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Antiespañolismo suicida
Una visión traumatizante que, además de distorsionar la historia a la par de restarle objetividad, incrementa la polarización de opiniones y poco abona a una visión de solidaridad nacional, es la que se identifica en la conmemoración de la resistencia indígena en su 500 aniversario. Un cúmulo de contradicciones y dudas que deja a un lado la importancia de la contribución española no solo en lo cultural, sino para el crecimiento económico contemporáneo de México y Latinoamérica. Porque mucho más allá de la fobia con tinte nacionalista, está la realidad comprobable por la aportación que el país Ibérico hace a favor del desarrollo por vías de inversión.
En este sentido, hay que considerar el reciente informe que con datos preliminares ha difundido la Secretaría de Economía, mediante el cual podemos ver con modesto optimismo que la pandemia por covid empieza a rezagar sus perniciosos efectos, y permite un breve crecimiento de indicadores como el relativo a la Inversión Extranjera Directa. Es ahí donde, en el comparativo con el primer trimestre del pasado año, México obtuvo un crecimiento del 2.6% en dicho rubro, lo cual bien podría significarse en una permanencia en la confianza de los agentes económicos sobre la marcha de nuestro país. Y no es poca cosa cuando estamos ante la apuesta de 2,620 sociedades con capital extranjero, 17 personas morales extranjeras y 2,199 contratos de fideicomisos. Lo subrayable para el tema que ocupan estas líneas, es que la ahora vilipendiada “madre patria”, aporta un significativo 9.6% del total de la inversión que llega a nuestro país.
Las albricias se deben contener cuando encontramos datos específicos que ponen un marcador rojo en áreas que, de suyo, presentan ya un esquema de riesgo por la política adoptada en el ramo. Ejemplo de esos riesgos es la significativa reducción de la compañía Iberdrola en su inversión para las energías renovables al grado que, en el primer semestre de este año, solo destinó para México cerca de 10 millones de euros, lo que significa el 2.3% de su portafolio. En comparación con el pasado año, donde se le destinaron a nuestro país cerca de 121 millones de euros, estamos ante un recorte de 91% menos. Es previsible que, ante la nueva política en materia de producción energética, la compañía española retire por completo en un futuro próximo lo destinado a sus nueve parques eólicos y sus tres centrales fotovoltaicas.
Cuando la aversión irracional se transforma en políticas dañinas para la inversión, se construye un dique que no concede el flujo de recursos necesarios en una época de astringencia económica grave. La narrativa que ha hecho de las empresas españolas una extensión del coloniaje identificable a su vez con el liberalismo pernicioso para la 4T, nos reduce significativamente las posibilidades de inversiones que serían bálsamo generoso en estos tiempos.
Twitter: @gdeloya

