Hay dos rubros que no están contemplados en el Tratado de Libre Comercio, entre Canadá, Estados Unidos y México. Lo más adecuado será decir entre estos dos últimos países: las armas de fuego y las drogas. Las armas vienen de Estados Unidos a México y las drogas van de México a Estados Unidos. El intercambio es mortal. La permisividad de los gobiernos mexicanos hacia el trasiego de drogas raya en el cinismo; mientras que la tolerancia de las autoridades gringas hacia el traslado de armamento linda con la hipocresía y, lo que le sigue, el fariseísmo. Trataré de explicarme:

En México sabemos —lo cual no es motivo de orgullo— que nuestras fronteras son filtrables. Esto es que mediante una contribución pecuniaria directamente proporcional al objeto, los elementos o cosas que se quieran pasar de otro país al nuestro —en el caso que nos ocupa del país del Norte—, es posible hacerlo. Los buenos contrabandistas —en todo hay rangos y jerarquías— de la era de la fayuca electrodoméstica tenían como lema: “Si pasa por el puente te lo pongo en tu casa”. El punto es que el tráfico de armas de Estados Unidos a México es una más de las corruptelas existentes en nuestro país que, en general, acostumbrados como estamos a que la vida nacional esté manchada por la podredumbre, no nos causa sorpresa ni su paso por la frontera ni su prolongación a cualquier rincón del territorio nacional. Por esta razón —la proliferación de armamento— México resultó el tercer país del mundo con el mayor número de personas fallecidas por armas de fuego: 15,400 según datos del año 2016.

En cambio, el país vecino del Norte, en la intimidad tan corrupto como el nuestro, y que públicamente, ante el mundo, se maneja con la bandera de la limpieza moral y la integridad democrática, a través de su presidente Donald Trump, ejemplo de machismo y racismo, entre otras vilezas, exige a México que cese el tráfico de drogas con las que se envenena la población estadounidense tan afecta a la evasión y a los paraísos artificiales que producen los estupefacientes; y en correspondencia no pronuncia una sola palabra en contra de la importación clandestina de armas hacia México.

Los datos duros indican que Estados Unidos, el mayor consumidor de drogas en el mundo, durante el año 2016 —últimos datos con los que se cuentan— tuvo 72 mil muertos por sobredosis de narcóticos —poco más de 200 muertos diarios. Cifra superior a los 12,000 que murieron por VIH; a los 40 mil que murieron en accidentes automovilísticos; a los 38,000 fallecidos por armas de fuego; y a las 45,000 vidas que se perdieron por suicidio.

Los gringos en su infinita simulación quieren hacer suponer al mundo que los más de 200 muertos diarios producidos por la intoxicación con drogas son culpa de los mexicanos que introducen los narcóticos a su país. Voy a usar un lenguaje de grueso calibre porque el tema lo amerita. (Castos oídos o, mejor dicho, ojos púdicos, absténganse). Qué chingones somos los mexicanos que no solamente hacemos pendejos a los guardias fronterizos para pasar, por sus narices, toneladas de drogas, anualmente, de nuestro territorio al suyo; sino que además, las pinches agencias norteamericanas que luchan contra los delitos como la DEA, el FBI y la ATF —Agencia de Alcoholes, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos—, se la pelan a los narcos mexicanos que van de estado en estado de la Unión burlándose de ellas, hasta que la mercancía manejada chingonamente por ellos llega a las manos de los narcomenudistas nativos —al servicio de los capos mexicanos— que venden las drogas en las calles de las principales ciudades estadounidenses.

Otra cosa en la que superamos a los norteamericanos es que en México, aunque jamás sean atrapados por la justicia, sabemos que, en la actualidad, los grandes capos del narcotráfico, son Ismael, el Mayo, Zambada y Nemesio, el Mencho, Oseguera. ¿Nos pueden decir los gringos quiénes son los principales capos de las drogas en su territorio? ¿Quiénes son los que venden armas a razón de 250 mil por año, de todo tipo, a los cárteles mexicanos para que entre ellos mismos se extingan y de pasada maten a policías, soldados, marinos y civiles?

Si los capos mexicanos quisieran contribuir mínimamente con la Cuarta Transformación bastaría con que suspendieran durante dos o tres meses el traslado de drogas a Estados Unidos con el fin de que éstas comiencen a escasear. De ser así, en los medios veríamos noticias como las siguientes: en Los Ángeles, California, una pareja matrimonial pide el divorcio y pelean por la custodia de un gramo de cocaína que era lo único que tenían en común. Estudiantes de la carrera de química de la Universidad de Lakeland mueren quemados al intentar fabricar metanfetaminas en su propio laboratorio. En Georgia, madre asesina a su hijo porque éste se fumó lo último de crack que quedaba en la casa. Tercer día sin que sesione el Congreso en Washington, los congresistas tienen el ánimo decaído, algo les falta. Guionistas, directores y actores de Hollywood se niegan a actuar hasta que no se restablezca el contrabando de sustancias entre México y Estados Unidos. “De seguir así las cosas, estamos en manos de México” —informó Mike Pompeo, Secretario de Estado de los Estados Unidos.

Manuel Ajenjo

Escritor y guionista de televisión

El Privilegio de Opinar

Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros.