He pensado mucho antes de escribir esta colaboración. Quisiera tener una máquina en la que pudiera yo meter mis pensamientos y mis sentimientos, aderezarlos con mi emoción, obturar un botón y que saliera del artilugio un escrito claro y objetivo, contundente, equilibrado, racional y justo, pero no exento de pasión y una dosis de ternura. Como la existencia de un artefacto capaz de efectuar el prodigio que imagino no pasa de ser un sueño guajiro más me vale serenarme y tratar de escribir con objetividad. Han sido varias las ocasiones que me he quedado callado ante este tema que me atañe y me lacera en lo más profundo.

No he querido hacer de esta columna una trinchera de mi combate particular contra el bullying que sufre mi hijo. No ha sido mi deseo delatar a nadie. Sin embargo, la situación ha llegado a términos insoportables. Por ese motivo hago mía la campaña que justamente ayer puso en marcha el Gobierno del Distrito Federal cuyo lema dice: Basta de bullying: no te quedes callado . Lo he pensado, no quiero conmiseración, si acaso solidaridad, no me quedaré callado. Diré nombres, aun en el entendido que será el clásico tu palabra contra la mía . No tengo mayores pruebas.

Tal vez entre los propios estudiantes de la escuela en la que ni gratis debí de haber inscrito a mi hijo haya testigos en su favor que pudieran aportar testimonios de que lo que a continuación usted leerá es cierto.

Por lo pronto, con la cabeza lo más fría posible, haciendo un esfuerzo para no ser irónico trataré de narrar los hechos:

No te quedes callado

Remitiré al lector a lo que publiqué aquí el 3 de abril pasado con motivo del Día Mundial de la Concientización sobre el Autismo:

Mi hijo Emilio de 19 años padece síndrome de Asperger, una modalidad de autismo.

El autismo puede definirse como una serie de trastornos caracterizados por un déficit del desarrollo intelectual que afecta la socialización, la comunicación, la imaginación, el conocimiento, la planificación y la reciprocidad emocional, y evidencia conductas repetitivas, compulsivas, obsesivas e inusuales.

Mi hijo, gracias a la voluntad indomable de su madre y también a su carácter y ganas de querer ser a pesar de sus limitaciones cursa el segundo año de preparatoria. Cursaba, hasta hace dos semanas en que decidimos de común acuerdo mi esposa y yo sacarlo de la escuela: el bullying al que fue sometido se volvió insoportable. A través de uno de sus terapeutas que platicó del tema con él, nos enteramos que sus compañeritos, pinches escuincles cabrones, casi todos mayores de edad, lo hacían sufrir diciéndole que iban a hacer una fiesta y no lo iban a invitar o le ponían condiciones para invitarlo, como decirle alguna grosería a una de las compañeras o cantar el Himno Nacional -que aquí entre nos le sale muy bien porque es muy entonado-. Esto y otras chingaderas le hacían hacer para burlarse de un discapacitado, jovencitos, finísimas personas, orgullo de sus padres que los educaron tan bien.

Habrá notado el lector que la narración la escribí en tiempo pasado. En ese momento, Emilio estaba fuera de la escuela. Días después, nos habló la coordinadora, señorita Angélica Barrera, para decirnos que a dos meses de terminar el ciclo escolar no deberíamos dejar que Emilio perdiera el curso. Nos prometió sensibilizar al grupo sobre la problemática de Emilio, pagamos un mes de colegiatura más y Emilio regresó a la sucursal de la correccional. Esta vez -aparentemente- lo trataron bien: un día le embarraron toda su ropa con chicle y otro le robaron el saco del uniforme.

(Aunque una maestra dijo que era imposible que se lo hubieran robado, lo que pasó es que Emilio lo perdió y el que se lo encontró no se lo devolvió) Maestra, no mame.

El martes, justo en el día que Marcelo Ebrard hizo un llamado para erradicar la violencia escolar, un tal Adrián Soto, dizque compañero de su salón, con el pretexto de acomodarle bien la corbata, se la apretó con mucha fuerza hasta causarle dolor. Este mismo S -va para Zeta que vuela-, el día anterior lo había amenazado con pegarle con una botella de vidrio que Emilio llevaba para el lunch. ¡Eres todo un hombre, Adrián!

Las ganas de Emilio por pertenecer al grupo son tales que ha soportado toda clase de humillaciones, burlas y amenazas de tales badulaques. Con mucho trabajo su terapeuta le sacó los siguientes nombres de los hamponcetes que abusan de su condición: Además de Adrián, Iván Rodrigo, un tal Héctor, Josué Guillermo Merino, Gerardo Soto y Hugo Martínez. Desde ahorita considérense en el Cuadro de Honor, coméntenselo a sus putas madres.

A un tal Juan José Valle Hidalgo, un alumno al que iban a expulsar por deber la colegiatura, le prestamos el dinero con la intención de que al debernos un favor correspondiera protegiendo a Emilio. Lejos de eso no nos ha pagado nada, usó el celular de Emilio para hacer sus llamadas y luego lo cambiaron de plantel.

Doble identidad

Por cierto, el centro escolar palmípedo -léase escuela patito- perteneciente a los hermanos Raymundo y Ricardo Solís Romero tiene doble identidad. No sé por qué usa dos nombres: Escuela Comercial Cámara de Comercio -en esa inscribimos a Emilio- y Escuela Comercial de la Ciudad de México. Los peligrosos hermanos Solís tienen todo un método para atraer alumnos: envían por medio del correo invitaciones con media beca a estudiantes que están por iniciar un curso. Te muestran folletos que te hacen pensar que tienen una escuela de gran calidad. No tardas ni dos meses en darte cuenta que son puro cuento.

Por las condiciones especiales de Emilio preguntamos si a pesar de sus características de autista podría ser admitido. Nos aseguraron que por supuesto que sí. En realidad sólo vieron una colegiatura más. Inicialmente, Emilio iba a la escuela cita en Patriotismo, de la noche a la mañana los directivos de la escuela cambiaron a los alumnos de Patriotismo a Querétaro. La razón, Patriotismo no era negocio. A nosotros nos quedó a la misma distancia de la casa un lugar que otro, por eso soportamos la arbitrariedad.

¿Por qué dejamos a Emilio en semejante escuela chafa? El primer año porque él fue tan macho y tenía tantas ganas de pertenecer a un grupo que se aguanto todas las hijeces de sus dizque compañeros. El segundo, porque nos dimos cuenta que en dicha embarcación -escuela barco- el pago de colegiatura te da el pase automático. Queremos que tenga un certificado de preparatoria para ver si lo reciben en una escuela de música de las buenas.

No obstante que según la señorita Barrera, junto con Lidia Crecencio, la parte humana y comprensible de la escuela, maestros y alumnos iban a ser sensibilizados sobre el padecimiento de Emilio, el profesor de Derecho 1, un tal Carlos Mata Morales, al que desde aquí denuncio a reserva de hacerlo por la vía legal, por estos días y como gota que derramó el vaso de nuestra paciencia le dijo a Emilio: Eres un desobligado, voy a tener que darte unas nalgadas con el cinturón frente a todo el grupo . Por favor, licenciado -según él es abogado- ¿desobligado un autista? ¿Darle de nalgadas con el cinturón? ¿En qué siglo vive usted?

Si esta columna sirve, además de denunciar el bullying en contra de un autista, para evitar que alguien caiga en manos de los delincuentes educacionales Raymundo y Ricardo Solís me doy por bien servido.

Si el lector o la lectora quiere saber más sobre este par de hermanos y la (mala) educación que imparten, lo remito a los siguientes links:

http://www.notecumplieron.com/dotnet/foros/charla.aspx?id=113

http://www.apestan.com/cases/escuela-comercial-camara-de-comercio-ciudad-de-mexico-distrito-federal-mexico 14134.html

En ambas páginas podrá leer y encontrar más links con las denuncias, quejas y lo que [email protected], [email protected] y padres de familia opinan del fraude educativo de los hermanitos Solís Romero. ¡Aguas! ¡No se deje sorprender!