Se gobierna para la mentira y no para el bien común.

József Szájer, muy cercano al primer ministro húngaro, era el encargado de llevar la relación con la Unión Europea desde su escaño en el euro parlamento. El viernes 27 de noviembre acudió a una fiesta convocada desde una app especializada en encuentros sexuales entre hombres.

Es Bruselas, la capital lluviosa que concentra las principales instituciones europeas. “Entra si te atreves”, señalaba un letrero en la puerta del edificio donde sería la fiesta, muy cerca de la Grand-Place, en la Rue des Pierres, un barrio gay.

“Luz oscura, láseres en movimiento punteando las paredes y de fondo la banda sonora de la serie The New Pope. Había que dejar la ropa y los móviles en una taquilla a la entrada. Beber quizá algo en la cocina, charlar y conocer a otros asistentes. Luego pasar al salón, con colchones y sofás repartidos por la estancia, porno proyectado y el rostro del dios Baco observando la escena, con la boca abierta e iluminada” (El País, 6 de diciembre).

József Szájer era uno de los 25 asistentes a la fiesta que se vieron sorprendidos por la policía al violar las disposiciones del gobierno belga en materia de confinamiento. El político húngaro trató de escapar por una tubería de la fachada del edificio lastimándose las manos. Al llegar a la banqueta fue interceptado por agentes.

Szájer, abogado, se vanagloriaba a menudo de ser uno de los autores de la Constitución de 2011 impulsada por el conservador Viktor Orbán, que entre otras cosas define “la institución del matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer”. Con base a este ordenamiento, las personas homosexuales en Hungría no pueden casarse.

József Szájer está casado. Su esposa, Tünde Handó, es jueza del Tribunal Constitucional y desde ahí apuntala el giro iliberal en Hungría. Tienen una hija.

Bertrand Russell decía que “la humanidad  tiene una moral doble: una, que predica y no practica, y otra, que practica pero no predica”. Szájer llevaba una doble vida y fue descubierta el último viernes de noviembre en una orgía de hombres en plena pandemia. Un acto que revela su hipocresía y que al mismo tiempo genera consecuencias para la vida de otras personas.

“Los políticos de Fidesz (partido político en el poder) nos dan lecciones sobre el cristianismo y la familia, pero mientras tanto llevan una vida totalmente diferente”, declaró sobre el caso el socioliberal Ferenc Gyurcsány, que fue primer ministro de Hungría entre 2004 y 2009.

El anfitrión de la orgía, David Manzheley, de 29 años, comentó a los medios que organiza este tipo de fiestas de sexo grupal entre hombres homosexuales a través de una aplicación ad hoc. Asegura que no conocía a Szájer, pero que a sus fiestas acude personal diplomático de países con gobiernos homófobos.

“Si eres de Fidesz no puedes salir del armario” (El País), comenta Klara Ungar, quien estuvo dentro del partido, pero lo abandonó por su deriva autoritaria y que años después reconoció que era lesbiana.

Szájer tuvo que renunciar a su escaño y lo hace en el peor momento, cuando su país requiere de una interlocución estratégica con Bruselas para evitar que se empantanen los subsidios y préstamos de la Unión Europea a sus miembros para paliar la crisis económica que está generando la pandemia.

El caso de Szájer se extrapola a muchos políticos de todo el mundo, principlamente los populistas. Frente a los micrófonos se presentan como personajes alejados a la corrupción, pero desde la sombra actúan bajo otros principios.

A Nietzsche no le faltó razón cuando escribió: “El pensamiento moral sigue nuestra conducta, no la dirige”.

fausto.pretelin@eleconomista.mx

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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