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Opinión

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Cómo manejar tu gasto con inteligencia

Debemos aprender a usar nuestro dinero de la mejor manera posible para que podamos tener más y mejores cosas.

Joan Lanzagorta

En estos últimos días he estado escribiendo en mi columna sobre este tema, sobre cómo gastar nuestro dinero con inteligencia. Incluyendo ahora en el Buen Fin. ¿Cómo te fue? ¿Aplicaste los consejos? ¿Terminaste gastando mucho más de lo que tenías pensado?

Todo esto, porque en realidad los grandes problemas que afectan a nuestra economía familiar tienen que ver con la forma como gastamos nuestro dinero. Desde aquellos que lo hacen de manera desordenada, hasta quien lo derrocha en gastos impulsivos, especialmente cuando hay ofertas que son —o parecen— atractivas. Muchísimas personas se tragan el cuento de que están ahorrando dinero al “comprar más barato” cuando en realidad están adquiriendo artículos que no necesitan —ni tenían contemplados —en su presupuesto (por lo cual están gastando de más).

Nuestra sociedad, por su propia naturaleza, es altamente consumista. Está inmersa en una economía de mercado, en donde las empresas no pueden sobrevivir si no son capaces de vender su producto. Por eso mucho de lo que hemos hablado recientemente: el desarrollo acelerado de los métodos publicitarios, que incorporan estudios psicológicos y sociológicos para promover una gran variedad de productos y servicios a través de ofertas que parecen irresistibles, o de apelar al sentido del éxito a través de la posesión de ciertos objetos. En muchas ocasiones, logran que el público desee (quiera tener) y compre artículos superfluos que en muchas ocasiones no necesitan.

Por ello, hoy más que nunca, debemos aprender a gastar y a consumir de forma inteligente. Esto significa que debemos aprender a usar nuestro dinero de la mejor manera posible para que podamos tener más y mejores cosas hoy pero también alcanzar nuestros objetivos futuros, de acuerdo con nuestro nivel de ingresos.

Contrario a lo que muchas personas piensan, esto no requiere de mucho tiempo ni esfuerzo. No se necesita, por ejemplo, salir a comparar precios a 20 lugares diferentes ni recorrer grandes distancias para lograr la mejor oferta. Por el contrario, se requiere aprovechar las herramientas que tenemos a nuestro alcance y seguir los siguientes consejos:

1. Llevar un registro de todas nuestras transacciones, para poder saber cómo gastamos hoy nuestro dinero. Esto puede hacerse de muchas formas: desde un lápiz y papel hasta el uso de gran variedad de apps que tienen este propósito (unas mejores que otras).

Para que el registro sea útil y nos pueda ofrecer una fotografía de cómo gastamos nuestro dinero, necesitamos asignar categorías a cada transacción. Por ejemplo: comida, restaurantes, ropa, renta, entretenimiento, educación, salud, etcétera.

Esto nos sirve de base para muchas cosas: desde aprender en qué se nos está yendo nuestro dinero, en qué nos estamos excediendo, si esos gastos reflejan nuestras verdaderas prioridades, hasta poder elaborar un plan de gastos que refleje nuestra realidad y nuestros hábitos de consumo. No se trata de sacrificarnos: simplemente distribuir mejor nuestro ingreso.

2. Tener muy claros nuestros objetivos de corto, mediano y largo plazo, y el monto que requerimos “gastar” en ellos cada mes. Para muchas personas, es imposible tratar de ahorrar. Muchos siempre terminamos gastando más y ahorrando menos. Sin embargo, la realidad puede ser muy distinta. Si separamos, desde el inicio del mes o quincena, el dinero destinado al cumplimiento de nuestros distintos objetivos (es decir, el ahorro), además del dinero necesario para sufragar nuestros gastos fijos (como renta o hipoteca, luz, etcétera), lo lograremos.

El dinero restante será el que tengamos disponible a gastos cotidianos o “discrecionales”. Para muchas personas funciona muy bien el método de “sobres”: es decir, cuando recibimos nuestros ingresos, repartirlo en “sobres” destinados a cada rubro de ahorro y de gasto fijo. Hay incluso apps que simulan el método de “sobres” y lo hacen muy bien. Yo uso una de ellas.

3. No olvidar incluir —tomar en cuenta— todos aquellos gastos que no ocurren cada mes. Por ejemplo, el servicio de mantenimiento a nuestro auto, las verificaciones, la época navideña, las vacaciones o las inscripciones de nuestros hijos a la escuela. Si lo hacemos y separamos cada mes una pequeña parte, nos será mucho más fácil y tendremos el dinero cuando se presenten, sin tener que recurrir a deudas.

4. Nunca hagas planes con tu ingreso futuro. Un plan de gastos —o presupuesto— se tiene que hacer con el dinero que se tiene en mano. Es decir:

Hoy me depositan mi nómina, hoy me siento a pensar cómo me voy a gastar la totalidad de ese dinero, tomando en cuenta todo lo anterior. Se debe hacer exactamente eso cada vez que uno recibe un ingreso.

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Twitter: @planea_finanzas

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Joan Lanzagorta

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia. Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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