Durante el segundo debate de candidatos a la Presidencia de la República que organizó el Instituto Nacional Electoral en Tijuana, al abordar la cuestión de la relación con Estados Unidos y el problema migratorio, vimos al candidato del Frente por México, Ricardo Anaya, mostrarse ufano de ofrecer la que él considera la única solución con relación a estos asuntos. Así, por un lado cuestionó el que la administración del presidente Peña haya optado por mantener el diálogo con el gobierno del mandatario Trump, al mismo tiempo que sugirió frenar la cooperación con ese país, incluso en temas de seguridad, para según él enfrentar a Trump.

Al referirse a la cuestión de jóvenes que llegaron a Estados Unidos en calidad de indocumentados en su infancia, conocidos en ese país como dreamers, que son el universo al que se refiere el programa DACA, instrumentado por el presidente Obama en su momento, Anaya pretendió acusar al gobierno del presidente Peña de no haber actuado con firmeza contra los intentos de Trump para deportar dreamers y otros connacionales. Sin embargo, para su mala fortuna, en ese momento era observado en las pantallas por personas verdaderamente involucradas en este tema en Estados Unidos, quienes de inmediato cuestionaron el desconocimiento de Anaya sobre el tema. Entre otras cosas evidenció no conocer con detalle el talante deportador que también tuvo Obama.

En otro de sus lances con respecto a este mismo tema se atrevió a decir que para defender a los dreamers llevaría al gobierno de Estados Unidos ante foros multilaterales. Con ello demostró su ignorancia, o un histrionismo muy a la ligera, pues si hay algo que están padeciendo los organismos multilaterales bajo la administración Trump, es el desdén o desprecio por estos organismos, a los que Trump señala por no servir para defender los intereses de Estados Unidos, pero que se financian con recursos aportados por esa nación, lo que no necesariamente es cierto desde luego. La cuestión es que la eficacia de estos organismos para utilizarlos como instrumentos de presión contra Estados Unidos es mucho menor hoy en día que hace algunos años.

Así que lejos de considerar a Anaya como un candidato que tiene un buen manejo de los temas de la relación bilateral con Estados Unidos y el problema migratorio, los invito a revisar con cuidado y contrastar sus propuestas con fuentes de información serias, lo que permitirá darse cuenta de que Anaya no es más que un charlatán que se ha especializado en combinar hábilmente el debate con el histrionismo, que no es un atributo que debemos buscar en un personaje para que encabece el gobierno de un país, sino experiencia y conocimiento, atributos que sí tiene José Antonio Meade.

La trompicada ruta de Venezuela

Por otro lado, la Cancillería de nuestro país emitió un importante comunicado en el que expresó que “no reconoce la legitimidad del proceso electoral desarrollado en la República Bolivariana de Venezuela que concluyó el pasado 20 de mayo, por no cumplir con los estándares internacionales de un proceso democrático, libre, justo y transparente”. Se trata sin duda de un importante pronunciamiento del gobierno de México que sabemos causará molestia a López Obrador y sus fieles seguidores. Extrañamente, al momento de escribir esta colaboración habían sido cuidadosos de no hacer declaraciones sobre el tema, no vaya a ser que los señalen por apoyar al régimen de Nicolás Maduro. Así se muestran de cuerpo entero, se traicionan a sí mismos y lo que tanto defendieron en su momento respecto a los gobiernos de Chávez y Maduro. Basta recordar la enjundia con la que los senadores vinculados con Morena debatían en tribuna de nuestra Cámara Alta cualquier intento de pronunciamiento contrario al gobierno de Maduro.

*El autor es Senador de la República.

Gerardo Flores Ramírez

Senador de la República

Ímpetu Económico