El jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, organizó en el 2002 una consulta telefónica sobre el segundo piso. En aquella ocasión publiqué el artículo “Consulta popular” que muestra cómo desde hace 17 años hacía ya consultas a modo (El Universal, 26.01.2002). Tomo parte de aquel texto:

“La bondad del mecanismo exige, con todo, que tengan lugar dos procesos que resultan fundamentales: en primer lugar que exista una amplia y extensa comunicación, para que la ciudadanía esté plenamente informada sobre el tema de la consulta (....)”.

“En segundo lugar se requiere que haya una representación significativa de los ciudadanos que participan (...) En los textos constitucionales que dan lugar a la figura del plebiscito o el referéndum está estipulado con precisión las reglas y normas para que éstos sean válidos (...)”.

“En la consulta organizada por el gobierno de la ciudad de México sobre construir un segundo piso en el Viaducto y parte del Periférico, que se realizó el fin de semana pasado, no cumplió ninguno de los dos requisitos mínimos que se exigen en toda consulta (...)”.

“(...) En la consulta telefónica, que de entrada excluye a un importante grupo de la población, se hicieron presentes 80,000 ciudadanos que son menos del 1% del padrón electoral de la Ciudad de México. De esos, el 70 % dijo que sí al segundo piso y el 30 % que no. La realidad es que el 1 % no es representativo de nada. Estos datos adquieren un carácter todavía más absurdo cuando los datos que arrojan las encuestas de opinión realizadas por algunos medios de comunicación, éstas sí representativas, señalan que la mayoría no quería que se hiciera la obra”.

“El cumplimiento de los requisitos mínimos de una consulta popular implica un buen grado de dificultad y por eso mismo hacen que la autoridad no pueda realizarlas, más que en contadas ocasiones. No puede por lo mismo haber consultas populares para decidir sobre cualquier cosa (...)”.

“La autoridad capitalina no quiso hacer una verdadera consulta popular. La intención era sólo legitimar, en la medida que lo pueda hacer el 1 % del padrón electoral, una decisión ya tomada que considera le habrá de traer muy buenos dividendos políticos (...) Las autoridades evaden la discusión. Se escudan en que ya tuvo lugar la consulta y la ciudadanía se decidió por el segundo piso”.

“El gobierno de la ciudad está ampliamente legitimado por los votos. Tiene todo el derecho de tomar los riesgos y decisiones que estime pertinentes (...) Lo que no puede hacer es jugar a la consulta. Es engañarse a sí y también a la ciudadanía. Si la autoridad no está dispuesta a acatar el resultado del juego limpio de una verdadera consulta popular, no la debe hacer, pero a cambio no puede ofrecer remedos. El dar gato por liebre al final siempre se descubre”.

Como se puede ver, las similitudes entre el pasado y el presente son enormes. López Obrador no ha cambiado. Sigue siendo el mismo. Y es claro que nunca hará una consulta de verdad. Sólo le gustan las que él puede manipular. La decisión que se consulta ya está tomada y los resultados siempre se saben de antemano.

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RubénAguilar

Asesor Político

Convicciones

Licenciado en filosofía, maestro en sociología y doctor en ciencias sociales por la Universidad Iberoamericana (Campus Santa Fe, México). Tiene estudios de comunicación en el ITESO (Guadalajara, Jalisco) y de desarrollo institucional en el INODEP (París, Francia). De 1966 a 1979 estuvo en la Compañía de Jesús.