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Opinión

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AMLO y Morena

No es la primera, y seguramente no será la última, vez que alabo la capacidad estratégica de Andrés Manuel López Obrador, también podría hablar de algunos de los errores, pero en esta ocasión no podemos dejar pasar la decisión más importante en la vida de la izquierda de los últimos años, más importante que la definición de su candidatura en el 2011, y trataré de explicarla en un contexto histórico y de prospectiva.

Como bien afirma López Obrador, los tiempos de la política no son los de la historia y él no es un político tradicional, se considera a sí mismo un luchador social, con lo cual tiendo a coincidir. Ha sido el candidato natural de las fuerzas de izquierda en el 2006 y en el 2012, y a pesar de que algunos afirman que en esta ocasión Marcelo Ebrard hubiera logrado mejores resultados, me resisto a pensarlo así, no sólo por la magnífica campaña que hizo, sino porque sus bases de apoyo no sólo pedían, exigían esa candidatura, el resultado, aunque no haya ganado, muestra que la decisión fue correcta.

Como lo afirmé cuando fue electo candidato, el reto a vencer de inicio era moderar las opiniones negativas que se habían acumulado a su alrededor durante cinco años a partir del conflicto poselectoral del 2006 y lo logró, convenció a muchos panistas y a antiguos opositores que él era la mejor opción, motivó a ciudadanos normalmente contrarios a la izquierda para que votaran por él y rebasó claramente al partido en el gobierno, al PAN, ganando el doble de los estados que su candidata, Josefina Vázquez Mota. El número final de votos, a pesar de quedarse a mas de 3 millones abajo del ganador, supera los que había logrado en el 2006, cuando por mucho era el personaje más popular del país; es decir, para quienes quieran ver un fracaso en su campaña, deberían entender el contexto de inicio, las dificultades enfrentadas, la limitada fuerza de los partidos que lo postularon y, simplemente, comparar su imagen poselectoral 2006 y 2012.

Con esos antecedentes, el pasado domingo 9 de septiembre, ante un Zócalo de la ciudad de México repleto de simpatizantes, delineó su futuro y el de su movimiento, Morena, que se puede resumir en dos puntos:

a) Se separa de los partidos que lo postularon a la Presidencia, toma distancia de sus dirigencias, de sus legisladores y de sus gobernantes, les da libertad de acción para hacer acuerdos con el nuevo gobierno o con diferir de él, pero sin la carga de su nombre o de sus posturas.

b) Les pide a sus seguidores no desanimarse ante la resolución del tribunal electoral que determina su derrota en las elecciones, les reitera que el movimiento sigue y que debe establecerse la vía institucional y pacífica para acceder al poder, ésa es tal vez la definición más importante cuando muchos esperaban llamados a tomar calles, instalaciones o a obstaculizar el ejercicio del gobierno, sorprende con una llamada a la civilidad y a la institucionalidad, deja abierta la posibilidad de constituirse en un nuevo partido político (lo que seguramente lograría con facilidad, dados los mas de 2 millones de ciudadanos que sufragaron por él sin haberlo hecho por los partidos de izquierda, lo que denota simpatías personales y no partidistas).

Lo anterior ha tenido muchas lecturas dependiendo de los amores u odios que genera, pero creo que es poco lo que se debe analizar por la claridad de la acción, López Obrador sigue actuando para sí mismo y para los ideales que persigue, está convencido de que el verdadero cambio debe encabezarlo él y su movimiento, y no cree que todos los que hoy ocupan los partidos de izquierda comulguen con sus ideas, rompe con ellos para construir una opción totalmente suya, para no tener que pelear por la dirigencia del PRD, ni tener que justificar lo que hagan sus diputados y gobernantes, se libera de los actos de corrupción, de malos gobiernos, de colaboraciones con otros partidos y con algo que ve venir, posibles alianzas electorales que él desaprobaría. ¿Cómo seguir llamando PRIAN a sus adversarios cuando su partido hace alianza con alguno de ellos en las próximas elecciones locales? (14 al menos en el calendario 2013).

Es inevitable comparar lo ocurrido el 9 de septiembre pasado con lo que pasó en el 2006; en un mitin parecido, en el mismo lugar, ante decenas de miles de simpatizantes, López Obrador preguntó: ¿nos vamos o nos quedamos?, y en ese entonces decidieron ocupar un espacio que obligó al entonces Presidente en funciones a huir para dar el grito de Independencia en Guanajuato y ahí mismo se decidió imponer una banda presidencial legítima un 20 de noviembre, hoy nada de eso ocurrió, las condiciones han cambiado y López Obrador ha aprendido mucho, hizo una gran campaña electoral, está actuando con gran olfato político y aun sus detractores tienen que aceptar que no ha violentado las leyes. Ahora bien, así como siempre estuve seguro de que sería el candidato presidencial de la izquierda en el 2012, hoy no pienso lo mismo para el 2018, creo que está construyendo la fuerza que la izquierda necesita como plataforma para la siguiente elección presidencial, pero que no por ello será el candidato; para entonces habrá varios anotados que no declinarán tan fácilmente y él mismo en su racionalidad política entenderá su liderazgo más allá de una candidatura, aunque para eso faltan ver muchas lluvias.

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