Las grabaciones de las cámaras de vigilancia pública son espectáculo privado. La televisión y las redes sociales muestran cotidianamente los videos de las cámaras de control policial con los momentos más impactantes de un asalto o los episodios más chuscos de un accidente. Pero que nadie pida la grabación del momento en que le desvalijan su auto de madrugada o le vacían su domicilio a la vista de cualquiera, porque entonces la autoridad encontrará mil pretextos para negarle el acceso a esa información pública. 

Como evidencia de que la videovigilancia es puro show, el canal de televisión de paga A&E estrenó Cam Alert: Captura Exitosa, una serie documental con “escapes, persecuciones y mucha acción”, como describió una ejecutiva del canal entrevistada por Imagen TV. La serie mostrará los arrestos grabados por los equipos policiacos y de videovigilancia del Estado de México, Hidalgo y Sonora. Se trata de un uso faccioso de información pública, de una apropiación privada de recursos públicos para el lucro, el escarnio y el control social. 

“Que (las personas) sepan que las están vigilando. Muchas de ellas creen que no va a pasar nada y pecan de audaces”, dijo la ejecutiva. Infoentretenimiento con todas sus letras: “Se trata de divertirse y tener información”, añadió. El infotainment, por su expresión en inglés, es un género que desvirtúa cualquier producción periodística para convertirla en entretenimiento, vacía de información de calidad y de contenido para la construcción de una mejor ciudadanía. 

El formato de esta “docuserie” no tiene nada de nuevo y coincide con un momento donde las historias de crimen y violencia han aumentado su interés entre las audiencias. Lo mismo en televisión (Netflix: Narcos, Narcos: México, Pablo Escobar, el patrón del mal, Expedientes criminales, Los más buscados del mundo...) que en servicios de audio (Spotify: Crímenes pasionales, Mujeres criminales, El Chapo, Asesinos seriales...).

Si hay sangre, hay público garantizado. Tampoco es un fenómeno nuevo: antes de irnos de pandemia discutíamos sobre la manera en que los pasquines utilizan los crímenes de mujeres para ilustrar sus portadas, con encabezados machistas y misóginos e imágenes denigrantes para aumentar las ventas. Postales de un México amarillista.

Las cámaras de videovigilancia “reproducen la desigualdad social y la segregación del espacio urbano”, advierte el investigador Nelson Arteaga Botello. Foto: Cortesía A&E
Las cámaras de videovigilancia “reproducen la desigualdad social y la segregación del espacio urbano”, advierte el investigador Nelson Arteaga Botello. Foto: Cortesía A&E

La serie de A&E tiene como conductor al presentador de noticias Francisco Zea: cara adusta, porte serio y juicioso. Una estirpe distinta a los verdaderos protagonistas de Cam Alert: los descartables, los parias, los pobres, los únicos que pueblan las cárceles. Estos programas de televisión ningún esfuerzo hacen por encontrar las causas del delito ni por buscar soluciones. Se trata sólo de mostrar los sucesos con el contexto mínimo necesario que capture la atención de la audiencia y la enganche. Como efectos colaterales, se criminaliza a determinado tipo de personas y se imponen controles sociales para el resto de la población, para “los que estamos sueltos”, como dice el jurista Eugenio Raúl Zaffaroni: “Es el poder de vigilancia sobre todos los que integramos la sociedad”.

Tiene más consecuencias: “La videovigilancia genera procesos de clasificación social y espacial que derivan en formas de exclusión de grupos y sectores de población. (Las cámaras de videovigilancia) reproducen la desigualdad social y la segregación del espacio urbano”, ha alertado el investigador mexicano Nelson Arteaga Botello

Corrupción también es la captura de lo público para beneficio privado. Ninguno de los tres estados involucrados en la producción de A&E tiene leyes de videovigilancia ni de protección de datos personales que permitan este tratamiento de la información pública y de la información de carácter personal. Cam Alert no busca fomentar un mejor entendimiento entre ciudadanos que contribuya a la empatía, a la solidaridad y, eventualmente, a una mayor seguridad social. Tampoco produce justicia, sino espectáculo y prejuicios. Y para ello utiliza recursos públicos. Pero es televisión y estamos en México. ¿Por qué debería sorprendernos?

José Soto Galindo

Editor de El Economista en línea

Economicón

Periodista. Desde 2010 edita la versión digital de El Economista en la Ciudad de México. Maestro en Transparencia y Protección de Datos Personales por la Universidad de Guadalajara. Tiene especialización en derecho de las telecomunicaciones y las tecnologías de la información. Su blog personal es Economicón.