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Opinión

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Colombia: Lo bueno, lo malo y lo feo

El 2013 fue un año claramente desfavorable para los mercados emergentes y esto se sintió con particular intensidad en las economías latinoamericanas. Aquellas que en años recientes habían sido "heroínas" terminaron siendo "villanas", en parte porque aún pasa que todas las economías emergentes "se meten en el mismo saco" y se destaca las debilidades mientras que los fundamentos y fortalezas se dejan de lado.

Uno de estos casos es Colombia, país que en años recientes había destacado por su desempeño económico y la mejora de sus fundamentos macroeconómicos en términos de cuentas externas y fiscales, reservas internacionales e institucionalidad. En 2013, su mercado accionario, luego de resistir en un principio, terminó desplomándose junto al resto de mercados emergentes, influenciado también por factores particulares como ruidos y protestas sociales, débil situación de una empresa emblemática como Ecopetrol, valorizaciones apretadas, entre otros.

Más allá de generalizaciones por tipos de economías o regiones, es en escenarios como éste de incertidumbre y cambio en el que se deben analizar una vez más las fortalezas y riesgos de cada país, y ponerlos en perspectiva.

Entre las variables que pueden "jugar a favor" y actuar como catalizadores para este año para la economía colombiana se pueden identificar: en primer lugar el proceso de paz que se está llevando a cabo actualmente entre el gobierno y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que podría llegar a buen puerto este año si se actúa con la suficiente celeridad, escenario probable en caso de que el presidente Santos sea re-electo. Se estima que el dividendo de paz agregaría cerca de 1.5% al crecimiento anual del Producto Interno Bruto (PIB), además de conllevar efectos positivos en el "ánimo", tanto de consumidores como de inversionistas.

En segundo lugar, para 2014 se espera la definición de importantes proyectos de infraestructura para el país, las denominadas Autopistas de Cuarta Generación. Algunas de ellas ya pasaron la etapa de preclasificación y deberían ser adjudicadas en los próximos meses. Sin embargo y como es usual en el país, es probable que se produzcan demoras de ejecución que retrasarían sus efectos positivos.

Se esperan sentir además los frutos de cambios de la reforma tributaria que entró en vigor en 2013 y que ya han ayudado a aumentar la formalización del empleo desde 48% hasta 51%, lo que genera círculos virtuosos de consumo y ahorro.

Con todo lo anterior, la economía está en proceso de aceleración desde mediados de 2013. Creció 5.4% y 4.9% anual en 3Q13 y 4Q13, respectivamente, (mientras creció 2.6% en 1Q13 y 4% en 2Q13) y se espera que para 2014 alcance un crecimiento de 4.3%. La liquidez es abundante y la tasa de referencia del Banco de la República se mantiene en niveles mínimos (3.25%), en ausencia de presiones inflacionarias.

No se deben dejar de lado los riesgos, que, como en todas las economías emergentes, incluye condiciones financieras externas menos favorables por el retiro de los estímulos monetarios en Estados Unidos, el proceso de reestructuración de la economía china y que continúe la masiva salida de flujos financieros.

Lo anterior tiene efectos significativos por la vulnerabilidad externa del país. La dependencia del precio del petróleo es un riesgo latente, pues cerca del 25% de los ingresos del fisco dependen del mismo y este a su vez depende de múltiples factores relacionados con la situación geo-política y el ciclo económico global. El déficit en cuenta corriente en 2013 ascendió a 3.5% del PIB (aunque éste está totalmente financiado por inversión extranjera directa) y es igualmente vulnerable a la volatilidad del precio del crudo.

Por otra parte, la depreciación del peso colombiano es un riesgo, a pesar que la deuda externa del país está en un nivel "manejable" (24% del PIB). Actualmente, el peso se encuentra cercano al promedio de 10 años y ciertos indicadores tempranos sugieren que se estaría estabilizando (desaceleración en las importaciones y repunte, aún incipiente, del sector industrial, que es exportador).

Un último riesgo que cabe la pena mencionar, aunque de menor magnitud, es la situación económica de Venezuela, vecino y socio comercial de Colombia. Hoy, las exportaciones a Venezuela representan 4% del total (proporción que ha bajado en los últimos años) y los pagos de los importadores venezolanos se exigen por adelantado.

Todo esto se enmarca en un año de elecciones presidenciales en que en el escenario más probable el presidente Juan Manuel Santos resultará re-electo y mantendría las políticas económicas actuales.

Por lo pronto, las acciones colombianas han presentado un rebote importante desde principios de febrero, subiendo casi 18% el índice MSCI Colombia; algunos indicadores técnicos ya indican niveles de sobrecompra, lo que podría `gatillar´ una corrección. El sentimiento parece estar mejorando con los recientes datos de actividad publicados, las valorizaciones están más atractivas (en un mercado que en los últimos años ha transado "apretado") y las utilidades tienen momentum.

Las perspectivas de mediano plazo son claramente auspiciosas pero los riesgos no son menores, y menos en un contexto de aversión a los mercados emergentes. Todo depende de si se cumple o no con lo prometido, pero ciertamente que el país se encuentra en mejor pie para afrontar los nuevos desafíos.

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