Buena parte de las cosas que nos dan felicidad y bienestar de manera sostenida tienen que ver con renunciar conscientemente a satisfacciones inmediatas en favor de otras mayores en el futuro. Sin embargo, conocer los costos de nuestros excesos y calcular los beneficios de los esfuerzos para alcanzar metas de largo plazo usualmente no basta para controlar nuestros impulsos. Todos hemos experimentado en carne propia los costos que tienen conductas como comer demasiado, gastar demasiado, fumar o beber demasiado, sin que esa experiencia logre detenernos. Al mismo tiempo, conocemos los beneficios que trae esforzarnos para levantarnos temprano, hacer ejercicio, llevar una dieta saludable, dedicar más horas al estudio y ahorrar más sin que ello nos ayude infaliblemente a resistir las tentaciones. Vencer nuestros impulsos requiere mucho más que información y conocimiento, requiere autocontrol.

La capacidad de balancear la gratificación inmediata con nuestras metas de largo plazo es una habilidad que puede desarrollarse y que es clave para el éxito personal, escolar, familiar y profesional de niños y adultos. Posponer la gratificación requiere práctica deliberada. Aunque en esencia se trata de un problema económico, la psicología experimental de vanguardia nos da claves muy valiosas con aplicaciones directas sobre cómo podemos entrenarnos para controlar nuestros impulsos y lograr metas ambiciosas.

Walter Mischel, profesor de Psicología de la Universidad de Columbia, ha dedicado su carrera al estudio del autocontrol. Mischel es el autor del famoso experimento de los años sesenta donde se ofrecía a niños recibir dos o más malvaviscos si podían resistir 15 minutos sin comerse el que les ponían enfrente. Los niños que lograron vencer la tentación mostraron tener a lo largo de su vida mejores resultados en pruebas estandarizadas, mayor logro académico, menor obesidad y mejores resultados en otras medidas de éxito y bienestar personal.

Más de 40 años de investigación relacionada con ese primer experimento apoyan la idea de que el autocontrol puede cultivarse desde la infancia. Esos resultados se incorporan hoy en métodos innovadores que ayudan a padres y maestros a desarrollar en los niños el autocontrol y otras habilidades no cognitivas como la perseverancia, la disciplina y la actitud ante el fracaso. También pueden aplicarse a políticas públicas para moldear comportamientos deseables: desde fomentar el ahorro y el pago oportuno de impuestos hasta el combate de las adicciones y el sobrepeso.

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