poco de claridad en medio de un momento de intensa confusión social que se había generado con la caída de Saigon y la explosión del caso Watergate.

Cuando Dylan se retiró de los escenarios a mediados de los sesentas, inició su primer segundo acto, se reinventó como un ermitaño en medio los bosques de Nueva York, alejado de los reflectores, y junto con The Band se dedicaron a reinventar el lenguaje de la nueva canción americana, que transformaría el panorama musical de los años consiguientes.

En 1976, se reconectó nuevamente con algunos movimientos sociopolíticos –como el caso de Rubin “Hurricane” Carter– e inició su interminable gira que continua hasta hoy. Bob Dylan no ha dejado de hacer giras desde ese momento y ahí es donde mantiene su ímpetu por reinventarse a él y a su música.

Rolling Thunder Revue no es un documental tradicional, Scorsese ayuda a reconstruir una parte del mito de Bob Dylan, ubicado en un lejano 1976. “No me acuerdo nada de Rolling Thunder”, trata de recordar Dylan frente a la cámara. “¡Pasó hace tanto tiempo que ni siquiera había nacido!”, agrega entre risas con el mismo tono irreverente con el que le contestaba a los iracundos fanáticos, que alguna vez le gritaron Judas, como si hubiera traicionado los ideales puristas del folk.

Robert Allen Zimmerman creó a Bob Dylan para poder construir una identidad dentro de la que pudiera constantemente explorar sus inquietudes artísticas. Para el artista siempre existe una búsqueda constante, la piel va cambiando, y en el camino hallamos nuevas experiencias, nuevos encuentros, pero sobre todo nuevas canciones que nos acompañan en el proceso de crearnos a nosotros mismos.

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Antonio Becerril

Coordinador de operaciones de El Economista en línea