Bienvenida y de aplausos la propuesta del presidente López Obrador para crear en América Latina y el Caribe algo similar a la Unión Europea.

De lograrse, el presidente de México tendría que estar dispuesto a ceder soberanía y abrir las puertas a injerencias de otros países para la construcción de instituciones comunes.

El presidente AMLO tendría que admitir que un tribunal no mexicano dirima diferencias con los integrantes de la Unión de América Latina y el Caribe (UALC). Propongo que así se llame el mecanismo de integración.

De lograrse, el presidente AMLO tendría que estar dispuesto a renunciar al peso mexicano para crear una moneda común en el entendido que, pese a ser optativo el ingreso en la Unión Europea a la moneda común, México sí lo haría por ser uno de los motores de la UALC. Así lo hicieron los seis fundadores de lo que hoy conocemos como Unión Europea: Francia, Alemania, Italia, Luxemburgo, Bélgica y Países Bajos.

El presidente AMLO tendría que estar dispuesto a que el nuevo Parlamento de América Latina y el Caribe proponga sanciones a la Comisión de América Latina y el Caribe contra países que no son democracias. Por ejemplo, si hoy naciera la Unión de América Latina y el Caribe, la Comisión sancionaría a Cuba, Nicaragua y Venezuela por impedir la competencia entre partidos, por no respetar la independencia de los poderes, por impedir la libertad de expresión y por violar los derechos humanos de la población.

De lograrse el proyecto, el presidente AMLO tendría que admitir resoluciones del Tribunal de América Latina y el Caribe en contra del desarrollo de programas de energía fósil en detrimento del medio ambiente en el entendido de que la UALC tendría como objetivo actuar en beneficio de generaciones futuras, como lo hace la Unión Europea.

De existir la UALC, el presidente AMLO tendría que acatar decisiones del Tribunal de América Latina y el Caribe en, por ejemplo, echar abajo candidaturas ilegítimas como la de Evo Morales en las elecciones de 2019 debido a su desacato al resultado de un referéndum realizado en 2016, que él mismo impulsó, donde una mayoría de los que participaron decidieron que ya no lo querían ver en la boleta electoral.

El presidente AMLO tendría que permitir la injerencia del hipotético Banco Central de América Latina y el Caribe en decisiones de política monetaria. Pensemos en la crisis en Grecia en 2015, el paquete de ayuda no sólo se diseñó en Alemania, sede del Banco Central Europeo, las decisiones del entonces primer ministro Alexis Tsipras fueron conducidas por el Consejo de Europa (Bruselas).

Por fin, buenas noticias. La famosa guerra contra el narcotráfico encontraría economías de escala dentro de la Unión de América Latina y el Caribe. La famosa militarización impulsada por el presidente Felipe Calderón, mantenida por Peña Nieto y reforzada por el presidente López Obrador, por fin terminaría, y el Consejo de América Latina y el Caribe apoyaría la creación de una policía efectiva y no corrupta.

Es muy factible que corrientes de Morena llegaran a invitar a México al primer ministro húngaro Viktor Orbán para que narre sus molestias con la Unión Europea debido a que, la ayuda financiera para mejorar el entorno castigado por la pandemia, podría ser condicionada de continuar con leyes que son incompatibles con el espíritu fundacional de la Unión Europea.

Me temo que el discurso del presidente AMLO fue contruido por vectores entre naif y pragmáticos. El presidente reforzó su mensaje de lo que espera de Estados Unidos: si al comercio, pero no su injerencia en cuestiones políticas. Pragmatismo para que siga el T-MEC, pero sobre todo las remesas. Adiós a la OEA y hola a la UE, aunque no se parezcan en absoluto.

Naif por su comentario sobre la Unión Europea. Tres o cuatro países de AL y el Caribe, hoy, podrían ser miembros.. La mayoría reprobaría, incluyendo a México.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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