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Convocatorias científicas estresantes
Para aquellos que se dedican a la investigación lo que dice el título puede ser una obviedad pues no hay convocatoria que no genere estrés. La razón es simple, en todas existe una fecha límite y una serie de requerimientos que se deben cumplir para poder competir y, en su caso, obtener lo estipulado en la convocatoria. Puede tratarse, entre otras cosas, de un llamado para un financiamiento, ser elegido para participar en un congreso científico o lograr una promoción laboral. Poco a poco la gente se va familiarizando con lo que hay que hacer para participar en las convocatorias científicas, aunque siempre hay que estar preparados para algo diferente o para una sorpresa. En México una de las convocatorias más conocidas en el medio de la investigación es la que anualmente lanza el Sistema Nacional de Investigadores (SNI). En esta ocasión me voy a referir a la convocatoria de 2022. Conviene recordar que, aunque las convocatorias del pasado han cambiado, muchos de los generadores de estrés innecesarios siguen siendo los mismos.
Si bien los postulantes de este año ya no tienen que gastar en fotocopias y cargar las cajas llenas de papeles para someter su solicitud físicamente en las oficinas del SNI; ni acudir a la oficina de mensajería y pagar cantidades elevadas por el peso de sus envíos como sucedía antes de 2015, siguen describiendo la experiencia de llenar el CVU como una “pesadilla”, un “dolor de cabeza” o una “tortura” por decirlo de alguna manera sin las palabras soeces que regularmente usan al referirse al proceso. ¿será que los investigadores somos muy quejumbrosos y no aguantamos nada? o, ¿será que los procesos de la convocatoria están mal diseñados y no pasarían la certificación de calidad de la ISO 9001 que cualquier institución pública o privada tendría que tener, cuando atiende al público? Quiero advertir que algunos comentarios vertidos a continuación se refieren fundamentalmente al área III: Medicina y Ciencias de la Salud, pero otros, posiblemente aplican a todas las áreas.
¿Cuáles son los estresores de las convocatorias modernas?
Primero, cuando la convocatoria no sale a tiempo, el retraso reduce el período para cumplir con los requisitos. Como quien dice, si ya sabes que te toca, debiste estar preparado mucho antes. En 2022 la convocatoria se abrió el 15 de agosto, cierra el 2 de septiembre y entregará resultados en el mes de noviembre. Esto es relevante pues los nuevos nombramientos deben entrar en vigencia en enero de 2023. Lo anterior, no solo se comprimen los tiempos para los interesados, sino además acelera la revisión de los comités, deteriorando la calidad de la selección. Segundo, por más preparado que esté quien solicita, siempre habrá una sorpresa que incrementará los niveles de adrenalina circulante. A eso hay que añadir que “el sistema” se satura, se cae con frecuencia, solo está activo por 30 minutos y sube los documentos lentamente. Tercero, la carga de la prueba se les transfiere a los solicitantes. Esto no es nuevo, pero debiera de ser revisado cuidadosamente. Todo lo que dice el postulante tiene que venir acompañado de un comprobante oficial, de otra manera no existe. Su palabra no es suficiente. No se reconoce la honorabilidad de las personas en ese medio. Papelitos hablan. Por lo mismo, cada vez que se realiza una actividad académica que se reportará al SNI, deberá estar fielmente documentado.
Cuarto, el interesado debe subir cada uno de los artículos publicados y capturar el identificador único y permanente para las publicaciones electrónicas (DOI por sus siglas en inglés) de cada uno de ellos; La función del DOI es proporcionar información sobre la descripción de las revistas, artículos, libros, etc. y su localización en internet. Lo hace a través de metadatos (autor(es), título, revista, año de publicación, etc. De esta manera el DOI sirve como referencia del artículo. Pero todo indica que para el SNI no es suficiente contar con el ID electrónico de la publicación. Los usuarios deben capturar el nombre de la revista, el ISSN, el título del artículo, el año de la publicación, el número y el volumen; las palabras clave, el área de conocimiento, el numero en el orden de autores, si tiene o no apoyo de CONACYT, el “rol” del interesado y el status de la publicación.
Quinto, el prestigio de la investigación moderna no solo se capta por el número de publicaciones y el tipo de revista científica (clasificada por su factor de impacto), sino también por las veces que ese trabajo ha sido referido por otros colegas. Las citas o referencias también deben ser reportadas en la postulación, pero es quien solicita en quien recae ese trabajo. Si no se tiene acceso a los motores de búsqueda cada quien tiene que valerse de sus propios medios para reportar el número de citaciones que han recibido sus publicaciones. Más aún, la persona interesada tiene que probar que el mercado negro de citaciones está fuera de su CV, es decir, solo se aceptaban referencias de publicaciones en las que no aparece el nombre del solicitante, aunque fuera un trabajo grupal. El hecho de estar en una cita de una publicación con su firma es una práctica inaceptable en la ética científica en México y es penalizada en la contabilidad de referencias. No se admiten “auto-citas”, algunos exageran llamándoles “auto-plagios”. Cabe aclarar que para documentar el número de citas no se puede usar google-scholar https://scholar.google.com/ y se recomienda usar SCOPUS. que desafortunadamente es un buscador de citas y artículos que requiere adquirir una licencia para usarlo y por lo mismo excluye a muchos.
Sexto, en la última convocatoria se agrega un nuevo requisito …en caso de publicaciones de grandes colaboraciones en orden alfabético, debe presentarse cartas del líder del grupo de investigación, donde se especifique claramente el grado de participación y aportaciones del interesado en las publicaciones realizadas… es decir al cuarto para las doce, los interesados deberán solicitar a un tercero, que certifique su presencia en el artículo, como si el acto consuetudinario fuera “colarse” a publicaciones ajenas y no tener razones para estar ahí. Así como no puedo imaginar la reacción que le generará al líder del articulo cuando reciba las solicitudes de firmar cartas para cada coautor que se lo solicite, tampoco cómo van a validar que esa información es mejor que lo que reportan los interesados. Nuevamente pregunto, ¿es un problema de credibilidad o se trata de hacer los procedimientos más complicados para desalentar?
¿Hay forma de aminorar los estresores?
Me permito hacer tres propuestas para empezar, pero el trabajo tiene que ser exhaustivo.
- Valorar seriamente si el CONACYT debiera someter sus procesos de convocatoria a la certificación ISO 9001 y con ello intentar mejorar la calidad de su gestión. Para todos sería benéfico si se logran mejorar sus resultados, su imagen, la confianza de sus usuarios. Esta certificación ayudaría a corregir obsolescencias t a mejorar los procesos de gestión de datos. El enfoque preventivo de la ISO 9001, permitiría identificar factores facilitadores internos y externos para obtener los resultados esperados.
- Dejar de incluir requisitos obsoletos y/o absurdos: a) que el interesado tenga que probar lo que declara que hizo. Esta carga de la prueba debiera ser responsabilidad institucional dado que no se permite que ingresen investigadores independientes. Son las instituciones, mediante sus comisiones de investigación, las que pueden confirmar la veracidad de las actividades reportadas sin necesidad de comprobantes. Esta flexibilidad además de disminuir el tiempo que se usa para subir comprobantes al CVU, le da más certeza y confianza al acto individual de reportar. b) es suficiente con capturar el DOI de cada publicación y dejar de usar tiempo en repetir la captura de los datos que el DOI incluye y c) abandonar la solicitud de la carta para probar el grado de participación en las publicaciones en orden alfabético pues resulta inapropiada.
- En 2009 fue lanzado el proyecto ORCID (Open Researcher and Contributor ID), por Thompson Reuters y Nature Publishing Group. Este proyecto tenía dos objetivos: por un lado, uniformar a todas las agencias financiadoras de investigación a usar una plantilla universal para informar los logros científicos y mejorar la calidad de los datos, y por otro, reducir la carga de los investigadores cuando realizan solicitudes de financiamiento. Algunas revistas piden que los autores incluyan su número de ORCID. En la actualidad, casi la mayoría de las agencias financiadoras lo solicitan. Otra manera de facilitar el acceso a las publicaciones y a las citas es que los investigadores se registren en el Web de la Ciencia y con ello el expediente del interesado esté incorporado a la base de datos de citas más confiable del mundo, que por cierto, es independiente de los editores. Mediante el nombre del interesado o el número de ORCID o del Web de la Ciencia se puede saber el número de citas de cada una de las publicaciones. Si esta práctica se fomenta en las instituciones de investigación en México, CONACYT podría identificar el número de citas a los trabajos publicados de esa persona solicitando esos números. La tarea para los interesados es mantener actualizado sus registros en ORCID o en el WEB de la Ciencia.
Recientemente el Dr. Gerardo Gamba (@gerardo_gamba), eminente investigador de prestigio nacional e internacional del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y de la Nutrición Salvador Subirán y con experiencia en comités de evaluación científica de pares, publicó una serie de artículos sobre la evaluación del quehacer científico en el periódico la Crónica, además de recomendar su lectura, me interesa enfatizar su conclusión de que al no haber procedimiento cuantitativo perfecto en la evaluación de la actividad científica, es conveniente incorporar en las evaluaciones otras actividades que realizan los y las investigadoras que -no entran en los criterios tradicionales de medición de la productividad científica- pero que sin eso, sería muy difícil difundir el conocimiento. Más allá de identificar algunos de los renglones torcidos de la evaluación académica, el Dr Gamba habla de mejorar, preservar y perpetuar la especie científica. Coincido con él, los incentivos para los académicos no van en ese sentido. Por eso observamos que muchos egresados del doctorado prefieren truncar su carrera académica y dedicarse a la consultoría o actividades alejadas de su formación.
*El autor es profesor de la Universidad de Washington del Departamento de Ciencias de la Medición en Salud y del Instituto para la Métrica y Evaluación en Salud y miembro del Sin nivel III.
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