Todos vivimos con una restricción ineludible: los recursos son escasos. Individuos, familias, empresas y gobierno tenemos recursos escasos y, por lo mismo, no podemos satisfacer todos los fines y necesidades. Necesariamente, en consecuencia, tenemos que elegir cómo asignar los recursos para alcanzar determinado fin o para satisfacer determinada necesidad.

En este proceso de elección incurrimos en un costo de oportunidad, el cual puede definirse como el beneficio que se hubiese obtenido de haber utilizado un recurso en su segunda mejor alternativa. Utilizar un recurso para lograr determinado fin o satisfacer determinada necesidad implica que ese recurso ya no va a ser utilizado con otro fin, lo que obviamente implica incurrir en un sacrificio. No hay comida gratis.

Lo anterior viene a ser relevante ante la promesa de Andrés Manuel López Obrador que, de llegar él a la Presidencia de la República, construiría cinco refinerías y además reduciría el precio de los combustibles. Claramente López Obrador no tiene idea del costo de oportunidad y, de concretarse lo que prometió, derivaría en un desperdicio de recursos escasos.

Primero las refinerías. En el mundo existe en la actualidad un exceso de capacidad de refinación y dentro del sector petrolero es la actividad menos rentable. En México, particularmente, si se tomara a Pemex refinación como una empresa independiente, es notoriamente ineficiente desde un punto de vista económico. El contrato colectivo de trabajo entre Pemex y el sindicato de trabajadores petroleros impide, efectivamente, aumentar la eficiencia. Construir en las actuales condiciones cinco refinerías no tiene sentido. Si el petróleo mexicano se puede refinar más barato en el exterior, a un costo de oportunidad menor, eso es más eficiente que refinarlo internamente. El país como un todo gana.

Y ahora los precios. El subsidio que en la actualidad se otorga a través del precio de los combustibles es de alrededor de 200,000 millones de pesos y casi cinco veces el presupuesto anual del Programa Oportunidades. Este subsidio es, además, uno de los más regresivos que existen, ya que favorece más a los individuos de mayores ingresos. Así, se estima que 75% del total del subsidio se lo apropia 40% de las familias de más altos ingresos, mientras que de ese total sólo le llega 12% a 40% de las familias de menores ingresos.

Reducir el precio de la gasolina como ha prometido López Obrador es una política claramente errónea. El precio interno de la gasolina tiene que reflejar el costo de oportunidad y ello implica que tiene que ser igual al precio internacional. Si México tuviese una producción excedente de gasolina, la vendería en el exterior a ese precio, pero como importamos gasolina al precio internacional, a ese precio debe venderse internamente.

Tratar de combatir la pobreza controlando precios ha demostrado una y otra vez ser una política fallida, además de las muchas distorsiones que generan estos controles; 200,000 millones de pesos para subsidiar las gasolinas representa incurrir en un enorme costo de oportunidad. Son recursos que podrían destinarse a otros usos como, por ejemplo, ampliar la cobertura del Programa Oportunidades, aumentar las transferencias directas al ingreso de las familias más pobres, sacándolos de la pobreza, aumentar la cobertura de educación y salud, etcétera.

No porque tengamos petróleo hay que regalarlo. Aumentar el subsidio a la gasolina implicaría incurrir en un costo de oportunidad mayor. En esto, como en muchas otras cosas, López Obrador se equivoca.

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