El poder de mercado es la capacidad de una empresa o un grupo de ellas de imponer precios por arriba de un referente de competencia. El poder puede resultar de diversas circunstancias: innovación, protección legal, el comportamiento estratégico, el tamaño del mercado, el acceso a insumos y otros elementos. El poder de mercado solamente surge y se puede preservar si existen barreras a la entrada o expansión de otros competidores.

Las jurisdicciones que aplican política de competencia enfocan su análisis en la existencia y magnitud de las barreras. No obstante, prácticamente ninguna autoridad, y México no es la excepción, cuenta con una definición de lo que son las barreras. Las leyes de competencia se refieren a ellas como cualquier aspecto que inhiba o impida el acceso al mercado. Algunas agencias aportan elementos a través de guías y lineamientos, que dan cierta predictibilidad a su actuación. Sin embargo, prácticamente nadie las define con algún apego a la teoría económica.

La carencia de definiciones rigurosas conlleva a que se produzcan errores. Uno muy común es pensar que la necesidad de realizar inversiones cuantiosas constituye una barrera. Craso error. Un negocio costoso es eso, y lo es para cualquiera que quiera invertir. Prácticamente ninguna teoría económica consideraría que ello es una barrera.

Las autoridades no adoptan una definición porque ello pondría límites a su actuación. En descargo de ellas, podemos decir que la falta de definición también puede estar motivada por la carencia de consenso en la literatura económica. Aunque se suele coincidir en que una barrera es un costo que enfrenta un nuevo competidor, pero no los competidores establecidos, que permite a los últimos vender por arriba de un umbral competitivo. Existen diferencias sustanciales entre escuelas económicas. Por ejemplo, el enfoque clásico de Harvard, representado por Joe Bain, vincula las barreras con la existencia de fuertes economías de escala, que impiden el arribo de nuevos competidores. En cambio, la escuela de Chicago, representada por George Stigler, postula que las economías de escala son una circunstancia que incide por igual en competidores potenciales y establecidos y, por tanto, no deben ser consideradas barreras.

La nueva economía, representada por modelos económicos de plataformas en las que subyacen importantes economías de escala y externalidades de diverso tipo, obliga a reflexionar sobre el tema de las barreras. Para no ir más lejos, pensemos en la Comisión Europea y su batalla contra Google. Grosso modo, la autoridad ha sancionado a la empresa por abusar de su posición dominante derivada de la construcción de un modelo de negocio que le ha permitido explotar economías de escala y que aprovecha la ventaja que le otorga la inmensa base de datos que ha recolectado de sus usuarios. ¿Constituyen estas circunstancias barreras a la entrada? Si Bain viviera, seguramente diría que sí. En cambio, Stigler probablemente diría que no. La autoridad europea ha delineado claramente una ruta que tarde que temprano la llevará a declarar que la base de datos de Google constituye un insumo esencial, reforzado por la faceta exponencial del negocio. La misma discusión se da en algunos foros respecto de Facebook. En ambos casos, los temas de privacidad y el uso y propiedad de la información, aparentemente ajenos a la política de competencia, intensifican la discusión.

El problema es delicado. Una solución mal diseñada o un problema mal diagnosticado pueden llevar a la destrucción de negocios legítimos y a desincentivar la inversión. Por ello es importante reflexionar sobre el significado del concepto de barrera a la entrada en un mundo dominado por la economía digital. De otra manera, ocurrirá lo que pasó con Microsoft hace 20 años, cuando la autoridad norteamericana trató de dividir a la empresa, pero la terca realidad demostró la inviabilidad e irracionalidad de la medida.

*Consultor de Ockham Economic Consulting, especializado en competencia económica y regulación y profesor universitario.

@javiernunezmel