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Opinión

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¡Caída de los precios del petróleo!

Bruno Donatello

Cada vez se aleja más la posibilidad de que AMLO pueda ejecutar su sueño de contar con muchos fondos para repartir entre sus clientelas.

No es la primera ocasión en la historia en que una medida de política petrolera por el mayor productor del mundo, a saber, Arabia Saudita, golpea a México como coletazo de cocodrilo. En el año de 1986, cuando de las exportaciones de México, 70% correspondía a petrolíferos y teníamos encima el gran problema de la inmensa deuda heredada del gobierno de López Portillo, esa nación decidió en forma unilateral elevar su plataforma de producción y tumbó al precio en aproximadamente la mitad. El golpe fue terrible para México. Equivalió en monto a que la deuda externa se duplicara.

En estos tiempos, algo parecido ha sucedido y al efecto del coronavirus se ha sumado el de la caída de los petroprecios derivada de la acción que han decidido los sauditas con el apoyo implícito del gobierno del presidente Donald Trump. Aunque entre los blancos a que apunta esa estrategia no se encuentra México, la medida nos golpeará de manera inexorable. Con todo, de seguro menos que a la Venezuela de Maduro, al régimen sirio de Assad y a la Rusia de Putin.

Por fortuna, desde el gobierno de la 4T, se han escuchado voces de prudencia. A principios de esta semana, el subsecretario Gabriel Yorio de la SHCP habló de la conveniencia de “acelerar el ejercicio del gasto público para detonar el crecimiento económico” y mencionó que la posibilidad de reducir el gasto presupuestal se estudiará en abril. Por su parte, el presidente López Obrador aseguró que su gobierno dispone de un fondo de 150,000 millones de pesos “para estabilizar el presupuesto en caso de tener problemas de ingresos”.

De seguro, todas esas acciones en la dirección correcta, pero también insuficientes en su profundidad. Por ejemplo, todavía seguimos sin escuchar la noticia de que se han desmembrado las primeras bandas de los huachicoleros que ordeñan a Pemex. Y, desde luego, lo fundamental que nadie se ha atrevido a decir: en la medida que pasa el tiempo, se profundiza la recesión y se acumulan los problemas, cada vez se aleja más la posibilidad de que  Andrés Manuel López Obrador pueda poner en ejecución su sueño más preciado, acariciado por décadas: el de contar con muchos fondos para repartir en forma generosa entre sus clientelas favoritas, a fin de apuntalar su popularidad, calmar su fuerte sed de redentor generoso y asegurar votaciones ganadoras para los candidatos de Morena.

bdonatello@eleconomista.mx

Columnista

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