El vocablo alemán para nominar a criminales como Humberto Lazcano o Joaquín El Chapo Guzmán es drogenboss. Para un sicario, se utiliza la palabra auftragskiller. Y narco se dice jeder. Tales términos, además de las siglas de la PGR, AFI, SSP, los partidos políticos mexicanos y las agencias estadounidenses dedicadas a combatir al crimen organizado, forman parte de una involuntaria aportación atribuible al periodista Malcolm Beith, autor de El Chapo. 

Publicado primero en inglés, luego en español (El último narco, 2011) y ahora en lengua germana, este libro-reportaje de investigación-lleva más de 40,000 ejemplares vendidos. Todavía está lejos, sin embargo, de la proeza lograda por la periodista mexicana Anabel Hernández, quien logró vender más de 120,000 tomos de Los señores del narco (Grijalbo, 2010). La guerra contra el crimen organizado emprendida por el gobierno de Felipe Calderón ha resultado un sorprendente motor para la alicaída industria editorial.

La edición alemana de El Chapo literalmente es un retrato -impreso y visual- del sexenio calderonista. Al final del libro aparecen 15 páginas con fotografías -la mayoría, tomadas por el autor- del santo Malverde y de Guzmán Loera; de narco-túneles y narcomantas; de colgados, de indocumentados y policías encapuchados; del sepelio de Juan Camilo Mouriño en el Campo Marte, de Felipe Calderón al frente de tropas castrenses...

La transmutación del Presidente del empleo al Presidente de la guerra se materializa en el más reciente trabajo de Malcolm Beith, que también comienza a circular, bajo el sello de Ediciones B. Lo promocionan como relato de no ficción - objetivo e intrépido - de la acción calderonista contra las bandas criminales y que ha provocado miles de muertes .

De las páginas de Jane’s Intelligence Review y Foreign Policy, Beith llevó la información que le proporcionaron fuentes oficiales -agentes de la CIA, el FBI y la DEA, mayoritariamente- a los estantes de las librerías. Lo mismo hizo Ioan Grillo, excorresponsal de AP en México, autor de El Narco, inside Mexico’s Criminal Insurgency (Bloomsbury, 2011), que compite en la categoría de no-ficción por el premio al Libro del Año de Los Angeles Times.

Aunque no guste a los voceros calderonistas, la palabra narco vende muchos libros. Y no sólo en castellano, sino también en inglés y alemán. En ediciones impresas, por supuesto, pero ahora también e-books, como el de Grillo o la Biografía de un fugitivo multimillonario, elaborada por James Bush, y cuya edición Kindle está ya disponible para su descarga en Amazon.com.

En la principal librería en línea del mundo es posible comprar otros dos libros -cuyos autores son Eduardo Barraza y un enigmático Mr. Chávez , respectivamente- sobre la fuga de El Chapo Guzmán, hace 10 años, del penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco.

Hasta ahora, sólo hay un bestseller -categoría que concede el New York Times- entre las decenas de obras dedicadas a narrar las peripecias del calderonismo y su persecución de los principales capos. Se trata de American Desperado, la biografía del cocaine cowbow Jon Pernell Roberts narrada por el periodista Evan Wright.

Roberts, perseguido por más de tres décadas por las agencias antidrogas estadounidenses, terminaría convertido en testigo protegido y una estrella mediática. Y su libro refiere pasajes difusos sobre los capos de la droga en México a mediados de la década de los 70.

Sin identificarlo por su nombre, relata sus vacaciones en Acapulco, en 1973, con un alcalde de Guadalajara -quien posteriormente se convertiría en Gobernador- al que describe como consumidor y traficante de cocaína, pedófilo y con proclividad a la zoofilia. Ambos mantendrían una estrecha relación con Rafael Caro Quintero.

El alcalde me abrió los ojos de por qué no me gustan los políticos -confiesa Roberts al periodista, en un sorprendente ataque de decencia- los políticos son los cabrones más despreciables con quienes he tenido que lidiar .

EFECTOS SECUNDARIOS

SINGULAR. El PAN del Distrito Federal convocó a elecciones para determinar a sus candidatos a jefes delegacionales y asambleístas. Salvo en contados casos -10 distritos y cinco delegaciones-, los comicios estuvieron abiertos a la participación de los ciudadanos capitalinos... Incluidos los de otros partidos. Y es que en la capital de la República, la membresía azul es menos que modesta (10,000 militantes activos y 70,000 adherentes , de acuerdo con el listado de afiliados al partido). La declinación de Pepe Labastida en favor de Ezequiel Retiz en Cuajimalpa eliminó un foco rojo y concentró toda la atención en Cuajimalpa y Miguel Hidalgo, donde se acumulan las denuncias por acciones fraudulentas.