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Opinión

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¿Crisis institucional en las organizaciones internacionales?

El siglo XX constituyó el auge histórico del surgimiento de las organizaciones internacionales, primero por su arquitectura institucional, segundo por su configuración como sujetos de derecho internacional.

Dicho periodo transcurrió partiendo de una concepción del derecho internacional meramente estructurada como un conjunto de normas imperativas de la comunidad internacional, para dar paso hacia un derecho de cooperación.

El enfoque de la cooperación significó un incentivo a favor del incremento de las relaciones internacionales encaminadas al desarrollo, lo que permitió atender problemas globales mediante respuestas globales.

El establecimiento continuo de nuevas organizaciones fue una constante como parte de las exigencias de una agenda internacional cada vez más compleja. La composición de tales organizaciones pasaron de ser un escenario estrictamente de conducción política de líderes tradicionales a mecanismos de concertación multilateral. La cimentación de las organizaciones permitió desdibujar el mundo bipolar del pasado hacia uno multipolar.

La actuación de las organizaciones internacionales permitió el desarrollo de plataformas políticas emergentes que fungieron como contrapesos a los estados que históricamente constituyeron hegemonías.

Ante el peso específico que fueron adquiriendo las organizaciones internacionales, las relaciones internacionales cambiaron. Las relaciones interestatales tuvieron que integrar las organizaciones internacionales como un nuevo sujeto de derecho internacional.

El fortalecimiento de las capacidades institucionales de las actuales organizaciones internacionales permitió establecer reglas jurídicas sólidas frente a estados fuertes. Las organizaciones internacionales empezaron a eliminar, desde lo multilateral, las asimetrías de principios del siglo pasado.

Hoy diversos países que históricamente contribuyeron al establecimiento de un orden mundial lo desconocen. A dicha situación algunos países le han denominado crisis institucional. Algunos otros la visualizan como una oportunidad para renovar el viejo impulso de dichas organizaciones.

Es indiscutible que el nuevo orden mundial busca la alternancia en los escaños que significan liderazgo global, situación que expone y debilita a las potencias mundiales tradicionales. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y la Organización Mundial del Comercio constituyen la joya de la corona en el actual orden internacional, mismas que están ahora en la mira.

Si bien es cierto que algunas organizaciones internacionales han mostrado un exceso burocrático y resistencia al cambio, lo cierto es que más que extinguirlas habría que analizarlas hacia una reforma institucional.

El costo económico por la permanencia en las membresías internacionales, también representa un análisis económico costo-beneficio que muchos países han emprendido.

Actualmente las cuotas provenientes del erario de las naciones exigen transparencia. Como muestra de la magnitud, en el 2012, las contribuciones de México a organizaciones internacionales ascendieron a 179.8 millones de dólares, de los cuales el Sistema de las Naciones Unidas fue el principal beneficiario. Frente a dicho dato, México logró el pasado 2019 posicionar 32 candidaturas electas ante organizaciones internacionales. Ante ello, resulta necesario realizar un ejercicio de reflexión profunda de las organizaciones internacionales, misma que corre a cargo de las presentes democracias.

*Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM.

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