La Real Academia Española RAE sumó el vocablo COVIDIOTA a su diccionario, los más altos jerarcas de la legua hispana formalizaron algo que ya todos sabíamos: la existencia de personas malitas de sus facultades mentales, que no cumplen con las normas sanitarias, aunque pongan en riesgo su salud y la vida.

Las redes sociales nos informan de fiestas de contagio, de personas no creen que exista la enfermedad, otras que se curan con té de guayaba, algunas más que de plano dicen: de algo tengo que morir. Puro valor mexicano.

Del otro lado de la ecuación se encuentran los COVIFOBICOS, aquellas personas que siguen estrictamente las recomendaciones sanitarias; son los que sudan frio cuando se les acerca alguien sin cubreboca. Inclúyame en los apanicados.

En México abundan los del primer tipo, somos una sociedad enferma que no seguimos las reglas; el confort y la apatía son la moneda de cambio, aunque en esta ocasión esté de por medio la vida.

Los mexicanos todavía no aprendemos que en esta vida no hay nada gratis, si no pagas el pasaje, algún día lo pagarás y más caro. No estamos convencidos que vivir bajo las reglas es mejor que jugarle al vivillo. El coviodiota es la muestra más reciente de la cultura de la ilegalidad mexicana.

Querido lector, nada tiene que ver ser un covidiota con la necesidad de salir a trabajar, usted puede ser alguien que necesite laborar para comer y cuidarse; no confundan en al hambre con las ganas de molestar; un covidiota sale a tirar el rostro, no sigue las medidas de sanitarias; ejemplos sobran, donde personas que no cumplieron con las normas sanitarias, contagiaron a los abuelos, a los padres con fatales consecuencias.

Normalmente, lo que hagan los demás nos debería valer tres devaluados pesos mexicanos, pero en estas épocas, la negligencia de unos cuantos pone en riesgo nuestra salud y nuestro patrimonio, porque vaya que si esta caro el oxigeno medicinal. Nunca fue tan caro respirar. Con la maldita pandemia, ni morir en paz se puede.

Cuidarnos y seguir las normas sanitarias es una responsabilidad intrínseca y personalísima. Desde luego que para ser covidiota no hay edades, sexo, raza o religión exclusiva. Querido lector desafortunadamente hay muchos covidiotas, sólo salga a la calle y ellos solitos se tatúan culpable en la frente. ¿Y a usted ya le toco la vacuna o, sigue esperando turno? Hasta la próxima.

Eliseo Rosales Ávalos

Abogado

Los mismos de siempre

Politólogo y abogado, académico, columnista, presidente de ciudadanos sin partido y orgulloso mexicano.

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