Hoy más que nunca ha quedado claro que vivimos en un mundo globalizado, donde lo que sucede en una región impacta al resto del mundo

A través de mapas, hemos sido testigos de la propagación de un virus a nivel global, que ha contagiado los mercados financieros, el comercio internacional y las perspectivas económicas de todos los países del planeta.

Estamos prácticamente cerrando el mes de marzo y el primer trimestre del año, y sobra decir la enorme volatilidad e incertidumbre que ha generado la pandemia en los mercados financieros, ya que está muy claro cómo comenzó, pero no cómo va a terminar.

La pandemia nos pescó mal parados, ya que veníamos de una guerra comercial entre las dos economías más grandes del mundo, lo cual auguraba la posibilidad de una desaceleración económica a nivel global que ya había tenido efectos en la economía de diversos países en sus indicadores de crecimiento económico como es el caso de China.

Una vez conjurado el riesgo mediante la firma de un acuerdo comercial fase 1 entre Estados Unidos y China supimos de un extraño virus que se había originado en la propia China, el cual era altamente contagioso, lo cual puso en alerta a los mercados; pero sin que aún tuviera un impacto importante en éstos; sin embargo, el tiro de gracia provino de la guerra en petroprecios desatada por Rusia y Arabia Saudita que generó un desplome en la cotización del petróleo y que terminó por repercutir en los mercados financieros.

Acto seguido, supimos de medidas extraordinarias tomadas por los chinos a fin de contener un virus altamente contagioso y testificamos su rápida propagación en países europeos y finalmente Norteamérica, con la consecuente volatilidad y desplome en los mercados financieros. TODOS los tableros se pintaron de rojo. TODOS.

Al momento, el Dow Jones ha retrocedido 14.85% tan sólo en el mes de marzo, mientras que en el año acumula una pérdida de 24.18%, el NASDAQ 12.43 y 16.39% en lo que va del año, mientras que el S&P ha perdido 13.97 y 21.34% en el primer trimestre.

El IPC en México ya acumula una pérdida de 18.21% en el mes, y 22.37% en el año; sin embargo, bolsas como la de Brasil y Argentina han caído en lo que va del año 36.51 y 42.27%, respectivamente.

En un intento por controlar la crisis financiera y económica, los bancos centrales han buscado aplicar la misma receta que en la crisis del 2009, bajando tasas de referencia e inyectando recursos sin precedentes con el afán de evitar la recesión.

Sin embargo, y a pesar de las enormes cantidades de dinero que se han puesto a disposición de los mercados y de los programas de apoyo ofrecidos a las empresas por parte de los gobiernos, se ve difícil que se pueda esquivar la recesión, debido a que la principal receta para tratar de controlar los efectos negativos de la pandemia es el aislamiento, lo que implica en gran medida que se paralice el turismo, el comercio y la actividad económica, lo que se traduce en una disminución drástica del consumo.

A México, esta crisis nos pescó particularmente mal parados, ya que la cifra de crecimiento económico nos mostraba ya una reducción menor, pero reducción al fin. El precio de la mezcla mexicana se ubicó al cierre del viernes en 13.01 dólares/barril, lo que implica una caída de 76.83% en lo que va del año, mientras que el peso se ha depreciado 24.43% en el mismo periodo.

A todo esto se sumaron las rebajas en calificación que nos hiciera Standard & Poor’s, además de las expectativas de contracción económica de hasta 7% para este año por JPMorgan.

A pesar de lo anterior, yo siempre he creído que las épocas de crisis también nos presentan oportunidades. No es momento de dejarse llevar por el miedo. A la crisis hay que enfrentarla con inteligencia. ¡Unidos saldremos adelante una vez más!

La volatilidad seguirá siendo la constante y hoy más que nunca hay que usar las coberturas de precios para administrar los riesgos y la incertidumbre.

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